
GERMAR RUDOLF, EN ALGÚN LUGAR DE MÉXICO, 21-2-2011
Desde que salí de Inglaterra, a finales de Agosto del año pasado, he guardado silencio, por cual pido perdón y comprensión. Os debo gratitud por vuestro continuo apoyo moral y en algunos casos, también financiero, que es muy importante para mí.
Permitidme narraros mi última odisea, lo que hará comprensible por qué el contacto ha sido tan restringido en los últimos seis meses.
El 31 de Agosto viajé a Latinoamérica, esperando que mi solicitud de residencia legal en los Estados Unidos (carta verde) que había solicitado a finales de 2.009, sería pronto concedida, con lo que podría reunirme con mi esposa y mi hija en los Estados Unidos.
Os lo recuerdo: cuando fui arrestado y expulsado de los Estados Unidos en Noviembre del 2.005, se me prohibió regresar a aquel país durante 5 años. Mi recurso para que esa proscripción fuera revocada fue presentado en el verano de 2.009, pero no ha sido resuelto hasta ahora. Aunque mi solicitud de una carta verde (“green card”) fue diligenciada por el Consulado de los Estados Unidos en Frankfurt (Alemania) el 20 de Abril del 2.010, no fue finalmente atendida a causa de la proscripción, aún vigente. Se me indicó que me pusiera en contacto con el Consulado cuando la proscripción fuera suspendida o hubiera expirado. Como ésta había expirado a mediados de Noviembre del 2.010, viajé hasta el Noroeste de México en espera de una decisión.
Al ponerme en contacto con el Consulado, éste me informó, el 15 de Noviembre del 2.010, de que precisarían cinco días laborables para cursar la petición, tras los cuales se pondrían en contacto conmigo.
Como no recibí noticias suyas tras ocho días laborables, nuevamente solicité una respuesta. A principios de Noviembre del 2.010 se me dijo que se habrá producido un retraso debido a unos cambios de personal. Se excusaron y prometieron solucionar el caso en unos 14 días como máximo.
Al cabo de otras dos semanas continuaba sin noticias del Consulado. Nuevas peticiones continuaron sin respuesta. En consecuencia, la familia Rudolf no pudo pasar las Navidades junta. Yo continuaba sólo en México.
A finales del 2010, al fin el Consulado respondió excusándose de nuevo por el largo retraso, explicando esta ve que el caso era tan complicado que ya no dependía del Consulado de Frankfurt, que ahora estaba en Washington, sujeto a una investigación de seguridad.
Considerando que yo he sido un libro abierto para las autoridades de los Estados Unidos desde que se inició mi caso de asilo en el año 2.000, nada justifica esta amplia “investigación de seguridad”. Después de una cuidadosa consideración y de intensas consultas, decidimos volver a los tribunales. El 31 de Enero del 2.011, cursamos un “Writ of Mandamus” contra el gobierno de los Estados Unidos, pidiendo a un tribunal federal que obligara al gobierno a tomar una decisión. El gobierno tiene 60 días para responder a esta petición, tras la cual, el tribunal desechará el caso por falta de jurisdicción, o tomará una rápida decisión. A finales de Abril o Mayo confiamos en saber más sobre nuestro futuro. En cualquier caso, todo lo que el tribunal puede hacer es obligar al gobierno de los Estados Unidos a tomar una decisión. En el caso de que esto suceda, nos tememos que denieguen mi solicitud por cualquier razón absurda.
Como mi visado de turista en México expirará a finales de Febrero, tendré que salir de este país. Viviré temporalmente con unos amigos en América Central. Si no aparece alguna buena noticia a finales de Abril principios de Mayo, regresaré a Europa. Como se me prohíbe ser un marido para mi esposa y un padre para mi hija, por lo menos seré un padre para mis hijos de mi primer matrimonio regresando temporalmente a Alemania.
Entretanto, mi esposa se prepara moralmente para abandonar permanentemente los Estados Unidos el próximo verano. No puede soportar la tensión de una carrera y criar a nuestra hija y ocuparse del hogar sin ninguna ayuda. Probablemente nos instalaremos permanentemente en Inglaterra si mi esposa consigue un permiso de inmigración. Para ello debo demostrar, según la ley británica, que puedo mantener a mi familia… lo que no puedo hacer actualmente, porque ahora soy, técnicamente, un hombre sin hogar y sin trabajo.
La felicidad marital y familiar sólo es, aparentemente, para los ricos, en Inglaterra. Hace, ahora, más de un año y medio que salí de la cárcel, pero continúo separado de mi esposa y mi hija, sin perspectivas a la vista. Siento como si todavía fuera un preso. (Sin olvidar que sólo la factura de mi abogado para el mes de Enero asciende a 7.701 dólares).
Podéis imaginar como me siento.
Mis mejores saludos,
Germar Rudolf.
