Reproducimos la primera parte del texto de Ciudad de Los Cesares num 85, agosto 2009, quitando las referencias que hace a algunas personas o grupos. Pero la filosofía que denuncia el texto es absolutamente cierta: hay una manía de 'tácticas' para el 'éxito' que llevan a muchos grupos de la extrema derecha a pactar con el sionismo, con el enemigo esencial: el Sistema de valores demo-progresistas, sin darse cuenta que la inmigración islámica no es el enemigo principal sino una consecuencia del enemigo esencial: el Capitalismo y el Progresismo democrático.
Este tema ya tuvo gran repercusión cuando en julio de 2007 apareció en Francia en Les Editions de Lore el último libro de G. Faye, La Nouvelle Question Juive, donde se establece la base de ese `pacto con el diablo, condenar el revisionismo, apoyar a Israel y las mentiras 'oficiales', y creer que con ello se tendrá más voz y poder.. ¡Y menos vergüenza!
Y más aun este año con el viaje reverencial de la extrema derecha europea a Jerusalem a rendir pleitesía al sionismo.
Modernizaciones por fortaleza y por debilidad
En general, la esperanza de mejorar mediante renovaciones está justificada allí donde las circunstancias exigen adaptaciones periódicas, como en el campo de la técnica. Por supuesto una modernización técnica puede adquirir un sentido político e histórico, como Karl Popper observa respecto a la electrificación de Lenin o como expresa Heidegger en cuanto a la dinámica del movimiento nacionalsocialista. En ambos casos la modernización surgía desde una situación de poder e intensificaba el sistema.
Renovaciones surgen también desde una posición de relativa debilidad, corno necesarias concesiones ante resistencias tenaces. Allí queda en veremos el éxito de la maniobra. Cuando un sistema decae los gestos modernizadores anticipan su extinción. El partido comunista de la Unión Soviética celebró en 1956 su XX Congreso como una modernización ("des-estalinización), una renovación irresoluta que sólo se impuso en 1985 Glasnot y Perestrojka - y que ya en 1991 aniquiló definitivamente el sistema.
La Iglesia Católica celebró entre 1962 y 1965 el Concilio Vaticano II suponiendo que una astuta adaptación a los nuevos tiempos acallaría críticas, atraería a creyentes de otras confesiones y, en última instancia, aumentaría el propio peso geopolítico. Empero, con aggiornamento, ecumenismo, declaraciones de la libertad religiosa y cambios litúrgicos se obtuvo una debilitación general. Ya desde el pontificado de Wojtila el Vaticano se empeñó en vano por contener los daños: las iglesias quedan vacías, los sacerdotes se extinguen
Ya lo advierte el dicho burlón "Los tiempos son malos pero modernos": nadie puede aclamar modernizaciones porque sí. Aquí y en avalares similares hay que distinguir y examinar antes de aceptar las renovaciones. Ciertas derechas europeas, especialmente las llamadas ultraderechas, ávidas de éxito, quieren modernizar su acción y discurso. Ciertas circunstancias obligan a observar de cerca este proceso.
Confusión en teoría y praxis
En el campo nacional alemán no puede ya disimularse una confusión en la teoría y en la praxis. Librada a un adoctrinamiento tan escaso como asistemático la formación ideológica ha seguido los caprichos del azar, según qué libro, articulo o panfleto haya caído en algún momento propicio en las manos de cada quien.
La multiplicidad de patriotas, nacionalistas, conservadores, socialistas, revolucionarios, neo-derechistas etc. Dentro de un mismo campo, incluso dentro de un mismo grupo, más que certificar exuberancia de ideas delata un relajamiento de disciplina intelectual, una especie de ecumenismo azaroso donde cada cual enarbola su slogan. Afortunadamente los componentes simbólicos producen una compensación parcial: donde la ideología calla, habla la liturgia. La tan criticada fijación en el pasado, con todos sus defectos, ejerce también una función pedagógica: siempre y por doquier actitudes ético-políticas fueron inculcadas a nivel intuitivo mediante el relato de historias. Pareciera que los enemigos de la derecha han comprendido eso mejor que los paladines del aggiornamento.
La confusión práctica acompaña a la teórica. Faltando experiencia política y modelos inspiradores la ultraderecha obra sin reflexión, sea por impulsividad o por costumbre. Sin atender a la demoscopía, sin esclarecimiento del terreno, sus actividades se disparan como esos cohetes del Hamas, a la buena de Dios. Por una cierta ironía la ultraderecha habla demasiado, y encima abiertamente, sobre su estrategia y táctica.
En estas declaraciones se atribuye a la estrategia (apertura a nuevos sectores de! electorado, alianzas con otros grupos, abandono del purismo ideológico, etc.) un valor muy superior al que ameritan las modestas posibilidades del campo nacional. Al igual que en el juego de ajedrez, la estrategia adquiere significado genuino sólo a partir de un nivel ya avanzado, en el que errores tácticos se tornan infrecuentes.
SÍ el amateur, haciendo planes complejos sobre la estructura de peones, deja sus figuras sin protección perderá irremediablemente la partida - para él sólo la táctica decide sobre victoria y derrota. Análogamente, mientras una agrupación carece de peso a nivel nacional, su suerte dependerá predominantemente de su habilidad táctica.
Pero en toda confrontación el éxito depende del ocultamiento. Sobre el modus operandi específico, sea táctico o estratégico, no se comenta nada en público. Goebbels inició el diario Der Angriff con una ocurrencia táctica, pero la gracia estaba en mantenerla en secreto.
Mientras la confrontación perdura no se habla de estrategia y táctica, sencillamente se obra. Quien las expone en público muestra que él mismo no toma muy en serio sus planes. Sea como fuere, todo tipo de desorientación tienta a fuerzas exteriores, que pueden aprovechar la oportunidad para su propio juego.
El callejón sin salida de la ultraderecha
Cada deseo supone una representación. ¿Por qué desearía un ciudadano normal votar por un partido pequeño y relativamente desconocido? No hay razón suficiente.
Esencial para el capitalismo es el control privado de los medios de producción.
Esencial para la democracia parlamentaria es el dominio de los medios de comunicación, esa maquinaria que produce y ordena las representaciones colectivas. Obtener éxitos electorales sin complicidad mediática es lento, costoso o imposible.
Los nacionalistas se encuentran así en un callejón sin salida. Cuando los medios no los ahogan en silencio informan sólo sobre lo negativo. Las manifestaciones quedan neutralizadas si el Estado autoriza manifestaciones contrarias en el mismo sitio. Así, entre un partido alternativo y su potencial electorado se yergue un muro infranqueable.
¿Cómo pueden los nacionalistas franquear esa barrera? Los dirigentes ingenuos, sin mayores ocurrencias, se entregan al ensueño en modo subjuntivo y potencial: "¡Si los medios informaran sobre nosotros de manera objetiva! ¡Si nos invitaran a los Talk-Shows! ¡Si nuestro aspecto fuera aceptable para el ciudadano normal! ¡Si nos emancipáramos de las cuestiones de ayer! Ah, entonces podríamos acceder al Parlamento nacional, tal vez al europeo, incluso salir de la oposición e ingresar en coaliciones gubernamentales..." Soñar no cuesta nada.
El vaciamiento ideológico
El ensueño de la derecha sugiere, como precio del éxito, un aggiornamento político, una debilitación de la ideología y una modificación de la liturgia. Pero, dejando de lado por un momento lealtades trascendentes, emerge la siguiente objeción: Un partido es sólo medio para un fin. En una agrupación política la ideología determina tos fines objetivos, por lo tanto una debilitación del componente ideológico acarrea un desdibujamiento de las finalidades objetivas. Pero allí donde los fines objetivos se diluyen entran a tallar los fines subjetivos, es decir los intereses particulares. Por lo tanto un vaciamiento ideológico de un partido cosmovisional se traduciría en una metamorfosis, convirtiéndolo en un lobby de intereses sectoriales, un club de candidatos in spe.
Incluso un lobby semejante no experimentaría mayor éxito electoral. Un partido marginal, independientemente de la ideología, compite por puestos y prebendas con los partidos establecidos y éstos, a través de su poder mediático, se encargarán de que el intruso no invada sus cotos de caza.
Este tipo de modernización desde la debilidad podría relegarse al desván de los ensueños si no incidieran fuerzas con otros designios. Varias señales inducen a sopesar esta posibilidad