EVITA PERON: UNA NACIONALSOCIALISTA BAJO LA CENSURA

Texto publicado en un diario argentino, que fue secuestrado el mismo día en que salió este texto, pues no se quiere difundir por el 'peronismo oficial actual' este tipo de cosas:

"En mayo 1943 llegó a Buenos Aires, de incógnito y protegido por el más absoluto secreto, el general Wilhelm von Faupel, consejero del Führer para políticas sub-americanas. En esa oportunidad conferenció largamente con militares y marinos argentinos de orientación nacionalista y con … fraülein Eva Duarte".

Esto ocurría cuando, salvo los muy informados, todo el mundo en Argentina creía que Eva Duarte no era más que una actriz de teatro. Nada más que eso. Todavía hoy se abona esa creencia según la cual Evita habría sido una especie de 'tontita' que se 'avivó de golpe' y que si fue alguien se debió a su matrimonio con Perón.

Algunos historiadores poco avisados o malintencionados, repiten la versión del 'primer encuentro' entre Perón y Evita en 1944, ignorando, entre otras cosas, una profunda documentación diplomática de orden internacional que denota la existencia de la pareja Eva Duarte - Juan Domingo Perón ya a principios de 1941.

Evita nunca negó su militancia nazi. No podía ni quería hacerlo. Era una nazi pura, dura, íntegra, terminante. Su ternura la guardaba para los niños y para los desposeídos.

Por otra parte nunca disimuló: sus actos, su pensamiento, su entrega, fueron las pruebas más acabadas de su condición nacionalsocialista. Evita pensaba y actuaba como nazi. Su inflexibilidad, su determinación, su devoción a la causa, su sujeción al Líder, su indisimulado antisionismo, su feroz defensa de los explotados por los especuladores, eran evidencias claras de su preparación ideológica y sus convicciones filosóficas.

Desde 1945 en adelante no faltaron los denunciantes de su evidente nazismo, y lo hicieron tanto aquí como en el extranjero, pero se encontraron con que los amos de las políticas mundiales preferían el silencio porque no les convenía polemizar con esa aventajada discípula de Goebbels y arriesgar la solidez estructural del edificio de calumnias y falsedades levantado gracias a su condición de vencedores materiales de la guerra. Atacar a Evita por nazi suponía la discusión, no ya en el reducido plano argentino, sino en el mundial, y eso les resultaba peligroso.

La cúpula aliada sabía de sobras quien era realmente Eva Duarte, la respetaban e incluso algunos la admiraban. Reconocían sus luces, su intelecto brillante e intuían su Iniciación en Órdenes esotéricas. Evita era temida por los aliadófilos y por los mercaderes de la política internacional. Su palabra era incendiaria porque llevaba el fuego sagrado de la Iniciación doctrinaria. Sublimado con su lealtad espiritual.

La marcha del 17 de octubre de 1945, preparada, organizada y dirigida por ella desde el dia 15, pero políticamente mucho antes, lleva su sello personal de clara inspiración nacionalsocialista. Fue algo más auténtico, si se quiere, o más evolucionado, que la misma marcha sobre Roma. Evita pidió entonces que cada individuo marchara como se encontraba, con ropa de trabajo, como 'puro pueblo', sin lavarse las manos, con la ropa sucia o el pecho descubierto, para que nos vean como somos y nos devuelvan a Perón. Para quienes vieron el espectáculo grandioso y aun para quienes solo pudieron conocerlo por la pobre versión fílmica, no cabe dudas de que se trató de un típico acto nacionalsocialista. Allí estaban las banderas y los estandartes, los retratos, las consignas, pero por sobre todo, el entusiasmo desinteresado, la entrega total, mística, de un pueblo atraído por una clara esperanza, hasta entonces insospechada en su oscura vida cívica. Esa marcha no podría ser la obra de una improvisada, pero así prefirieron creerlo quienes nunca entendieron lo que estaba ocurriendo. Justamente un año antes, la Cancillería del III Reich, nada menos, vislumbrando quizás que ya la caída de Alemania era cuestión de tiempo, no quiso dejar de testimoniarle a fraulein Eva Duarte el reconocimiento de sus servicios, de su valía y de su dedicación, y le envió por intermedio del Ministerio de Embajada Ludwig Freude, un magnífico collar de brillantes. Evita merecía esa verdadera condecoración secreta.

Pero Evita murió. Quemó su juventud en una lucha desigual y grandiosa.

Desde entonces su militancia nazi es uno de los secretos mejor guardados, porque si los pueblos se enteraran de que Evita era Nazi, se darían cuenta de que ser nazi no es tan malo como le dicen todos los días por radio y TV-

Groppello Cairoli