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Los rojos usan niños en marchas violentas

Si a los cuatro años una pobre muchachita ha sido entrenada para insultar, ya podemos imaginar de lo que será capaz a los veinte, envenenada por el odio

Martes, 10 de Febrero de 2009

Escolares de todas las edades, desde cuatro años, fueron utilizados por efemelenistas para armar desórdenes en Cinquera, como informamos en nuestra edición del sábado. El uso de niños como escudos humanos, al frente de manifestaciones, para emporcar paredes y como carne de cañón es parte de las estrategias de los comunistas, lo que se volvió a comprobar el viernes durante la visita del candidato arenero Rodrigo Ávila a Cinquera.

Alumnos de las escuelas del lugar declararon a nuestros reporteros que la directora del instituto y varios profesores los indoctrinan atacando al gobierno y haciendo proselitismo en favor de los rojos, violentando su deber como educadores. Que una muchachita de cuatro años se haya puesto a la cabeza de un grupo para insultar, demuestra la gravedad del problema: en vez de aprender a convivir con otros en la comunidad, a los niños se les inculca odio y antagonismo.

Varios de los niños hicieron "la señal del dedo medio" que el diputado Patán exhibió en la Asamblea Legislativa durante una visita del presidente Saca. El mismo sujeto, como lo denunció el año pasado el Consejo de Seguridad Nacional, anda reclutando jovencitos en la zona de Apopa y Guazapa para entrenarlos en ejercicios militares, en adición a los lavados de cerebro a que les someten. Lo de Cinquera evidencia lo extendido que está en el país despertar el odio y la violencia entre los jóvenes.

El proselitismo de los comunistas se basa en generar rivalidades, odio, resentimientos de clase, desconfianza y hostilidad hacia todo lo que representa trabajo, buenas costumbres, moral y el orden normal de las sociedades libres. En los desórdenes de Cinquera se acusaba al gobierno de todos los males y frustraciones que pueda alguien tener, sin que se mencionara la destrucción perpetrada por la guerrilla a lo largo de dos décadas y el costo de reconstruir el país. Como todos saben, se incita a la lucha de clases y al mismo tiempo se ofrecen paraísos, tarea en la que participa Funes, que no vaciló en tener a su lado a uno de los individuos del más negro historial que puede darse, lo que recogen las crónicas de Geovani Galeas.

Imaginemos lo que será a los veinte años

Los sucesos de Cinquera deben hacer pensar a todos los padres de familia del país en lo que sucedería con sus hijos e hijas si los comunistas llegaran al poder con Funes como máscara pero con su vice y los más radicales en control. Como dicen muchos, es gente cuyas manos están más manchadas de rojo que sus banderas.

¿Cuál es la práctica y el historial de los niños y jovencitos en un Estado totalitario? En Cuba, en la Alemania nazi, en la Unión Soviética y en todo régimen socialista en poder de radicales, los niños son la carne de cañón pero además tienen la tarea de vigilar y reportar lo que hacen y dicen sus padres, sus familiares, sus hermanos: se convierten en informadores, espías dentro de los hogares y en las barriadas. En algunos domina el amor por los padres, en otros los indoctrinamientos y el odio. Nadie podría estar seguro de lo que sus hijos piensan y harían. Si a los cuatro años una pobre muchachita ha sido entrenada para insultar, ya podemos imaginar de lo que será capaz a los veinte, envenenada por el odio.

Cuba, 50 años de criminal dictadura

Adolfo Rivera Caro*

Viernes, 6 de Febrero de 2009

Casi todo el mundo ha estado recordando que hace 50 años Fidel Castro entronizó una dictadura en Cuba. El término dictadura es indiscutible. Nadie cree que un gobierno puede mantenerse democráticamente en el poder durante medio siglo. Y eso significa que la revolución de Castro le ha robado al pueblo cubano su capacidad de elección. En efecto, todo el mundo sabe que cualquier grupo opositor, por pequeño que sea, es ferozmente perseguido y reprimido.

En el vasto Gulag cubano (¡más de 500 cárceles!) se están pudriendo en vida centenares de hombres y mujeres, cuyo único delito ha sido oponerse pacíficamente al comunismo y defender los derechos humanos.

¿Qué significa para un pueblo verse bajo un gobierno al que no puede desalojar del poder? Verse bajo un régimen que desprecia sus necesidades e ignora sus demandas. Cuba se ha convertido en una nación arruinada tanto física como espiritualmente. Cualquier persona, mínimamente objetiva, sólo tiene que revisar la evaluación que hacían de la Cuba anterior a Castro organizaciones internacionales como la Unesco.

Cuba, aunque subdesarrollada, era uno de los países más prósperos del continente. Hoy es uno de los más pobres.

La Habana, una de las capitales más bellas y atractivas del hemisferio, es hoy una ciudad en ruinas. Miles de personas viven en edificios a punto de derrumbarse. En toda Cuba son extremadamente difíciles de conseguir productos agrícolas que rebosan los mercados de Haití y de Paraguay. La única aspiración de la juventud cubana es irse. ¿Alguien lo duda? Vayan a Cuba. Pero vayan a Cuba como personas interesadas en averiguar la realidad del país, no como invitados de lujo, con todos los gastos pagados. Gastos pagados con el dinero que la dictadura le roba a un pueblo oprimido y famélico. A cualquier persona con una sombra de conciencia moral le debían ser insoportables esos banquetes a costas de un pueblo hambreado. Lamentablemente, ninguno de esos centenares de invitados a festejar el extraordinario triunfo de los hermanos Castro parece tener escrúpulos morales.

Dada la realidad de Cuba, ¿qué se puede admirar de Fidel Castro? En el fondo, lo único que le envidian es haberse mantenido 50 años en el poder. Mientras más admiración por Castro, más indiferencia y más desprecio por el pueblo cubano. Simpatizar con la dictadura castrista carece de cualquier otro significado. ¿Elogiar la salud pública en un pueblo desnutrido, donde las epidemias --como la de neuropatía óptica, entre otras-- son ignoradas por la prensa? Donde las farmacias carecen hasta de aspirinas. Dónde no hay sábanas limpias en los hospitales. Elogian la educación donde la mayor aspiración de los graduados universitarios es trabajar como taxistas u ofreciéndole cualquier servicio a los turistas, incluyendo servicios sexuales, para conseguir algunos dólares.

Hoy, 50 años después de la revolución comunista, en Cuba no sólo hay más prostitución que nunca hubo, sino que ha surgido toda una generalizada cultura de la misma, desoladora e inconcebible para las viejas generaciones.

De lo que sí nos sentirnos orgullosos es que siempre ha habido cubanos dispuestos a luchar contra esa espantosa y criminal dictadura.

*Analista político y columnista de El Nuevo Herald. © www.aipenet.com

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