EL SOCIALISMO DE LOS PUEBLOS

Ha sido bastante normal entre algunos nacionalsocialistas de los años 30 e incluso los actuales, confundir el racismo con xenofobia o supremacismo.

Ya este desgraciado tema llevó en los años 30 a separar al pueblo eslavo de la lucha común europea contra el capitalismo y el comunismo, debido a un germanismo supremacista mal entendido de algunos alemanes.

Pero dejando aparte los errores históricos, este tema tiene de cara al futuro una vital importancia debido a la necesidad creciente de responder ante situación de pueblos étnicamente muy diversos que conviven en una misma zona geográfica, ya sea por un historia común de siglos, ya sea por una reciente invasión inmigratoria que ha hecho, o está haciendo imposible su resolución mediante la recuperación del ‘estado inicial’.

Un ejemplo de la primera situación la podemos ver en toda América, ya sea USA o Sudamérica, donde las naciones se componen de una diversidad racial importante, con pueblos indígenas, grupos blancos, población negra, también asiática en USA y un mestizaje en algunas partes muy extendido que ha generado ya un nuevo grupo étnico en sí mismo.

Y en Europa la presencia en los últimos 40 años de una invasión inmigratoria extra europea de cerca de 40 millones de personas, en número creciente tanto por nuevas aportaciones invasoras como por la propia natalidad, hace que sea ya hoy muy utópico (aunque aun posible) un retorno a una situación inicial, pero que en breves décadas será ya imposible.

Por tanto el Nacionalsocialismo debe asumir esas realidades y dar una respuesta a las necesidades de futuro de la gente dentro de nuestros principios ideológicos.

La posición del sistema

Ante todo la posición del sistema, ya sea el capitalismo dominante como el marxismo subyacente en la mentalidad del sistema, es muy clara en este tema: La mundialización de los habitantes, en una mezcla sin identidad, donde los pueblos desaparezcan como tales para convertirse primero en meros ‘ciudadanos de pasaporte’, y al fin en meros consumidores de un sistema económico global.

El marxismo, no tan curiosamente, asume esta misma solución, la igualdad de todos ante un Estado económico global, sin identidades, pero además, habiendo renunciado las izquierdas a combatir el Mercado, la solución mundialista de un Mercado global de consumidores les es perfectamente adecuada… cambiando la palabra ‘consumidor’ por ‘proletarios’. Hoy las izquierdas de mentalización marxista son parte del sistema, e incluso el país comunista más poderoso, China, es hoy la fábrica de mano barata y dominada del capitalismo global.

Así pues el sistema pretende que cada país, cada frontera, no solo pierda su poder decisorio frente a los poderes económicos mundiales (cosa que ya ha conseguido) sino que sueña con que cada trozo ‘nacional’ funda sus pueblos en una masa igualitaria sin características de raza o cultura propias.

Este objetivo, en cambio, no la ha logrado aun por la resistencia individual de los pueblos a mezclarse masivamente de forma voluntaria y a perder sus identidades, y son precisamente los pueblos no blancos los que más valientemente se resisten a ser uniformizados, mientras que las sociedades europeas están sometidas a una ‘vergüenza de sí mismas’ de tal grado que ellas mismas se suicidan, y ‘aborrecen’ su propia identidad tradicional.

En este sentido podemos ver como los pueblos indígenas americanos logran poco a poco ser reconocidos como tales y mantener su autonomía y respeto identitario mucho más que las minorías blancas y los grupos mayoritarios mestizos, que aparecen como ‘la base general’ sin capacidad de ser reconocidos como ‘pueblos’ autónomos. El caso más evidente se ha dado en Bolivia, donde los pueblos indígenas han logrado estatutos de identidad, mientras no se les ha dado a los otros colectivos étnicos.

Por otra parte tanto los demócratas como los marxistas asumen un rabioso, inquisidor y tiránico ‘anti racismo’, que si fuera orientado a perseguir la xenofobia, el odio o persecución entre razas, sería muy comprensible, pero que no es eso, el anti racismo oficial pretende la ‘no existencia’ de las razas, la desaparición de ellas por una igualdad mezclada a la fuerza si es preciso, donde la mera palabra ‘raza’ sea ya peligrosa y despreciable.

Lo curioso es que esta posición, abrumadoramente extendida en los medios de masas europeos y USA, jamás se atreverían a exponerla a los utus o los zulúes, quechuas o judíos, que quedarían horrorizados si se les prohibiera considerarse un pueblo étnico claro y distinto de los otros.

Eso haría pensar que se trata solo de un ataque contra la raza blanca, pero eso es falso, el sistema quiere destruir todas las razas como tales, al menos en su ideología así se expresa, aunque luego los poderes reales del sistema olvidan esta posición para la ‘raza elegida’.

Desgraciadamente poco a poco incluso los pueblos africanos o asiáticos están siendo ‘uniformizados’ en sus culturas y arte, perdiendo en muchos casos su identidad propia. Solo algunos pueblos islámicos se resisten de forma violenta a esa uniformización, a costa de grandes sacrificios.

El mal general

Lo más lamentable es que el enemigo común de todos los pueblos, negros, mestizos, blancos e indígenas es el capitalismo, la explotación apátrida del poder del dinero.

Es completamente absurdo pensar que un pueblo, de cualquier origen étnico, reclame su libertad y autonomía cultural, artística y humana si está en realidad esclavizado absolutamente por el poder económico global. No hay movimientos de liberación de los pueblos sin acabar primero con el capitalismo como sistema.

Dado que las izquierdas han aceptado el sistema como tal, e incluso las más radicales llevan su lucha aparentemente popular solo como un intento de ‘mejorar las condiciones de los más pobres’ pero sin cambiar el sistema, sus ideas esenciales, solo tratan de evitar el riesgo de sublevación general mediante un ‘reparto’ de mínimos a las masas que no tienen nada en algunas zonas de Sudamérica. En USA ni siquiera existe esa rebeldía porque todos los grupos políticos importantes aceptan las bases del sistema. ‘Más sistema para todos’ es lo que se reclama, no un cambio de sistema.

Por tanto la primera conclusión de esta situación es que la unidad de los pueblos en la lucha contra el capitalismo es una prioridad frente a otras consideraciones de identidad, porque sin acabar con el dominio económico, mental, de medios de difusión, de la deuda, ect toda identidad es pura fantasía, ilusión superficial.

De forma que la división xenofóbica entre los pueblos es un elemento no solo erróneo en las ideas sino un gravísimo problema político en la lucha para derribar al sistema capitalista dominante, al perder fuerzas en divisiones y peleas entre grupos étnicos. Vamos a ver los casos más evidentes sobre este problema:

En parte de sudamérica los pueblos no blancos creen que el capitalismo explotador es causado por la raza blanca, y acumulan a menudo un rencor u odio xenofóbico contra las minorías blancas. Esto es debido a que no comprenden el carácter apátrida y anti-racial del capitalismo, que no depende de pueblos sino de una mentalidad de explotación y beneficios máximos. Eso es fácil de ver en África donde los dirigentes negros son tan explotadores, o mucho más a menudo, que los antiguos explotadores colonialistas europeos.

Por otro lado los blancos sudamericanos, imbuidos del sistema, por supuesto se aplican en el negocio y el mercado, siendo a menudo, junto a los judíos, las cabezas visibles de la explotación, Pero cuando llegan al poder elementos de otras etnias el resultado es la misma o mayor explotación, porque es el sistema el que fuerza la explotación por el dinero, no las personas concretas.

En USA pasa algo similar con los negros, que se creen explotados por blancos cuando son explotados blancos y negros por el mismo sistema capitalista.

En ambos casos es completamente cierto que los blancos han asumido en el pasado actitudes no ya xenofóbicas sino brutales con la esclavitud, la opresión y la fuerza bruta. Pero es preciso recordar que ya antes del colonialismo las condiciones de esclavitud y brutalidad eran enormes entre los pueblos indígenas.

Es pues necesario olvidar el pasado de unos y otros, para construir un futuro contra el sistema y en pro de todos los pueblos.

Para colmo la palabra ‘socialismo’ ha sido prostituida hasta el exceso por dos infames deformaciones. Primero por el marxismo práctico, comunista, que demostró en todos los países donde gobernó que el fracaso, la miseria y la pobreza del pueblo es el resultado único que logra, aparte de prohibir la salida de sus poblaciones y reducirlas a un estado de necesidad total. Pero peor aun ha sido la prostitución del socialismo convertido en una mera pantomima del sistema, al servicio del capitalismo, de forma que al oir esta palabra uno puede imaginarse la actual ‘internacional socialista’ de explotadores, banqueros y corruptos políticos.

Un ejemplo de esa influencia nefasta del marxismo la vemos en el sano intento inicial, de origen nacionalista, de Chavez en Venezuela de oponerse al poder imperialista del capital. Pero una vez en el poder, bajo la influencia de marxistas tomaron la vía de ‘repartir los beneficios del petróleo’ en vez de construir una sociedad de trabajo y producción de lo que se necesita.

Repartir sin trabajar es la vía del marxismo a la miseria. Cuando se acaba o no es suficiente lo que hay sobrante para repartir, no se ha creado riqueza ni fuente de trabajo, y la miseria se mantiene.

Si a eso le añadimos que el socialismo se entiende hoy solo como una ‘idea económica’ de mayor igualdad en vez de cómo una forma global de entender la Comunidad sobre el interés de los particulares, no solo en economía sino en todas las facetas de la vida, de manera que exige una participación de todos a favor de los demás miembros de la Comunidad, podemos ver que decir socialismo hoy no es entendido en el sentido Nacionalsocialista.

El error Nacionalsocialista en esta situación

Relegar el socialismo frente a los problemas étnicos es el primer y gran error de muchos nacionalsocialistas. La solución étnica solo es posible si un socialismo revolucionario acaba primero con el sistema materialista global actual.

Muchos grupos blancos siguen hablando de los problemas con los otros grupos raciales (normalmente del tipo de delitos, agresiones personales, etc) en vez de centrarse con los mucho más graves problemas de dominio total de la finanza contra todos.

Estos problemas de orden menor crean en cambio una fuerte xenofobia en muchos casos, que ignoran por su propia esencia la lógica y lo razonable para ir a lo puramente instintivo. Así un ciudadano se escandaliza muchísimo cuando lee que en España el 65% de los robos en las calles con causados por inmigrantes extra-europeos… en cambio no se preocupa cuando miles de millones de euros son robados cada año por la finanza ‘europea’ de guante blanco.

Hoy hay un sentimiento anti islam, por ejemplo, en Europa, debido a los problemas sociales que causan los barrios con exceso de inmigración del Magreb, pero no es el islam el culpable sino la propia política europea de permitir esa invasión incontrolada, fomentada absolutamente por los políticos y la finanza europea.

El supremacismo es el siguiente error para lograr ese socialismo de los pueblos. Hay una tendencia a olvidarse del principio básico del NS sobre el tema racial: amor a todos los pueblos porque su diversidad, su identidad, es la base de la Naturaleza y de la riqueza cultural del mundo. No defendemos las razas por amor a los genes en sí mismos, sino porque la diversidad de pueblos es la base de la riqueza en la Naturaleza y en las culturas.

Por tanto cada pueblo, cada especie natural, sea vegetal o animal, es una riqueza que amamos y deseamos conservar, enfrentándonos a su destrucción por la igualdad forzada y el genocidio global de la diversidad que pretende el Mercado mundial y la democracia igualitaria.

Por tanto, creer una raza superior a otras, así, en general, una superioridad absoluta y global, es ignorar la diversidad y tratar de comparar cosas iguales para medirlas. Las manzanas no son superiores a las margaritas, aunque gusten más para comer las manzanas. Sería una desgracia que no hubiera margaritas aunque no sirvan para comer. Cada pueblo tiene un enorme valor y si bien podemos comparar medias de algunos temas concretos y medibles entre razas, eso no tiene más sentido que la pura estadística, pues el valor de cada pueblo es independiente de cualquier medida.

Otro error al tratar este tema es el excesivo anclaje en las soluciones históricas de los años 30, dado que en ese momento histórico en Alemania no existía ese problema, y para colmo el NS alemán se asentó, sin quererlo, sobre un pangermanismo supremacista previo que fue difícil de eliminar.

Para colmo hemos de recordar que en esos años la Europa democrática capitalista vivía bajo la mentalidad colonialista. El colonialismo es una expresión del capitalismo, de la búsqueda de mercados de materias primas, no del NS, que no tuvo colonias.

Añadamos a ello que el Nacionalsocialismo en sud América fue sustentado básicamente por las minorías alemanas allí asentadas, y muy apartadas de la base popular. Por ello no llegaron a plantearse las consecuencias lógicas de una ideología general sobre las razas, sino que quedaron en una posición de apoyo político a Alemania.

Hacia una solución socialista y popular

Por tanto la situación actual debe ser repensada dentro del Nacionalsocialismo, en base a su ideología esencial de lucha contra todo tipo de explotación económica o cultural, racial o ecológica.

Nuestra lucha debe implicar por tanto superar los odios y rencores entre los pueblos de diversas etnias que cohabitan en una geografía, unirse en lucha contra los explotadores del sistema, pero además aceptar las diferencias y la identidad de cada pueblo, aceptar su desarrollo independiente, sin presiones de unos sobre otros, cada cual según sus tradiciones y modos de vida.

Es pues la idea de una Federación de Pueblos socialistas, ayudándose en la lucha común pero respetando sus identidades étnicas y culturales.

Hemos de dejar bien clara nuestra absoluta oposición al Apatheid tipo sudafricano o israelí, donde la ‘separación’ es una explotación étnica. Em Sudáfrica existía un sistema colonialista explotador de la mayoría negra, no una federación de pueblos. Los Boers intentaron crear esa federación de pueblos, con zonas para cada pueblo, donde en cada zona desde el empresario hasta el último botones era todos blancos, asiáticos o negros. Pero el capitalismo dominante en Sudáfrica estableció un sistema de opresión, donde los negros eran obligados a los trabajos peores y los peores servicios, en una misma ‘población’. Eso es absolutamente contrario al Nacionalsocialismo.

Peor es la infame ocupación israelí, donde no solo se explota y denigra al palestino, sino que se le roba la tierra y se le recluye en campos de refugiados.

Lograr pues superar los errores del sistema junto a los errores colonialistas y supremacistas, eliminar el odio entre pueblos pero a la vez preservar sus identidades y raíz natural, es la gran lucha que el NS debe intentar llevar a las masas de todos los pueblos para unirse en el socialismo y respetarse en la identidad cultural.