
Era septiembre de 2008 cuando Correos de México recuperó su nombre y abandonó el azul-negro y blanco de los uniformes, y el águila copiada del logotipo del “United States Postal Service”.
Correos se presentó con la imagen renovada de una paloma mensajera enmarcada en verde y rosa mexicano.
Y aunque muchos se sintieron ofendidos con la selección de colores, por primera vez en décadas hablaron de los carteros.
El espectáculo que reunió a la gran mayoría de la clase política del país fue montado para que la noticia de la nueva imagen de Correos se difundiera, pero apenas fue la culminación de la primera etapa de un plan diseñado para revivir a una institución con más de 450 años de historia, cuya razón de ser subsiste a pesar del avance de las tecnologías de comunicación.
En poco más de un año de esfuerzos, el decrépito Servicio Postal Mexicano había conseguido avances espectaculares:
· Se puso en marcha un convenio de alto desempeño con el sindicato, para incrementar la productividad en más del 40 por ciento;
· Se amplió la cobertura del servicio a zonas desatendidas por falta de personal de reparto, para lo que se contrataron 2 mil 500 carteros;
· Se renovó el parque vehicular en más del 40 por ciento;
· Se reconstruyeron las principales plantas de procesamiento implantando medidas de seguridad e higiene;
· Se comenzó a operar un nuevo contrato de transporte que redujo el riesgo de que los vehículos fueran usados para traslado de “otros” artículos, que incorporó tecnologías modernas de seguimiento y ahorros por 27 por ciento.
Las medidas adoptadas consiguieron una mejoría palpable. La entrega de casi el 90 por ciento de los envíos entre las principales ciudades se hacía en menos de 7 días; y aunque ridícula, esta meta comparada con los 2 y hasta 3 meses de atraso que eran la norma, fue una revolución.
Además, consciente de que su existencia sólo se justificaba por la labor social principalmente a las zonas más marginadas del país, Correos de México consiguió la donación de terrenos y mano de obra para la construcción de nuevas oficinas en más de 100 municipios desatendidos, destinadas a la apertura de nuevos puntos de atención ciudadana que ofrecieran a sus comunidades telecomunicaciones, tramitación de documentación oficial, banco postal y servicio de remesas.
Pero no consiguió sus metas de ingresos. Si bien en 2007 las ventas alcanzaron 2 mil 539 millones de pesos, con un insignificante incremento de 125 millones respecto al año anterior, para siguiente año no mejoró. Los ingresos fueron de apenas 2 mil 590 millones, lejos, muy lejos de los 3 mil 700 millones previstos. Ahí está el supuesto “faltante de mil millones” alegado por el entonces Secretario.
Fue un grave error proyectar un crecimiento tan agresivo en tan solo un año, aunque en papel se justificara por los contratos en avanzado estado de negociación y la presunción de que 500 millones destinados a pagar por los envíos de las diferentes entidades del Gobierno Federal serían asignados a Correos. Ninguno de los dos supuestos se concretizaron, principalmente por los amarres internos con otras empresas de mensajería, tanto en el sector privado cómo en el público.
Pero el plan de modernización era a 5 años, y ni los más radicales opositores del Gobierno Federal se hubieran atrevido a demeritar los logros que en un año transformaron el espíritu de fracaso en entusiasmo; generando esperanza y orgullo en sus trabajadores.
No obstante, bastó la cizaña de algunos pseudo-servidores públicos para desacreditar los logros alcanzados. En un acto mentiroso, especialmente para quien se precia de ser doctor en economía, el error en la estimación de ingresos fue presentado como “faltante”, acabando de un plumazo con el plan.
La distorsión de la información impuso medidas de reversa, cómo la drástica reducción del presupuesto para 2009 que Correos tuvo que enfrentar con despidos masivos y sin recursos para continuar con el plan de inversión. Entonces, se firmó la sentencia que llevó el plan al fracaso que se vive hasta hoy.
Por lealtad a una institución de 20 mil trabajadores y sus familias en todo el país, que creyeron y que recuperaron la esperanza y el orgullo por el servicio que prestan, debo decir que Correos de México no falló, fallamos los que lo hicimos víctima de las intrigas palaciegas.
