
TRAICIÓN EN EL III REICH
Hace no demasiados meses, saltó a las salas de cine de todo el mundo, otra superproducción “limpia-cráneos” de las que ya estamos acostumbrados.
Esta vez le tocaba el turno a “Valkyria” para hablarnos de lo maravilloso que es traicionar a tu Patria en plena guerra, y tratar de asesinar cobardemente al líder electo de tu pueblo.
Mas no es fin de este artículo el perder el tiempo hablando de las producciones sionistas de Hollywood, si no tratar de hablar un poco de ese auténtico frente anti Nacional Socialista (A la larga se demostró que Anti Europeo realmente), que quizás más allá de los enemigos que se podían ver en el campo de batalla, este en concreto, resultó ser mucho más devastador y difícil de derrotar.
Hay que remontarse al 16 de Abril de 1922, cuando se firma el tratado de colaboración y amistad entre la Unión Soviética y Alemania, conocido por el nombre de “Rapallo”, que en realidad, no era otra cosa que el embrión del sueño de Marx, de una unión entre el potencial industrial germano, y el potencial humano ruso. Es por este motivo que la Alemania Nacional Socialista (caso a aparte el pacto Ribbentrop-Molotov, que es analizado en otro artículo de esta revista) y Adolf Hitler en especial, se negaron siempre a cualquier tipo de colaboración, concesión o amistad (que sería falsa e imposible completamente) entre Alemania y la URSS.
Este pacto, tuvo gran aceptación entre cierto grupo selecto de altos cargos de la Wehrmacht Alemana, así como de políticos de la Social-Democracia y por supuesto del todo poderoso Partido Comunista Alemán (KPD).
El Führer en sus últimos días, probablemente en un ataque de ira debido a las terribles presiones e ineptitud de sus subordinados, estalló diciendo que debería haber fusilado a toda la plana mayor de la Wehrmacht como había hecho Stalin.
La verdad, es que hoy día, y a la luz de los hechos, si hubiese tenido con lo que sustituirlos, habría sido una acertada solución, mas algo impensable dentro de la revolución totalmente pacífica y popular que fue la Nacional Socialista. El Führer siempre defendió al ejército en los primeros años de la llegada al poder, pero no hay que dejar de lado el contexto histórico en el que Hitler alcanzó la cancillería, dentro del que, prácticamente cada 3 meses, Alemania cambiaba de gobierno, siempre con el temor de una guerra civil en el horizonte. El Gobierno de Hitler devolvió rápidamente la estabilidad y la seguridad al pueblo, aupándose en credibilidad con sus innovadoras y prácticas medidas, y ganándose la confianza de los sectores del pueblo que todavía dudaban de ese misterioso partido salido de la nada.
Existían sectores que dentro de la cosmovisión Nacional Socialista, como el ejército, el funcionariado, etc, podrían parecer caducos o superados, pero lejos de formar parte de esta, sencillamente se faltó del tiempo necesario para su reestructuración de acuerdo con los valores Nacional Socialistas. Por ejemplo el NSDAP, solo tenía funcionarios afines a la doctrina NS en suelo del Reich, en un porcentaje inferior al 20%. Teniendo que trabajar mayormente con funcionarios salidos de la reaccionaria república de Weimar. Lo mismo ocurría en el ejército, en el que todo intento de disolución o más bien, de profunda reestructuración, (Estando como estaban las SA´s desarmadas) conllevaría a una guerra civil, con la amenaza Bolchevique cerniéndose en el este.
Es por esto, que dentro del ejército se formó una especie de núcleo de resistencia, añoradores del tratado de Rapallo y de una Bolchevización de Alemania, que fingiendo lealtad al nuevo régimen político salido del pueblo, empezaron a conspirar y a tejer lo que sería la mayor traición del siglo XX.
Todos eran altos cargos, sobretodo generales y jefes de estado mayor, aristócratas de monóculo sin ningún sentido comunitario o social, que observaban con espanto, como en las Waffen SS, (Auténtico ejército Nacional Socialista) se dispensaba el mismo trato entre oficiales y soldados. En el ejército del aire, en la marina de guerra, en artillería, en tropas de tanques.... en todos lados sembraron la discordia y trataron de ganarse nuevos seguidores por medio de mentiras y falsedades... En todos lados excepto en las SS, donde se procesaba una fe fanática en el Führer y en el Nacional Socialismo.
Se dice que el ejército ha de estar siempre supeditado a todo gobierno, sea de la índole que sea, y que este ha de ser apolítico. Mas esto es una falacia.
Lo que hizo a las SS tan combativas, fue su ideal político. Un Soldado de las SS era 50 veces superior a cualquier otro soldado, porque sabía por lo que combatía. Era un idealista, un creador y sobretodo un revolucionario de la nueva Europa... Un soldado regular combatía obedeciendo órdenes, no había en él ninguna llama de un ideal superior que en los peores momentos, soportando fuego de artillería, pasando hambre en la trinchera, o viendo caer a sus compañeros alrededor, iluminaba su corazón y renovaba su espíritu con el calor de la sagrada Swástica.
Así pues, en un ejército falto de toda verdadera lealtad política, más allá de vacuos juramentos, esa naciente quinta columna formó un auténtico frente de combate invisible. Miles y miles de tumbas de alemanes y europeos apuñalados por la espalda, por individuos que llevaban su mismo uniforme, jalonan las estepas y las tundras del este.
Muertos de frío, mal equipados, lanzados a la muerte tras recibir informes falsos, o tras haber sido el enemigo informado de ataques en su sector...
Probablemente esos que hoy día se representan como héroes ante nuestra enferma y moribunda sociedad, son más responsables que las bombas y proyectiles enemigos, de los millones de muertos, soldados o civiles, que sembraron los suelos de Europa.
Fueron varias las células de infiltración que lanzaban su mortal veneno en la retaguardia Alemana. Había una célula de infiltración que operaba en las universidades y otras en las industrias, pero su efecto psicológico era prácticamente nulo, y a menudo eran denunciadas por los propios civiles a los que dirigían su asquerosa propaganda derrotista.
En cambio existía otra dentro del Ministerio de aviación, que sí fue especialmente dañina a lo largo de toda la guerra, y solo descubierta por la Gestapo a finales de esta. Operaban con el nombre secreto de “Capilla Roja” y tenían su sede en la misma Berlín, aunque poseían ramificaciones en Francia y Bélgica.
Utilizaban un radiotransmisor para enviar secretos de todo tipo directamente a Moscú.
Donde estaban situados aeropuertos, de cuantos aviones y de que tipo disponía cada uno, rutas de abastecimiento, proyectos aeronáuticos.... en fin informes de todo tipo eran enviados a la URSS en todo momento y casi diariamente .. llegándose a dar el caso, de que en alguna ocasión, emplearon para estos fines, el transmisor de radio del propio mariscal Herman Göring.
Este núcleo lo formaban unos cien individuos de todas las esferas, entre los que cabe destacar al teniente Harro Shulze-Boysen, al funcionario del Ministerio de Economía Arvid Harnack o al coronel de la Luftwaffe Gehrts.
Había otro círculo de infiltrados, quizás el más terrible de todos y el que entregó la mayor cantidad de falsos informes a los mandos alemanes y mayor número de secretos a los mandos soviéticos.
Se llamaban “Círculo Kreisau”
Su cabeza, al menos la visible, era un medio alemán llamado Rudolf Roessler.
Este, al llegar el Führer al poder, se fingió periodista y se fue con su esposa Olga a Suiza, ayudado por el agente comunista Scavier Schnieper.
Como curiosidad, decir que Stalin se negó los primeros años a creer los informes que Roessler retransmitía a Moscú, pues opinaba que alguien solo podría traicionar a su Patria por dinero, y Roessler lo hacía absolutamente gratis.
Esta célula recibía datos completamente precisos, desde las centrales de comunicaciones del alto mando del ejército alemán, que estaban controladas por el general Friedrich Olbricht, galardonado con la cruz de caballero, y jefe del servicio general del ejército, que actuaba coordinado con el también general Erich Fellgiebel;
Juntos hacían posible que todos los secretos del mando alemán saliesen radiados hacia Moscú, vía Ginebra.
Bajo el mando del leal Reinhard Heydrich, subjefe del servicio secreto, se alcanzó un alto grado de eficacia en 1942, y se descubrieron más de 64 estaciones de espionaje, con sus correspondientes radiotransmisores. Pero Wilhelm Canaris, jefe superior de Heydrich, era traidor y protegía la red de Roessler que era la arteria vital de la infiltración.
Heydrich, al que el Führer calificó como “El hombre con corazón de hierro”, desconfiaba de Canaris desde 1939, y le seguía la pista. Canaris sabía que le vigilaba, y entre ambos se estableció un duelo de astucia. Este temía a Heydrich, fanático Nacional Socialista y absolutamente leal, a la vez que extremadamente inteligente, y probablemente informó al Servicio secreto inglés, con el que tenía estrechos vínculos, de que su posición, claramente ventajosa para los enemigos del Reich, peligraba a causa de causa de ese hombre.
El 27 de mayo, sufre un atentado preparado por el servicio secreto inglés y fallece 8 días después.
Wilhem Canaris estaba a salvo. En 1943, la Gestapo descubría a varios miembros de la red que operaba en Ginebra, incluido al mismo Roessler, pero el servicio secreto suizo, que tenía perfecto conocimiento de las actividades del círculo Kreisau, intervino y “encarceló” en celdas separadas con todo tipo de comodidades a sus integrantes, hasta que los agentes de la Gestapo, hubiesen sido descubiertos y expulsados del país.
Esa era la neutralidad suiza.
Siempre que se habla de toda la chusma traidora alemana, no se olvidan de mencionar que estos eran auténticos patriotas alemanes, que amaban a su país y querían liberarlo del tirano que los gobernaba y bla bla bla.
Ni las “potencias” demócratas dejarían de bombardear Alemania mientras esta no declarase la “rendición incondicional” independientemente de si Hitler vivía o no, y ni los infiltrados del círculo Kreiau pretendían liberar a su país de su líder electo, si no tomar el poder a través de una sangrienta guerra civil y entregarlo automáticamente a la URSS. Las hordas bolheviques no se habrían detenido en Berlín, si no que hubiesen asolado toda Europa antes de la llegada de los Americanos al centro de Alemania.
Magnífico panorama.
La mayor tentativa de golpe de estado que tuvo lugar, fue la operación que da nombre a la película de la que hablamos al inicio del artículo.
El 20 de julio, el coronel Von Stauffenberg, colocaba una bomba en el cuartel general del Führer mientras Alemania se debatía en el este entre vivir en libertad o ser esclavizada por el yugo comunista.
Se supone que tras informar de la muerte del Führer, el batallón Gross Deutschland, con sede en Berlín, y comandada por el general traidor Von Hasse, cercaría la zona de los ministerios y el centro de operaciones de la Gestapo. Le apoyaría Von Helldorf, jefe de la policía de Berlín, y también infiltrado.
Un documento firmado por el mismo Stauffenberg, ordenaba “la captura de todos los jefes de provincia, ministros, gobernadores, presidentes de la policía, altas jerarquías de las SS, Gestapo, de los organismos de propaganda, y de los jefes de distrito, para ser ejecutados antes de 24 horas.”
Así mismo recomendaba la captura inmediata de los campos de concentración, de los que sacarían colaboradores para el nuevo régimen. O sea, toda la escoria de Alemania.
Violadores, comunistas, asesinos… Mayormente lo que habita hoy día en las esferas de cualquier gobierno democrático.
En el colmo de la miseria, se había preparado un comunicado “oficial”, en caso de haber salido victorioso el golpe, donde se informaba: “El Fuhrer, Adolf Hitler, ha muerto. Una pandilla de dirigentes sin escrúpulos del Partido, a quienes no le importaba la lucha en el frente, ha tratado de aprovechar la situación y apuñalar por la espalda al ejército combatiente. En esta hora de supremo peligro, el Gobierno del Reich, en un esfuerzo para mantener la ley y el orden, ha proclamado el estado de emergencia. Al mismo tiempo, me ha sido confiado el alto mando de las fuerzas armadas… El comandante en jefe, Mariscal Von Wietzleben.”
Witezleben siempre había odiado a Hitler, y ya en 1940 intentó capturarlo y matarlo..
¡Estos eran los salvadores de Alemania!
Junto a Stauffenberg y Wietzleben, el golpe de la infiltración fue apoyado por:
El General Ludwig Beck, ex jefe del estado mayor general.
El General Friedrich Olbricht, citado anterior mente como jefe del servicio general.
El Coronel Mertz von Quirnheim, íntimo amigo del anterior.
General Fromm. Jefe del ejército del interior.
El caso de Fromm, roza lo ridículo.
Formó parte desde el principio para asesinar al Führer, pero al enterarse de que no había muerto, le entró pánico y empezó a detener y fusilar a todos sus antiguos camaradas…
Uno de ellos fue el general Beck, al que le permitió que se suicidase…
Este se pegó un tiro pero le temblaba la mano y falló… lo volvió a intentar y solo se hizo una herida leve en la cabeza.. finalmente tuvo que ser rematado por su ayudante..
Deducimos que para Beck, era más fácil asesinar traicionando por la espalda a decenas de miles de jóvenes soldados alemanes que entregaban la vida en el frente…
Finalmente se descubrió su implicación de Fromm en el plan y fue arrestado.
Penoso.
Igualmente falsa, es esa otra versión de que todos los traidores se habían vuelto antinazis con el paso de los años, viendo las barbaridades que supuestamente cometían los malvados nazis, puesto que estos, ya eran traidores desde el principio, desde antes de llegar Hitler al poder incluso, y que lo único que deseaban, era la bolchevización de Alemania.
No queremos olvidarnos de decir, que quizás el mayor traidor de todos, Wilhelm Canaris, fue descubierto a raíz de la bomba de Stauffenberg, y que fue estrangulado hasta morir el 8 de Abril de 1945. Ni siquiera recibió sepultura.
A modo de epílogo, citaremos a otros traidores, que por razones de espacio no hemos podido integrar en el texto.
- General Eduard Wagner. Jefe del servicio de intendencia.
- General Fritz Lindeman. Jefe de municionamiento.
- Max Habberman. Jefe sindical cristiano.
- Eduard Hamm. Subsecretario de Estado.
- Siegfried Wagner. Coronel.
- Von Kluge. Mariscal.
- General Tresckow.
- Stuelpnagel. Comandante de las tropas alemanas en Francia.
- Claus Bonhoeffer. Jefe sindical.
- Walther Crammer. Industrial. Financiaba a los infiltrados.
- Karl Heinz Engelhorn. Teniente coronel del estado mayor.
- Walther Frick. Comerciante.
- Ernest von Harnack. Gobernador.
- Ulrich von Hassel. Embajador en Roma.
- Theodor Haubach. Dirigente Social demócrata.
- Otto Kiep. Cónsul general en New York.
- Julius Leber. Dirigente Social demócrata.
- Bernhard Letterhaus. Jefe de la asociación de trabajadores católicos.
- Wilhelm Leuscher. Dirigente Social demócrata.
- Johanes Popitz. Ministro de finanzas de Prusia.
- General Friedrich von Rabenau.
- Georg Schulze. Teniente coronel del estado mayor.
- Herman Wehrle. Capellán.
- Hjalmar Schacht. Ministro de finanzas del Reich.
Como se puede ver, todos muy obreros, muy socialistas y muy proletarios…
Creemos que quedan muchas cosas en el tintero, pero una vez más carecemos del espacio suficiente, por lo que nos queda solo recomendar, el magnífico libro escrito a este respecto por el señor Salvador Borrego, “Infiltración Mundial”.
