HISTORIA JUDÍA, RELIGIÓN JUDÍA

Por Israel Shahak

La codificación más antigua de la ley talmúdica que sigue conservando una importancia fundamental es la Mishneh Torah escrita por Moisés Maimónides a finales del siglo XII. El código más autorizado, de amplio uso como manual hasta nuestros días, es el Shulhan Arukh, compuesto por R. Yosef Karo a finales del siglo xvi a modo de condensación popular de su mucho más voluminoso Beyt Yosef, que iba dirigido a eruditos más avanzados. El Shulhan Arukh incluye numerosos comentarios; además de comentarios clásicos que datan del siglo xvii, hay un importante comentario del siglo XX, Mishnah Berurah. Por último, la Enciclopedia Talmúdica -una compilación moderna publicada en Israel a partir de los años cincuenta y editada por los principales eruditos rabínicos ortodoxos del país- es un buen compendio de toda la literatura talmúdica.

Asesinato y genocidio

Según la tradición judía, el asesinato de un judío es un delito que merece la pena de muerte y uno de los tres pecados más abyectos (siendo los otros dos la idolatría y el adulterio). Los tribunales religiosos y las autoridades seculares judías están obligados a castigar, incluso más allá de los límites de la administración ordinaria de justicia, a todo aquel que sea culpable de haber asesinado a un judío. Un judío que cause indirectamente la muerte de otro judío es, sin embargo, culpable tan sólo de lo que la ley talmúdica llama un pecado contra «las leyes del cielo», cuyo castigo corresponde sólo a Dios y no a los hombres.

Cuando la víctima es un gentil, las cosas son muy distintas.

Un judío que asesina a un gentil es culpable solamente de un pecado contra las leyes del cielo, pecado que no puede ser castigado por un tribunal (1). Y causar indirectamente la muerte de un gentil no es ningún pecado (2).

De este modo, uno de los dos comentaristas más importantes del Shulban Arukh explica que, cuando se trata de un gentil, «uno no debe alzar la mano para dañarle, pero se le puede dañar indirectamente, por ejemplo quitándole una escalera si se ha caído a una fosa [...] aquí no hay ninguna prohibición, puesto que no se hizo directamente» (3). Señala, sin embargo, que un acto que lleve indirectamente a la muerte de un gentil está prohibido si puede ser causa de que se expanda la hostilidad hacia los judíos (4). Un asesino gentil que por casualidad se encuentre bajo jurisdicción judía ha de ser ejecutado, fuera o no judía su víctima. Sin embargo, si la víctima era gentil y el asesino se convierte al judaísmo, no es castigado (5).

Todo esto tiene una relevancia directa y práctica para lo que ocurre en el Estado de Israel. A pesar de que el código penal del estado no establece ninguna diferencia entre judío y gentil., los que sí lo hacen son los rabinos ortodoxos, que guían a su rebaño siguiendo la Halakbab. Especial importancia revisten los consejos que dan a los soldados religiosos.

Puesto que hasta la menor prohibición contra el asesinato de un gentil sólo tiene validez directa para «los gentiles con los que [los judíos] no estamos en guerra», varios comentaristas rabínicos del pasado extrajeron la lógica conclusión de que en tiempos de guerra se puede, e incluso se debe, matar a todos los gentiles pertenecientes a una población hostil (6). Desde 1973 esta doctrina se está propagando públicamente para orientar a los soldados israelíes religiosos. La primera exhortación oficial de este tipo estaba incluida en un folleto publicado por la Comandancia de la Región Central del Ejército de Israel, cuya zona incluye a Cisjordania. En este folleto, el Capellán Jefe de la Comandancia escribe:

“Cuando nuestras fuerzas se topan con civiles durante una guerra o en plena persecución o en un ataque, siempre que no haya certeza de que esos civiles son incapaces de dañar a nuestras fuerzas, entonces, según la Halakbab, se puede incluso se debe matarlos... Bajo ninguna circunstancia se, debe confiar en un árabe, aun cuando dé la impresión de inocencia”

Carta del soldado Moshe al rabino Shim'on Weiser

«Con la ayuda de Dios, en Su Honor,
Mi querido rabino,

Primero quisiera preguntarle cómo se encuentran usted y su familia. Espero que todo les vaya bien. Yo, gracias a Dios, me encuentro bien. Hace mucho que no le escribo. Por favor discúlpeme. A veces recuerdo el versículo «¿cuándo habré de llegar y aparecer ante Dios?» (7). Espero, aunque no estoy seguro, que pueda ir durante alguno de los permisos. Debo hacerlo.

En una de las discusiones de nuestro grupo, hubo un debate acerca de la «pureza de armas» y discutimos si está o no permitido matar a hombres desarmados -o a mujeres y niños-. ¿O quizá deberíamos vengarnos de los árabes?. Y entonces cada cual respondió según su propio entender. No pude decidir con claridad si a los árabes habría que tratarlos como a los amalekitas, queriendo decir esto que uno tiene permiso para asesinarlos [sic] hasta borrar su recuerdo por completo de debajo de los cielos (8), o si tal vez habría que obrar como en una guerra justa, en la que se mata sólo a los soldados.

Un segundo problema que se me plantea es si se me permite ponerme en peligro dejando que una mujer permanezca con vida. Y es que ha habido casos en que las mujeres tiraban granadas de mano. O también, ¿me está permitido darle agua a un árabe que ha levantado las manos? Porque puede haber razones para temer que sólo quiera engañarme y que me matará, pues han ocurrido cosas así.

Concluyo con un afectuoso saludo al rabino y a toda su familia,
Moshe.»

Respuesta de R. Shim'on Weiser a Moshe

«Con ayuda del cielo. Querido Moshe, Saludos.

Empiezo a escribirte esta tarde aunque sé que no podré terminar la carta hoy, porque estoy muy ocupado y además querría que fuese una carta larga para responder a tus preguntas exhaustivamente, y para ello tendré que copiar aquí algunos dichos de nuestros sabios, de santa memoria, e interpretarlos (9).

Las naciones no judías tienen una costumbre según la cual la guerra tiene sus propias reglas, como las de un juego, como las reglas del fútbol o del baloncesto. Pero, según dicen nuestros sabios, de santa memoria, [...] para nosotros la guerra no es un juego sino una necesidad vital, y éste es el único criterio por el que debemos decidir cómo hacerla.

Por un lado [...] parece que se nos dice que si un judío asesina a un gentil, se le considera un asesino y, salvo por el hecho de que ningún tribunal tiene derecho a castigarle, la gravedad dej.-caso es idéntica a la de cualquier otro asesinato. Pero en otro lugar de estas mismas autoridades [...] nos encontramos con que el rabino Shim'on solía decir: «Al mejor de los gentiles, mátalo; a la mejor de las serpientes, machácale los sesos».

Tal vez quepa argumentar que la expresión «mátalo» del dicho del rabino Shim'on es meramente figurativa y que no debería tomarse literalmente sino entendiendo que significa «oprímelo» o alguna actitud similar, y de esta manera también evitamos una contradicción con las otras autoridades citadas. O uno podría argumentar que este dicho, aunque su intención sea literal, es [meramente] su propia opinión personal, discutida por otros sabios [antes citados]. Pero la auténtica explicación la encontramos en las Tosafot (10). Ahí [...] descubrimos el siguiente comentario sobre la declaración talmúdica de que a los gentiles que se caigan a un pozo no hay que ayudarles a salir, pero que tampoco hay que empujarlos al pozo para que mueran, lo cual significa que ni hay que salvarlos de la muerte ni hay que matarlos directamente. Y las Tosafot dicen lo siguiente: «Y si se pusiera esto en tela de juicio [porque] en otro lugar se ha dicho "Al mejor de los gentiles, mátalo", entonces la respuesta es que este [dicho] está pensado para tiempos de guerra.»[ ...]

Según los comentaristas de las Tosafot, hay que trazar una distinción entre tiempos de guerra y tiempos de paz, de modo que, aunque durante tiempos de paz esté prohibido matar a gentiles, en un caso que ocurra en tiempos de guerra el matarlos es una mitzvah [un imperativo, un deber religioso] [...]

Y ésta es la diferencia entre un judío y un gentil: aunque la regla «Al que venga a matarte, mátale tú antes» tiene validez para un judío, como se dijo en el Tratado Sanhedrin [del Talmud], página 72a, aun así sólo tiene validez para él si hay un fundamento [real] para temer que viene a matarte. Pero esto es lo que se debe suponer por lo general de un gentil en tiempos de guerra, salvo cuando esté muy claro que no tiene ninguna intención maligna. Ésta es la regla de la «pureza de armas» según la Halakhah, y no la concepción extranjera que se acepta hoy en día en el ejército israelí y que ha sido la causa de muchísimas víctimas [judías]. Incluyo aquí un recorte de prensa con el discurso que dio la semana pasada en la Knesset el rabino Kalman Kahana, que muestra de una manera muy verosímil -y también muy dolorosa- cómo esta «pureza de armas» ha causado muertes.

Con esto concluyo, esperando que la extensión de esta carta no te resulte fastidiosa. La cuestión se estaba debatiendo ya al margen de tu carta, pero tu carta me ha llevado a poner todo el asunto por escrito.

Haya paz, contigo y con todos los judíos, y [espero] verte pronto, como dices.
Afectuosamente, Shim'on.»

Notas

1 Maimónides, Mishneh Torah, «Leyes relativas a los asesinos», 2, 11 Enciclopedia Tálmúdica, «Goy».

2 R. Yo'el Sirkis, Bayit Hadash, comentario a Beyt josef, «Yoreh De'ah» 158. Las dos reglas antedichas son válidas incluso si la víctima gentil es ser toshav, esto es, un «extranjero residente» que se ha comprometido ante tres testigos judíos a guardar los «siete preceptos noahídas» (siete leyes bíblicas que el Talmud considera que están dirigidas a los gentiles).

3 R. David Halevi (Polonia, siglo XVII), Turey Zabav acerca de Shulban Arukh, «Yoreh De'ah», 158.

4 Este concepto de «hostilidad» se discutirá más adelante.

5 Enciclopedia talmúdica, «Ger» (=convertido al judaísmo).

6 Por ejemplo, R. Shabbtay Kohen (mediados del siglo XVll). Siftey Kohen acerca de Shulban Arukh, 'Yoreh De'ah, 158: «Pero en tiempos de guerra era costumbre matarlos con las propias manos, pues ha quedado dicho: «Al mejor de los gentiles ¡mátalo!» Siftey Kohen y Turey Zahav (véase nota III) son los dos comentarios clásicos principales sobre el Shulhan Arukh.

(7) Salmos, 42:2.

(8) «Borrarás el recuerdo de Amalek de debajo de los cielos», Deuteronomio, 25:19. Cf. también 1 Samuel, 15:13: «Ahora, vete y castiga a Amalek, consagrándolo al anatema con todo lo que posee, no tengas compasión de él, mata hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos».

9 Evitamos al lector la mayoría de estas referencias y citas, bastante enrevesadas, de fuentes talmúdicas y rabínicas. Indicamos estas omisiones, [.,.]. Las conclusiones del rabino se reproducen en su totalidad.

(10) Las Tosafot (literalmente, Addenda) son un conjunto de escolios al Talmud, de los siglos XI-XIII