
Detrás del sida hay mucho, pero mucho dinero
La Conferencia Mundial del sida ha vuelto a poner de manifiesto sus fallos, pues el
dinero lo mueve casi todo. La prevención que no pase por el enriquecimiento de las
multinacionales farmacéuticas, pornografícas, etc. es rechazada.
Gerardo Enrique Garibay Camarena
(De la página española: www.sinsida.com)
Hace unos días se llevó a cabo, en la Ciudad de México, la Reunión de Ministros de
Salud y Educación para detener el VIH-Sida en Latinoamérica y el Caribe. Durante el
evento, funcionarios del área caribeña propusieron incluir en la declaración formal del
encuentro la promoción de la abstinencia como método para combatir la propagación de
las enfermedades de transmisión sexual; la propuesta fue rechazada por sus colegas, que
prefirieron apoyar el aumento a la propaganda del condón y otros métodos
anticonceptivos.
Todos estamos de acuerdo en que cada quien es libre y responsable de su vida y sus
decisiones; sin embargo, la pregunta permanece.
¿Por qué cancelar de plano siquiera la mención de la abstinencia como forma de prevenir
el contagio de las enfermedades sexuales, cuando es el único método 100 por ciento
efectivo existente en la actualidad? La respuesta reside no en los intríngulis de la
política médica, sino en la propia visión de la sociedad sobre sí misma y sobre su
población joven.
Durante la mayor parte de la historia, la raza humana educaba a sus hijos en la disciplina
y el trabajo, de modo que, tras ceremoniales que variaban de cultura en cultura, los
niños se convertían en hombres, en otra palabra: maduraban. Sin embargo, sobre todo
durante los últimos 50 años, la sociedad ha venido educando (por llamarlo de alguna
manera) a sus hijos, no para que lleguen a ser adultos, sino para hacerlos niños
perpetuos, incapaces de madurar aunque físicamente tengan 60 años.
Este fenómeno, presente en gran parte de la población, se refleja con meridiana claridad
en el comportamiento adolescente, que es cada vez más similar al de las peores facetas
del de los niños: egoísta e irracional, guiado por impulsos y la búsqueda de la
satisfacción personal; de hecho, la única diferencia entre ambos es el enfoque de los
intereses. En el joven de 15 o más años ya no son los juguetes, sino las drogas; ya no
los balones, sino el alcohol; ya no los dulces, sino el sexo.
¿Quién gana con esta situación? Simple: alguna vez dijo Emilio González, Gobernador de
Jalisco, que, si se iba a regalar condones, de una vez se otorgaran vales para el motel y
el "six" de cerveza. Bueno, pues tiene razón. Estos negocios van en conjunto,
todos ellos se enriquecen con el frenesí sexual, empezando por las empresas dedicadas a
la pornografía, que según la revista Forbes mueven sesenta mil millones de dólares al
año; las alcoholeras, cuyos millonarios gastos en propaganda se dirigen principalmente a
los jóvenes; los "antros", tan proclives además a servir de tapadera para el
lavado dinero y, como lógico fin de la cadena, los centros abortistas, como Planned
Parenthood, que tuvo ingresos por más de 700 millones de dólares durante el periodo
fiscal 2002-2003.
De ahí la infinita necedad de los ministerios de salud del continente al negarse a
promover la abstinencia, porque su interés real no es el bienestar de los jóvenes, sino
alejar de ellos cualquier concepto de responsabilidad personal. Por eso buscan la
promoción indiscriminada del condón y la píldora del día siguiente, porque estos
métodos representan "placer sin consecuencias", mientras que la abstinencia
requiere disciplina y esfuerzo, dos conceptos que la sociedad actual rechaza tajantemente,
pues, si se los enseñaran a los jóvenes, quizá estos maduren, lo que haría más
difícil manipular sus hábitos de consumo" ¡y detrás de esos hábitos hay mucho,
pero mucho dinero.
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