
NATIONALSOZIALISMUS
ODER BOLSCHEWISMUS?
Por Dr. Goebbels
¡Amigo mío de la izquierda!
No como 'captatio benevolentiae', sino con toda franqueza y sin reserva le confieso que
usted me cabe bien, ¡usted es todo un hombre! Habría podido debatir anoche con usted
ante el millar de espectadores alocados, ya que tuve la sensación de que aquí la
cuestión esencial de nuestra solidaridad y de nuestra divergencia ante el forum de los
trabajadores alemanes, que hace poco solicitaba, se había cortado. Y por esta misma
sensación le escribo estas letras.
Usted habrá descubierto ya claramente de qué se trata. En las causas nosotros hemos
llegado a un acuerdo. Ninguna persona de ideas rojas querrá negar hoy el derecho del
movimiento obrero. Se camina de este modo por la vía y por la formulación de la meta
final de este movimiento. Salidos de la necesidad y la miseria permanecen hoy como
muestras vivientes ante nosotros de nuestro desgarramiento e impotencia, de nuestra falta
de coraje de sacrificio nacional y de voluntad de futuro. Nosotros no necesitamos más de
ello para mantener, si la exigencia de los trabajadores está dirigida por el equilibrio
social, como nosotros no necesitamos mantener para nosotros mismos si el cuarto estado
privado de derechos debe o tiene que vivir o no.
Nacional o internacional en vía y meta: ahí está el debate. Ambos luchamos honrada y
firmemente por la libertad y sólo por la libertad; queremos como última realización la
paz y la comunidad; usted para el mundo, yo para el pueblo. Que este objetivo no puede ser
logrado en este sistema, es para ambos claro y manifiesto. Hoy hablar de tranquilidad
significa cavar la tumba a la patria; la paz en este Estado es pacifismo y cobardía.
Usted y yo sabemos que en un Estado, un sistema interiormente mentiroso lo lleva a la
ruina, y que de este modo deberá ser combatido y sacrificado por un nuevo Estado. A la
cobardía burguesa de la negro-roja-amarilla socialdemocracia podríamos haberle dicho
ayer a ese respecto cuatro verdades.
Hasta aquí estaríamos de acuerdo.
No necesito insistir ante usted que para mí pueblo y nación significan algo distinto que
para el señor locuaz con barriga y con un apretado reloj de bolsillo, que aceitoso y
pulido, las diluidas frase de los Stresseman y Hergt resume fonográficamente. Pueblo,
esto es, nosotros, usted y yo, el millar que ayer nos miraba con devoción, los millones
que están con nosotros con la misma sangre y con el mismo espíritu. Nación es la unión
orgánica de estos millones en una comunidad de necesidad, de pan y de destino. El pueblo
vive un anhelo por la nación. Formar la nación como una comunidad de necesidad, de pan y
de destino es nuestra primera meta. La segunda meta sigue a esta primera por fuerza y como
de ella misma: la libertad de la nación. Por esta libertad deberá luchar el pueblo y
luchará necesaria y naturalmente, si se ha convertido en nación.
Usted alaba Rusia como el país de la solidaridad internacional y presenta la Rusia
sovietica de hoy como la que nunca fue. Esto, que usted denomina la Internacional
bolchevique de Moscú, es Pan-eslavismo en la forma más clara y característica. Yo no
pienso por ello unirme al carro de mentirosos burgueses o ignorantes. Rusia, el
bolchevismo ruso, no está ante la desmembración. Sin embargo, a pesar de ello no
sostiene el sistema de los soviets ruso porque es bolchevique, porque es marxista, porque
es internacional, sino porque es nacional, porque es ruso. Ningún Zar ha comprendido al
pueblo ruso tan en su profundidad, en su miseria, en sus instintos nacionales, como Lenin.
Dio al campesino ruso lo que éste se había representado bajo el bolchevismo: libertad y
propiedad. Con ellos hizo al estado autóctono, al campesino, sustentador propio del nuevo
sistema. Tan odioso al campesino ruso es el judío, junto al judío soviético, tan
ferviente es partidario de la reforma agraria, tan ardiente yace su país, su fundamento y
suelo.
El comunista alemán ve el Bolchevismo así, como el capitalista judío del Oeste sólo
puede desear: ideológico, teórico, con odio infernal contra los enemigos de su idea, no
práctico, sin sentido por la verdadera realidad, justamente como idea sin consideración
sobre la posibilidad de su finalidad práctica. No es por nada que es un hijo del pueblo,
el poeta y el pensador. Ve en Rusia la célula germinativa para un estado mundial
marxista, mientras que en realidad es sólo la célula germinativa para una nueva
división nacional de los estados de Europa.
Recapitulo: Lenin sacrificó Marx y dio por ello a Rusia la libertad. Usted quiere
sacrificar la libertad humana por Marx.
También el judío ruso ha reconocido claramente la apremiante necesidad de un Estado
nacional ruso y se ha preparado anticipada e inteligentemente para ello. Si, desde
principios prácticos, si, con segundas intenciones, ¿quién puede saberlo? ¡Sin duda!
De todas formas tiene que aullar con los lobos. Y corrompe por ello el Kantus al judío
capitalista occidental. Por ello el incubante odio occidental contra la Rusia soviética.
La bolsa no puede y no deberá tolerar un estado nacional y el judío
internacional-bolchevique no está con la suficiente seguridad contra una Rusia
nacional-bolchevique.
Ayer circuló usted por la cuestión judía como los gatos por las pastas. Sé porqué.
Por favor no me rechace. No queremos simular nada el uno al otro. Usted es antisemita como
yo. Usted todavía no quiere responder. El judío en el comunismo puede existir en todo
caso. El judío en el Estado nacional-bolchevique es un sin sentido. Esto él lo sabe
mejor que nadie... La cuestión judía, también en el bolchevismo, es más complicada de
lo que se piensa. No será tan inverosímil que sean uno y el mismo el judío capitalista
y bolchevique. Quizás en el efecto final, sin embargo jamás en la praxis diaria...
Para el ciudadano alemán el bolchevismo empieza con la exigencia del sacrificio personal.
Todo, todo el bolchevismo está en ello, lo que deposita de cualquier manera la mano en su
monedero.
Políticamente solo correcto y verdadero, esto significa para él que ningún bolchevismo
es la única garantía de sus bienes. Le veo reírse; sí, podemos reir juntamente. Esto
es vulgar, vil, asqueroso, irresponsabilidad nacional en el más verdadero sentido de la
palabra. Yo silbo con usted sobre las frases nacionales detrás de las cuales no existe
una voluntad de sacrificio. El bolchevismo empieza primero con la preparación de las
papillas internacionales. Él no tiene nada pero nada que ver con la grandeza de los
sacrificios reclamados de los poseedores. Pues podemos y debemos todo, exigir todo, si se
reclama la libertad de la nación.
Lo que usted ayer hablaba de la fraternización internacional, amigo mío, es un sin
sentido, y usted lo sabe seguramente tan bien como yo mismo. ¿Pues cree usted realmente
en la voluntad de solidaridad proletaria del pueblo ruso? ¿Usted nunca ha pensado, que si
Rusia está de parte del proletariado alemán, es porque en él ve el primero y el más
importante factor para la estabilización de su existencia nacional? No hay un rublo que
trabaje en el comunismo alemán sobre el cual no esté la palabra "Rusia" como
programa.
Luego el trabajador alemán sólo será libre si él mismo se libera, por su propia
fuerza, y él sólo lo hará, si no puede soportar más las cadenas que lo esclavizan.
Usted se entusiasma con la Internacional, sin que ella en su más profundo sentido pueda
ser conceptualizada. Cuanto más corrupto es un sistema, más internacionales son sus
condiciones. ¡Su y nuestro más encarnizado enemigo, la democracia, el dinero, es
internacional! Intenta engañar al luchador por la libertad de esta Internacional, porque
sabe que además es invencible.
El camino para la libertad camina sobre la Nación. Cuanto más unida sea esta Nación,
más fuerte e invencible la voluntad de libertad. Disponer esta apasionante voluntad de
libertad nacional en marcha, es la misión del Nacionalsocialismo. La libertad la queremos
como usted, sólo que con otros medios, con medios que guíen hacia la meta final. La
solidaridad internacional es su programa; la solidaridad de la nación, la comunidad
popular, el nuestro...
Se debe luchar por el futuro. Usted y yo, luchamos el uno contra el otro, sin que seamos
verdaderos enemigos; en ello disponemos nuestras fuerzas y no llegamos nunca a la meta.
Quizás el último apuro nos una. ¡Quizás!
¡No menee la cabeza! De esta cuestión trata el futuro de Alemania, y más aún, el
futuro de Europa. El nuevo Estado o la Decadencia de Occidente, ambos están en nuestras
manos.
Nosotros, los jóvenes, usted y yo, somos los soportadores del destino de generaciones.
¡No lo olvide nunca!. ¡Le saludo!
Traductor: J. M.
Fecha: 11-III-2000.
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