
CONTRA LA VIVISECCION: TORTURA DE LOS ANIMALES
"Las mentes más profundas de todos los tiempos han sentido compasión por los
animales."
Friedrich Nietzsche
Uno de los muchos temas olvidados y casi tabú en nuestros días es el maltrato y
asesinato sistemático de animales, esto es, la vivisección.
Crueles investigadores torturan psíquica y físicamente a animales en el curso de
innumerables experimentos que son llevados a cabo en laboratorios a lo largo y ancho del
mundo, hasta el punto de que llegan a morir nada menos que medio millón de animales cada
día, por la sádica curiosidad de averiguar cuánto tardan en morir si se les aplica tal
o cual tortura, o para ver cómo reaccionan a tales shocks, venenos, traumas,
mutilaciones, etc, esperando que de tales experimentos puedan extraerse conclusiones
válidas y aplicables para el hombre. Por supuesto, la mayoría de las veces ni siquiera
son anestesiados.
Los animales que tan útiles nos son y han sido siempre desde tiempos ancestrales de otras
formas, que tantas veces han ayudado a los humanos a salvar la vida, reciben así el
agradecimiento de nuestros gobernantes y parlamentos en todos los países del mundo, sin
que ni siquiera su dolor haya servido a sus torturadores para aportar dato alguno de
relevancia a la medicina.
Eduard Diógene, farmacéutico del Hospital Universitario catalán de la Vall d'Hebró,
nos advierte: "Los estudios toxicológicos con animales de experimentación son
pruebas legales de obligado cumplimiento en todos los países, a pesar de que no pueden
hacerse extrapolaciones directas a los humanos porque su valor predictivo es muy bajo. Por
ejemplo, la prueba DL50 es inútil." Carl Jung también observó que durante su
educación médica en la Universidad de Basilea encontró la vivisección horriblemente
bárbara y, sobre todo, innecesaria.
Escribía el presidente de la Liga Internacional de Médicos por la Abolición de la
Vivisección, Dr. Vernon Coleman: "Hace muchos años que me opongo a la vivisección;
no sólo porque es increíblemente bárbara e imperdonablemente cruel, sino también
porque resulta inútil, estéril, inadecuada, carente de resultados formativos y
peligrosamente engañosa."
Pero infligir dolor a los animales es una costumbre milenaria. Desde tiempos inmemoriales,
algunos pueblos gusta de sacrificar reses de la manera más horrenda y dolorosa; les abren
la garganta con un cuchillo y luego esperan a que en medio de espantosos sufrimientos
mueran desangrándose. En la actualidad hay, aparte de esos modos 'rituales' de matanza,
otros grupos de amantes del derramamiento de sangre, como los fanáticos de las peleas de
perros, algunos cazadores y los que disfrutan con las corridas de toros.
Las religiones también han tenido un papel activo en lo que respecta al trato para con
los animales y la vivisección. Con el puritanismo religioso de diversos cultos de no
profanar cadáveres, ni siquiera los de indeseables delincuentes y asesinos, se prohibió
la experimentación con estos cuerpos y se favoreció en cambio la experimentación con
animales vivos, muchísimo menos fiable que aquélla, contra lo que pudiera parecer.
Por el contrario, las creencias reencarnacionistas de ciertas religiones han hecho que sus
prosélitos amen a los animales como si fueran casi un alter ego, porque cuando ven una
rata o un pájaro saben que puede tratarse de la reencarnación de algún ser querido
muerto o simplemente de una buena persona. Los hombres de la Iglesia han estado, por su
parte, divididos en dos posturas: los que decían que los animales también eran criaturas
de Dios (con San Francisco como ejemplo máximo), y los antropocentristas que se creían
con derecho a tratarlos como objetos ya que la especie humana es la Reina de la Creación
y los animales no tienen alma (!). Razón de más, pues si no tendrían alma, al estar
privados de esta forma de la vida eterna, habría que procurar hacerlos felices en la
terrenal.
Idéntica es la incoherencia de los argumentos que los defensores de la vivisección
esgrimen. Nos dicen que los animales en realidad no sufren porque carecen de sensibilidad,
que son como las máquinas, y a la vez nos dicen que estos experimentos sirven para
extraer a partir de las reacciones de su sistema nervioso conclusiones aplicables al
sistema nervioso de humano. Con esto, no sólo están admitiendo que sí tienen
sensibilidad, sino que además van más allá y quieren hacernos creer que todas las
especies son iguales, y que lo que es válido para una también lo es para las demás.
Las teorías en las que pretenden ampararse los vivisectores según las cuales los
animales no tienen inteligencia ni sentimientos caen por sí solas. De hecho, incluso la
experimentación misma con animales ha derribado sus mitos. De las pocas cosas que se ha
podido sacar en limpio con esta práctica criminal, es que algunos animales, antes de
verse sometidos al enorme dolor que les causan con estas pruebas, prefieren suicidarse si
se les presenta la ocasión. Así como también ha quedado demostrado que es posible morir
únicamente de dolor. Y, tal como dice Joaquín Bochaca en su magistral obra sobre la
experimentación y maltrato a los animales La vivisección; crimen inútil
(Ediciones Nothung): "Precisamente la excusa de los vivisectores para justificar su
conducta hacia los animales consiste en proclamar que éstos no tienen sensibilidad ni
inteligencia. Si tales vivisectores y sus apólogos tuvieran algo, no ya de sensibilidad e
inteligencia, sino simplemente de sentido común, se darían cumplida cuenta del
contrasentido en que incurren cuando, por una parte, comparan las reacciones
fisiológicas, psicológicas y nerviosas de los animales con las del hombre, y por otra
pretenden que ellos pueden hacer con los animales lo que les plazca porque los animales no
sufren." (p. 13)
Por otra parte, cualquier persona que haya disfrutado alguna vez de la compañía de
algún animal, sin duda habrá visto infinidad de ejemplos de algo que no tiene otro
nombre más que inteligencia. Es más, gracias a la observación, que frente al fracaso de
la vivisección ésta sí ha dado grandes frutos, se ha podido constatar que todas las
especies, razas e individuos poseen distintos grados de inteligencia. ¿Cabe prueba más
irrefutable de que, efectivamente, sí poseen inteligencia?
Asimismo, la propia vivisección ha demolido también el mito de la igualdad. Como dijo el
doctor Kenneth Starr, doctor de la Unidad Especial para la investigación y el Tratamiento
del Cáncer de Australia: "No es posible aplicar a la especie humana información
experimental derivada de la inoculación del cáncer en animales". Pues bien, el
cáncer lleva dos siglos de historia torturando incontables millones de animales para
demostrar continuamente la inutilidad de ese proceder.
Y como con el cáncer, lo mismo ocurre con las demás enfermedades. Una misma enfermedad
puede tener características diferentes en cada especie. Lo que en unas especies produce
ciertas reacciones, en otras es inocuo; lo que es mortal para unas, para otras no lo es en
absoluto. ¡Incluso se llega al extremo de que lo que cura cierta enfermedad en unas
especies, en otras provoca esa misma enfermedad a los individuos sanos! Y muchas veces,
aún cuando la vacuna o antídoto sea efectivo contra la enfermedad para la que está
destinado, provoca otros males aún peores, los famosos efectos secundarios, cuya magnitud
difícilmente puede ser previsible. Y esto sucede no sólo entre las especies, sino
también entre las razas de cada una de las especies. Y, ya en menor medida, tampoco los
individuos responden igual ante las mismas enfermedades o vacunas. Siempre es emocionante
recordar preciosos ejemplos de valor y altruismo a lo largo de la historia europea en que
muchos médicos importantes experimentaban sus vacunas en sí mismos.
De esta forma, la vivisección, a lo largo del tiempo, se ha cobrado (aparte de los
innumerables millones de animales sacrificados para nada) cientos de miles de vidas
humanas por haber sido colocados en el mercado medicamentos que eran efectivos en alguna
otra especie animal, pero que resultaron nocivos para la nuestra. El cloramfenicol, el
isoproterenol, el paracetamol, la metaqualona, el orabilex, etc., medicamentos que se
suponía que curaban enfermedades no necesariamente importantes o dolorosas, han causado,
aparte de todas estas muertes, importantes daños y secuelas, presumiblemente heredables,
peores que los síntomas de la enfermedad que curaron o no curaron. El profesor
Fickentcher, del Instituto Farmacológico de la Universidad de Bonn, dice:
"Normalmente, los experimentos en animales no sólo fallan en su intento de
contribuir a la seguridad de los fármacos, sino que tienen el efecto contrario."
La vivisección también ha podido cobrarse la vida de otros tantos cientos de miles y
millones de humanos de la forma inversa. Vacunas importantísimas estuvieron a punto de
perderse y muchas que se habrán perdido o habrá sido retrasado su descubrimiento (como,
de facto, sucedió con algo tan elemental como la anestesia) porque, aunque sean efectivas
para el ser humano, no lo son para los animales en que se experimentaron. En el caso de la
Penicilina, su eficacia se descubrió porque en lugar de probarse en el tipo de ratas
habitual para tales experimentos, en las cuales la vacuna no habría sido efectiva, se
probó en otro tipo de ratas en que sí dio resultado.
Pero la tesis de la citada obra de J. Bochaca va mucho más allá, desmonta el entramado
que se esconde detrás de la actual industria de la medicina, que motiva el aumento de
enfermos y enfermedades, el deterioro y rebajamiento de la calidad y la salud humana
relacionado con la eliminación de la segregación de los bancos de sangre por criterios
raciales, la prohibición de algunos medicamentos inocuos y hasta efectivos como el
Laetrile (y posiblemente también el Bio-Bac, por citar un ejemplo de actualidad), y el
retraso, de años y décadas, en retirar del mercado a otros nocivos pero más caros. De
hecho, hay muchos medicamentos que se siguen recetando y que se sospecha que son
cancerígenos. Tal como escriben los doctores Herbert y Margot Stiller,
"prácticamente ningún experimento con animales se basa en una base científica, ya
que no poseen validez o fiabilidad. Son una especie de coartada para las compañías
farmacéuticas, las cuales esperan protegerse de este modo."
Pero sobretodo: incluso con 'utilidad', el dolor y la tortura no pueden ser usados tan
alegremente incluso si son 'útiles' para el hombre. es además de un tema de utilidad, un
tema de ética y estilo.
También se ocupa de los antibióticos y del abuso que de ellos se hace. Tal abuso trae
consigo consecuencias desastrosas, como, por ejemplo, el debilitamiento de nuestro propio
sistema inmunológico, cual músculo que se atrofia por falta de uso, y, además, el
fortalecimiento por mutación de bacterias causantes de diversas enfermedades, que a su
vez ocasiona el resurgimiento de algunas de ellas y agravamiento de otras poco importantes
que habrían desaparecido por sí solas. A la larga matan más gente de la que curan;
pero, por desgracia, las masas no son capaces de asociar más hechos que los que se
suceden a corto plazo. Y los medios de comunicación nunca llevan la contraria al poderoso
lobby del dolor, sumiendo en el completo silencio a sus retractores y en la mayor
ignorancia a la sociedad.
¿Quién está detrás de todo ello? La respuesta no es simplemente lo más visible. Hemos
de pagar millones, millones y más millones de euros en nuestros impuestos, tanto el
ciudadano desconocedor de esta industria del dolor como los que la repudiamos, para
sufragar los gastos de estos inquietos científicos.
Sin embargo, los investigadores son sólo los instrumentos de
quienes manejan el negocio, y éstos a su vez están sujetos a una instancia aun superior.
En toda la Historia, solamente ha habido un gobierno que ha prohibido la práctica de la
vivisección (ya sea con o sin anestesia): el Reich nacionalsocialista de Adolf Hitler. De
hecho, muchos de los dirigentes nazis, entre ellos Hitler, eran vegetarianos éticos, al
igual que algunos de sus precursores ideológicos, como el compositor y escritor Richard
Wagner.
Un famoso autor ecologista francés, Luc Ferry, de ideología liberal, autor de El
nuevo orden ecológico (Tusquets Editores, 1994), montó un gran revuelo hace unos
años con su libro por dedicarle un capítulo a la Ecología del régimen de Hitler. Ferry
es un profundo anti-nazi, pero admite que las leyes más protectoras con la Naturaleza son
las del nazismo. De hecho, tras recibir el poder, Hitler ordenó inmediatamente la
elaboración de una ley de tales características, convirtiéndose su régimen en el
único gobierno que ha prohibido la vivisección en toda la Historia mundial, práctica
que se volvió a retomar en Alemania tras la ocupación en 1945 por las potencias
capitalistas y marxistas.
La ecología nazi tiene doble mérito, ya que no sólo es la mejor y más firme que ha
existido, sino que además se llevó a la práctica en una época en la que nadie hablaba
de protección a la naturaleza y cuando era totalmente desconocida la misma palabra
"ecología". Recordemos que el movimiento ecologista surge en la década de los
60, sin que llegue a cobrar fuerza significativa hasta los años 80.
Otro famoso autor ecologista, Levy-Strauss, también anti-nazi, dice abiertamente que los
nacionalsocialistas fueron los primeros ecologistas. De no ser el nacionalsocialismo una
ideología maldita por los medios de masas, no existirían infinidad de tabúes entre los
que se cuenta éste, y Hitler, así como Goering, Darré, Frick, Hess y demás dirigentes
nazis, habrían pasado a la historia como tales.
En España la ecología fue impulsada por la relativamente famosa organización nazi
CEDADE (Círculo Español De Amigos De Europa), nacida en 1966. CEDADE dedicó artículos
a los incendios provocados, a la lluvia ácida y reclamó la protección de las ballenas.
En el caso de Joaquín Bochaca, sí estamos ante un escritor nazi. Y por lo tanto, su obra
no es nada fácil de conseguir. Él, por su parte, escribe sobre el tema: "En la
Alemania nacionalsocialista, la salud pública alcanzó unos grados a los que no había
llegado antes ni llegó después. (...) Y estos resultados se lograron sin recurrir a la
Vivisección."
Y, efectivamente, no es casualidad que en la Alemania Nacional Socialista hubiese tal
salubridad. Algunos argumentarán que ello se debió a las medidas eugenésicas que
tomaron los nazis para el pueblo alemán. Y claro que gran parte de su salud se debió a
ellas, pero tengamos en cuenta que hablamos de sólo 12 años en el poder, ni siquiera una
generación entera. No es tiempo suficiente para explicar tan abismal diferencia por sí
solo, tuvo que haber más factores. Sin duda, la prohibición de la vivisección fue uno
de ellos.
No es de extrañar tampoco encontrarnos con datos tan apabullantes como que en Alemania,
desde la desaparición del Tercer Reich, en sólo 25 años haya aumentado cerca de 165
veces la cifra de niños nacidos con malformaciones.
La escritora Rosa Sala también observa en su Diccionario crítico: "Se
puede atribuir a la medicina del Tercer Reich el mérito de haber sido la primera en
demostrar de manera fehaciente la existencia de una vinculación entre el tabaquismo y el
cáncer de pulmón gracias a los estudios de Franz H. Mülles (1939) y de Erich Schöniger
y Eberhard Schairer (1943). (...) La consecuencia de todo ello fue que los nazis llevaron
a cabo la campaña antitabaco más agresiva de la historia moderna. Los carteles de
"Prohibido fumar", que por entonces aún no formaban parte del paisaje
cotidiano, proliferaron en todos los edificios públicos, especialmente en las salas de
espera, dado que se había intuido ya el riesgo del tabaquismo pasivo. La propaganda no
dejaba de recordar que ni Mussolini, ni Hitler, eran fumadores, mientras que Churchill y
Stalin (y Roosevelt) lo eran de forma notoria. La preocupación por los peligros del
tabaco en los jóvenes llegó a extremos grotescos".
Por último, Bochaca nos recuerda que hay medios alternativos a la vivisección y de mayor
fiabilidad que los tests Draize y LD-50, que son los más conocidos de estos desconocidos
procederes. "Rüsch propone, por su parte, la alternativa lógica: El tejido
humano, obtenido en las biopsias, los fetos abortivos, los cordones umbilicales, las
placentas, etc. pueden ser utilizados en la investigación médica y son de una utilidad
particular en la inmunología y toxicología, que es donde más se usan los animales en la
Vivisección. Otras áreas de aplicación son la cancerología, embriología,
endocrinología, genética, patología, farmacología, virología y teratología (estudio
de la malformación del feto). Muestras de tejidos tomados en las autopsias de los miles
de personas que mueren a diario pueden servir para estudio de prácticamente cualquier
enfermedad y en cantidad muy superior a la que se necesite. Pero, claro, esas
muestras humanas serían gratuitas, y en torno a ellas no podría montarse un colosal
negocio. Además, se correría el riesgo de llegar a resultados positivos; el número de
enfermos disminuiría y entonces el negocio dejaría de serlo para volver a ser lo que
nunca debió dejar de ser: un apostolado."
Es nuestro deber de cada uno concienciar al mayor número de personas de estos crímenes
que son llevados a cabo, ya que son "unas prácticas que -incluso en una época tan
despiadada e inhumana como la actual- de ser conocidas por el gran público provocarían
el repudio general".
Por otra parte, es curioso que usemos el adjetivo "humano" para designar a algo
solidario, benévolo o compasivo; en contraposición de "inhumano". Sin embargo,
los humanos tienen más de bestias salvajes que las propias bestias salvajes, y los
animales muestran aspectos más humanos que los propios humanos. Frente a quien comete
adulterio, los animales son en su mayoría monógamos, frente a quien caza por placer, los
animales matan para comer, frente a la madre que no quiere a sus hijos, los animales son
sumamente protectores y, además, demuestran una fidelidad al amo que le lleva a anteponer
la vida de éste a la suya para vergüenza de muchos humanos materialistas y/o que no son
capaces de amar a nada más que a su propia persona.
Para terminar, un último consejo: más vale prevenir que curar, no sólo para evitar el
daño que provoque la enfermedad, sino para evitar sobre todo el de sus curaciones, que
pueden ser peores. No toméis ningún fármaco, salvo caso de fuerza mayor.
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