Otro año más se ha conmemorado la heroica muerte de Ion Mota y Vasile Marín, legionarios rumanos de la Guardia de Hierro que acudieron a la llamada al combate contra el bolchevismo para salvar la civilización cristiana en España.
En Majadahonda, donde cayeron y donde se yergue un monumento a su memoria, convocados por la Asociación de Amistad hispano-rumana, más de un centenar de patriotas rumanos y españoles los han recordado con flores, oraciones, cánticos, banderas y discursos.
El monumento, presidido por la Cruz, consta de una columna central en cuya parte más elevada aparecen los nombres de los héroes, “Caídos por Dios, España y Rumanía”, así como la fecha de su gloriosa muerte y el símbolo de la “Guardia de Hierro”, unos barrotes enrejados que simbolizan la determinación de los legionarios rumanos fundados por el Capitán, Cornelio Codreanu, de impedir el avance del bolchevismo que había triunfado en la Revolución Soviética de 1917, apoderándose de Rusia.
Las camisas verdes rumanas y españolas, unidas en un mismo ideal, rinden homenaje a los héroes caídos en combate. La Guardia de Hierro vestía camisa verde. Igualmente lo hacen ahora los militantes de Noua Dreapta, el partido rumano que recoge aquellos ideales, como también el “Partido del Pueblo”. Por su parte, el Movimiento Católico Español y Acción Juvenil Española también tienen camisas verdes y banderas verdes. Es un signo de esperanza primaveral, así como de perennidad en los ideales, tal como los árboles de hojas perennes que dan respaldo a la formación de abanderados.
Las banderas en formación son, de izquierda a derecha:
Movimiento Católico Español, Acción Juvenil Española, Falange, Tradición, Noua Dreapta, Nacional de Rumanía y Noua Dreapta, Partido del Pueblo, Nacional Española de diseño moderno y Nacional Española antigua, Escudo de España sobre fondo blanco y Resistencia Cristiana.
También hicieron formación los camaradas de La Falange. Por su parte, Alianza Nacional también izó dos banderas.
El sacerdote greco-católico rumano posa entre las banderas, como recuerdo del día.
El mismo cura, Padre Visoban, hizo el responso y dijo unas breves palabras en rumano. Tras él, las coronas de flores de los rumanos y la de laurel ofrendada por Fuerza Nueva.
Por su parte, Nicolás Rosca, líder de este grupo rumano, recordó en español que el acto se viene haciendo desde 1947 y que en tiempos fue muy multitudinario, con la asistencia de autoridades del Estado y representación militar. Sin ese apoyo, seguimos realizándolo con fidelidad y constancia.
Rosca recordó también la hermandad hispano rumana, que se remonta al emperador Trajano, español y fundador de Rumanía en la Dacia, el extremo oriental del Imperio Romano. Ambos pueblos latinos han subrayado con el tiempo esta hermandad, con la sangre de estos mártires y con la acogida española a tanto rumanos que hubieron de exiliarse tras la Segunda Guerra Mundial, por causa de la invasión soviética y la consiguiente tiranía comunista que afligió y asoló a Rumanía durante casi 50 años. En ese tiempo, muchos rumanos, comenzando por Horia Sima, el jefe del movimiento legionario rumano, fueron acogidos en España y encontraron en ella una nueva patria.
Intervino también Miguel Menéndez Piñar, que portaba un efusivo saludo de su abuelo Blas Piñar. En su alocución definió la lucha en la que cayeron Ion Mota y Vasile Marín como una lucha entre el bien y el mal, continuación de la que comenzó en lo alto entre ángeles y demonios. Por eso era muy natural que la Legión de San Miguel Arcángel acudiera a la lucha y pagara un tributo de sangre por la Victoria, pues ese es el nombre primigenio de la Guardia de Hierro, que era parte de aquella Legión.
Tras las alocuciones se cantaron el “Cara al sol” y el “Himno de la Legión de San Miguel Arcángel”. Entre los asistentes, Manuel Andrino, Alberto Torresano, Pedro Pablo Peña, Luis Fernández-Villamea y Mari Carmen Alemán, Bernardo Gil Mugarza, Agustín Cebrián y Carlos Batres.
Inusualmente, los Popes Ortodoxos hicieron sus rezos al final, pues llegaron tarde. Con sus clásicos dones, pan, vino y dulces, que al final fueron compartidos por los presentes. El Padre Mirtea hizo las ofrendas y oraciones.
Al final del acto, los saludos, las despedidas y las fotos para el recuerdo. José Luis Corral posa con varios camaradas ante el monumento.
MCE-AJE
