
El capitán del equipo del gabinete de Barack Obama
(Agencias) WASHINGTON - Era un viernes en Chicago, día de la primera conferencia del
presidente electo Barack Obama, y entre las 20 personas que lo antecedieron en el
escenario una sobresalía por obvias razones: el nuevo jefe de gabinete. Rahm Emanuel, se
plantó al frente del grupo, sonrió, miró con desdén a la prensa y colocó los brazos
en la cintura.
Parecía un gesto desafiante y quienes lo conocen dudan que haya sido una casualidad. Es
público el carácter implacable y perseverante de Rahm Emanuel, un rasgo
que lo llevará a encarnar al jefe de gabinete de hierro de un presidente conocido en
campaña por su serenidad y capacidad de control, un candidato que jamás levantó la voz
ni arqueó una ceja más de la cuenta.
Así que tal vez habrá un balance razonable entre Obama, un político de estilo suave y
Emanuel, cuyo temperamento le ganó desde hace tiempo una fama pública de tipo duro.
Hasta su madre se dirige a él con un sobrenombre que retrata la ferocidad que algunos le
atribuyen: Rahmbo. Será el encargado de ejecutar y coordinar las políticas dictadas por
el presidente de Estados Unidos en materia de política interna, económica, seguridad
nacional y seguridad interior.
"Puede ser un 'mamzer', pero es nuestro 'mamzer'", lo definió alguna
vez Steve Rabinowitz, que trabajó con Rahm Emanuel en la administración de William
Clinton, empleando en lengua Yiddish el término para "bastardo".
Emanuel es un ex bailarín, un judío comprometido, un estudioso
obsesivo de la política y también lo que se conoce como un "perro de ataque":
uno de esos tipos dotados de una perversidad genial que son capaces de deshacer a
cualquiera con una frase.
En estos días hay quienes están dedicados a analizarlo como se estudia a una especie
extraña y en busca de descifrarlo han surgido anécdotas sobre su carácter tan temido
como polémico.
Hay un episodio mencionado con frecuencia para explicar el origen de su carácter: cuando
era un adolescente se hirió un dedo con una máquina para rebanar carne. La herida se
infectó y le provocó una infección tan grave que los médicos decidieron amputarle la
parte afectada. Su madre ha sugerido que aquel incidente representó un punto de
inflexión en la vida de Emanuel.
Otra historia se remite a los días tempestuosos del presidente Clinton en el escándalo
Lewinsky. El primer ministro británico Tony Blair visitaba la Casa Blanca y se preparaban
los detalles para una aparición pública de ambos cuando Emanuel abordó a Blair minutos
antes: "Esto es serio... no nos jodas", le dijo.
Existe otra que de manera inevitable hace recordar una escena de ajuste de cuentas en la
mafia: en una celebración tras la primera elección del presidente Clinton, Emanuel
comenzó a recitar los nombres de quienes habían traicionado al candidato en el camino a
la Casa Blanca. Cada vez que citaba un nombre, acuchillaba la superficie de una mesa y
gritaba: "¡Muerto! ¡Muerto! ¡Muerto!".
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