
Un ejemplo de literatura que jamás será publicada hoy en día.. Si fuera sobre italianos, chinos o rumanos no habría problema.
PERSONAJES: Unos cuantos.
DECORACIÓN: comedor confortable y confortante, porque para algo es comedor. Muebles adecuados. Gran ventanal en el foro. Es conveniente que haya alguna puerta.
Al levantarse el telón, en escena REBECA hablando por teléfono. REBECA es una muchacha de unos veinticinco años, y con una nariz así de larga).
REBECA'. -SI, Samuel; mi marido va a marcharse dentro de unos momentos. ¿Qué dices? ¿Eh? ¿Que si a dónde se va a ir es a la calle? ¡Uh, oh, ah! (Riendo). ¡Es gracioso! ¡Muy gracioso! Sí. Se va a ir a la calle. De manera que si continúas adorándome apresúrate a venir y podrás amarme durante la ausencia de Jacob. No dejes de venir, amor mío. Te guardo unas croquetas que han sobrado de la cena. Qué, ¿vendrás? ¡Qué alegría!. Mira, tú te colocarás en la esquina, y cuando Jacob se vaya, yo te echaré una moneda de diez centavos.. Esa será la señal de que puedes subir. ¿Comprendido? ¿Qué? ¿Que si la moneda de diez centavos será de una sola pieza? ¡Oh, oh, oh ! (Riendo) ¡ Muy gracioso! ¡Muy gracioso! ¡Hasta ahora, amor mío! ¡Adiós, Samuel!...
(Cuelga el auricular). ¡Ah, qué feliz me siento! ¡Sí! Me siento tan feliz como si me hallase en Sión un lunes por la tarde. (Por la derecha entre JACOB, marido de REBECA, hombre de unos cuarenta y cinco años).
JACOB.- Me Voy.
RESECA: ¿Te vas?
JACOR.- Sí, me voy a la Sinagoga de la esquina a lucir el sombrero hongo y a cantar unos cuantos salmos, porque, si no, la garganta y el hongo se me estropearan se no usarlos. ¿Me dejas que bese tus rizados cabellos?
REBECA.- ¡Oh, sí! ¡Bésalos Jacob! De algún modo hay que sacarle producto al pelo.
JACOB.- Gracias. (Le besa los cabellos). ¿Sabes lo que estoy pensando, Rebeca?
REBECA.- ¿Qué piensas, Jacob?
JACOB.- Que no tendría ninguna gracia que ahora que yo me voy a la Sinagoga, tú avisases a alguno de mis amigos y me la pegases con él.
REBECA.- Efectivamente, no tendría ninguna gracia..., especialmente para ti.
JACOB.- Y oye, Rebeca, si que tendría gracia que él creyese que yo no sabía nada y que yo estuviese enterado de todo...
REBECA.- Sí que eso tendría gracia, Jacob.
JACOB.- En fin, Rebeca, tengo prisa y me voy. Me esperan los amigos en la Sinagoga para cantar salmos y hablar de finanzas internacionales. Ea, adiós.
REBECA.- Adiós, Jacob.
JACOB.- ¿Me dejas que bese tus rizados cabellos?
REBECA.- Bésalos, Jacob. Ya te he dicho que usarlos es gratis.
JACOB.- Gracias. Adiós (JACOB hace mutis y REBECA le despide desde la, puerta. En seguida va hacia el ventanal).
REBECA.- Ya está Samuel esperando en la esquina. ¡Qué gallardo es!. En cuanto vea salir a Jacob tiraré a la calle la moneda de diez centavos para que Samuel pueda subir a amarme y a comerse las croquetas. ¿Eh?, si, Jacob sale ya... Ya se marcha... (Clamando) ¡Samuel! (Tira a la calle la moneda de diez centavos y luego cierra el ventanal y corre a un espejo a retocarse el peinado para que SAMUEL, cuando suba, la encuentre hermosa y apetecible). Verdaderamente estoy hermosa. No es extraño que todos los amigos de Jacob me hayan declarado su amor. Yo no he aceptado más que el amor de Samuel, esto es lo cierto, pero soy joven y tiempo me queda de aceptar el amor de los demás. ¡Ah, Samuel, Samuel! Hoy te voy a gustar yo más que las croquetas, lo presiento... Pero, ¿qué hará Samuel que no, sube? (Espía por la puerta de la derecha). Es raro... No oigo sus pisadas que siempre resuenan en la escalera... Le aguardaré tocando el piano. (REBECA se sienta ante él piano e interpreta un cantó a Jericó).
DOS HORAS DESPUÉS'
REBECA (levantándose del sillín del Piano). ¡Oh, señor del Sinaí, cómo me extraña, que Samuel no suba! ¿Le habrá ocurrido algo? Jacob va a volver y no tendremos tiempo de adorarnos... ¿Eh? (Escucha por la puerta de la derecha). ¡Si! Ya sube, son sus pisadas. (Por la derecha entra SAMUEL. Tiene unos treinta años y cara de rosquilla).
SAMUEL.- ¡Rebeca! (La abraza).
REBECA.- ¡Samuel! Vete.. ¡Vete en seguida! Jacob va a volver de un momento a otro... Pero, ¿qué te ha ocurrido? ¿Por qué has tardado dos horas y cuarto en subir?
SAMUEL.- Rebeca, la noche está oscura.
REBECA.- SÍ. ¿Y qué?
SAMUEL.- Pues bien. No he podido encontrar, hasta hace un instante, la moneda de diez centavos que me tiraste desde el ventanal.
TELON
