El Padre Eterno, Satanás y Juanito García

Fragmento

Dr. Atl

—Tú ordenas.

—Para principiar, vete enseguida al Monte Sinaí, busca las tablas de la Ley que rompió Moisés, y tráemelas.

Rápido, el As de los pilotos celestiales abrió las alas y todavía no había acabado de extenderlas cuando ellas habían tocado ya las faldas del árido monte terrestre.

La búsqueda no fue larga. En unos instantes encontró las Tablas famosas junto a unas rocas, debajo de un montón de tierra. Estaban hechas pedazos. Las pegó con cemento celestial y volvió con ellas ante su Divina Majestad.

—Aquí están, Señor, exclamó con alegría el Mensajero.

Jehová las cogió, leyó lo que su dedo había escrito hacía cuarenta siglos y vió que había algunos errores de ortografía, y otros que podían llamarse de carácter ideológico, de desconocimiento de la gente a quien iba a imponerse el Código Sagrado, y además notó algunas contradicciones entre el artículo V que dice "no matarás", y las instrucciones verbales que había dado al mismo Moisés, y que ahora recordaba con precisión:

"26 Púsose Moisés a la puerta del real y dijo: Quién es de Jehová júntese conmigo y juntáronse con él todos los hijos de Leví".

"27 y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo: pasad y volved de puerta a puerta por el campo, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo y a su pariente":

"28 y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés".

El Señor vio, que, en efecto, había una contradicción evidente, no sólo entre esta orden y el artículo V del código, sino con otras innumerables órdenes conservadas en los textos sagrados.

A mí me parece que debe disculparse al Señor por esta contradicción porque toda su labor legislativa en el Sinaí la realizó en medio de una columna de fuego, dentro de la cual, naturalmente, hacía mucho calor y, además, el Dios de Israel estaba de un humor de todos los diablos a causa de aquellas disputas inacabables con Moisés, que tenía un carácter irascible y ponía los nervios de punta con su tartamudez.

Así pues, concluyó Jehová en su mente, la negación no antepuesta a la palabra matarás, es un error. Pensó que era indispensable hacer un Código más humano, es decir más en relación con el verdadero modo de ser de los hombres, más bíblico en una palabra.

El Legislador Celeste borró con su Divina Mano el antiguo código mosaico, pulió bien la piedra con la punta de su manto de turquesa, y escribió, es decir, grabó con su dedo, uno nuevo, con menos artículos, pero más razonado. Helo aquí.

I.- Amarás a tu Dios sobre todas las Cosas ya tu prójimo lo odiarás, lo arruinarás, lo engañarás y lo matarás, como lo has hecho hasta ahora.

II.- Por ningún motivo y bajo ningún pretexto formarás hogar, lo que hoy llaman "Home".

III.- Las relaciones sexuales serán regidas de la siguiente manera: entre padres e hijas según el ejemplo de Lot; entre parientes, según las costumbres de mi abuelo Jacob, de su familia y de sus allegados; y entre marido y mujer completamente ajustadas a la conducta de Abraham cuando llegó a Egipto.

IV.- No entrarás a la cantina de don Chón.

V.- Pasarás a cuchillo a todos los fabricantes y poseedores de radios y de teléfonos.

VI.- Harás la guerra, pero antes pedirás permiso al Señor tu Dios que es el Rey de los Ejércitos.

VII.- Las matanzas humanas quedan reglamentadas de acuerdo con los preceptos bíblicos, que son innumerables a este respecto.

VIII.- Quemarás todos los libros existentes y sólo dejarás aquellos donde mi voz resuena, ya sea directamente o a través de mis enviados, desde Noé y Moisés, hasta Carlos Marx y Lenin. y sean las palabras de Mi Pueblo la norma de vuestras costumbres, como lo han sido siempre. Porque en verdad os digo que yo soy Jehová, el Dios de Israel, de Jacob y de León Blum.