Don Mitotero:

(Continúan las ilustrativas cartas del camarada de Chavinda)

…Dijo usted que Calderón podía llegar a ser una caricatura mal hecha de Hitler, ¿verdad? Lo mismo dijeron, en su tiempo acerca de Fox, y vea cuán lejos se quedó el pobre; y eso que fue el menos peor en cien años, quitando a Don Porfirio.

¿Cuáles son los méritos de Calderón para parecerse a esto que escribí en Mensaje, cuando dijeron en 1991 que Sadam Hussein era otro Hitler? Dicho escrito obligó a que me “expulsaran” de Mensaje. Si yo hubiera dicho cosas feas sobre San Pablo y compañeros mártires, posiblemente ahí estaría muy en paz, como está quien las dijo.

¿DE VERAS HITLER FUE MALO?

La democracia tiene unos dogmas intocables que a nadie le es lícito poner en duda, so pena de excomunión más severa que cualquier otra excomunión religiosa. Uno de esos dogmas es la “IGUALDAD”. Otro dogma que nadie debe poner en duda sin grave riesgo de ser contado entre los apestados o entre los infames es el DOGMA de la maldad de Hilter. El fuhrer alemán es el único ser humano sobre el que no se permiten opiniones divergentes, lo que entre tanto es posible incluso sobre Jesucristo.

Dice el Evangelio de San Juan: “Y hubo un gran murmullo sobre Él entre el pueblo. Algunos decían: Él es bueno; pero otros decían: no, por el contrario corrompe al pueblo. Pero nadie se expresaba libremente sobre Él por temor A LOS JUDÍOS”.

El Evangelio de San Juan se refiere a Jesús. Pero exactamente lo mismo podría decirse de Adolfo Hitler. Ambos destinos se asemejan de forma asombrosa.. Ambos ascienden, siendo de condición humilde, desde el pueblo sencillo. Sobre su origen, aunque documentado, arrancan leyendas y rumores. Ambos eran trabajadores manuales: el uno, carpintero; el otro, pintor. Ambos reunieron una pequeña cuadrilla y se opusieron a los más poderosos de su época. Su aparición pública produjo un alud arrollador y puso en entredicho todo orden de valores establecido. Nunca antes habían sido dos personalidades tan amadas como estas: Jesús de Nazaret y Adolfo Hitler. El pueblo los siguió en masa, y su presentaciones convirtió por doquier en un desfile triunfal. Ambos deseaban el bien de su pueblo.Contra ambos se montó la misma conspiración de infatuados, de intelectuales sabelotodo, de los acaparadores de dinero, y de ambiciosos aprendices ávidos de poder. Nunca antes habían sido perseguidos dos hombres con semejante odio como estos dos, incluso más allá de su muerte. Ambos se dirigieron a la muerte voluntariamente, de la que se hubiesen podido librar si ellos hubieran querido. ¿De qué se acusaba? ¡De ultrajar a los dioses! ¡Y de seducir al pueblo! Pero lo peor y más imperdonable fue que realizaron maravillas. El uno hizo ver a los ciegos, andar a los paralíticos y resucitar a los muertos. El otro solucionó en corto tiempo la insolucionable cuestión social; venció el desoempleo generalizado y la miseria de las masas, y dio a un pueblo que yacía desesperado y como muerto, nuevo aliento de vivir, y voluntad de acción convirtiéndolo en, seis años, en el pueblo más poderoso de la tierra. Bajo el mando de Adolfo Hitler, Alemania fue una indiscutible potencia dirigente en ciencias y técnica, en deportes y en artes cinematogáficas; se vivió un florecimiento cultural como no se había vuelto a dar desde el Renacimiento.. El índice de nacimientos se disparó hacia arriba; el índice de criminalidad, en el más bajo del mundo, y el ejército alemán era el mejor de los ejércitos que podían haberse dado en la Historia. Surgió un estilo arquitectónico propio que alguna vez será equiparado junto al Clasicismo y al Románico, como la vigorosa expresión del espíritu de la época. Ahí tenemos a Herbert von Barajan en quien no se halla otro pecado que haber colaborado con Hitler. Por algo Churchill dice en sus memorias que le pide a Dios un hombre para Inglaterra igual a Hitler (“Step by step” y “Great Contemporaries”).

Solo tres años después de la entrada de Hitler en el gobierno se hizo, de un país lleno de miseria y desesperación, un jardín floreciente. Los pueblos fluyeron a raudales hacia Alemania con ocasión de las Olimpíadas y se asombraron del milagro alemán, reconociendo no haber visto nunca un pueblo más feliz. El mismo año (1936) los ingleses decidieron construir bombarderos de largo alcance para hacer postrar a este gran país en escombros y cenizas. ¿Razón? Si nosotros no le vencemos, todos llegarán a creer en él! Este fue el verdadero y único motivo, el “casus belli”, de la Segunda Guerra Mundial. Todo el mundo hubiera aclamado a Hitler y su ejemplo había sido seguido. Y esto debía ser evitado a cualquier precio.

Sencillamente no es CIERTO que la guerra fuera conducida a causa de la persecución de los judíos; ni es CIERTO que en esta guerra las democracias lucharan contra las dictaduras, puesto que las democracias se habían aliado a la más sangrienta tiranía que haya visto la tierra y era (y es) precisamente judía, la URSS. Por lo demás, Hitler no fue en absoluto un dictador en el significado común que tiene la palabra. Pero eso lo dejamos para después.

A. P .T.

8 de Sept. 2006.