La Virgen del Pilar, Patrona de la Hispanidad

En el templo del Pilar, concretamente entre las puertas de la Santa Capilla hay una que emblemáticamente se refleja la búsqueda de un reino de leyenda como quizás la del Reino del Preste Juan, leyenda que movió a la Orden de Cristo, heredera de la Orden del Temple, a la aventura marítima de Enrique el Navegante, con el consiguiente descubrimiento de Etiopia, India y China, y que empujó a los reyes católicos, a enviar a Cristóbal Colon, (nombre que una etimológicamente conceptos como, transportador de Cristo, Paloma y todo en la carabela Santa Maria),a la misma empresa pero por occidente.

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Recordemos que San Francisco de Javier murió en las puertas de China en la isla de Shangchuan homófona de este Reino. También Colón llamó Juana a la isla recientemente descubierta. Recordemos la capacidad evocativa que pudo tener el documento del Padre Simon de Acuña , procurador, traduciendo la estela nestoriana de la villa de Chouche de Jaosus. Me limitaré a señalar que la leyenda en cuestión se relaciona con la fuente eterna de las aventuras humanas: la búsqueda de la inmortalidad y de la eterna juventud. Justamente desde este punto de vista ha sido utilizada la leyenda de las islas habitadas por "inmortales" y "bienaventurados".

Si nos vamos a la Edad Media concretamente en el año 1177 se produce un acontecimiento inesperado y extraordinario, uno de esos hechos inauditos: los más grandes soberanos cristianos reciben una misiva muy curiosa, una Carta dirigida "al emperador de Roma y al Rey de Francia" y firmada por el Preste Juan, "por la gracia de Dios, Rey todopoderoso sobre todos los Reyes cristianos".

¿Quién es este Preste Juan?. Los primeros que lo mencionan son un cierto Otto von Freisingen y Albéric de Trois-Fontaines, quien tenía la información, de forma directa o indirecta, del Obispo de Galaba en Siria del Norte. Según estas fuentes, el Preste Juan sería un descendiente de los Reyes Magos, reinaría en Oriente, llevaría un cetro de esmeralda, y se declararía dispuesto a intervenir contra los infieles para ayudar a Jerusalem. Ante los ojos de Occidente se ignora quien puede ser exactamente, este soberano cristiano de un reino desconocido, que habría perdurado en medio de los pueblos infieles. Pero se estima como un recurso contra los Sarracenos y un posible aliado en la Cruzada.

En el entorno de la Iglesia se preguntan que clase de cristiano es este, fuera de los dominios romanos. Pero algunos soberanos anhelan este reino ideal, donde la soberanía reúne las funciones de sacerdocio e imperio, como aquellos sacerdotes-reyes, cuyo linaje se remonta al Génesis y materializa en la figura de Melquisedec.

La historia hace a Manuel I Comneno el depositario de la carta, el mismo que recibe al conde de Flandes a su vuelta de Tierra Santa. El papel de Francia y de los franceses son representados por el Preste Juan como los guardianes privilegiados de su reino y su persona, un poco como Eschenbach hara con los templarios, los guardianes de Montsalvage. Podemos decir que el palacio del Preste Juan es el mismo que el Castillo del Grial.

Dentro de la tradición esotérica islámica existe un paralelo a esta figura. En 1177, Sohravardi tenía 22 años y se había convertido en el Shaykh al Ishraq, el jefe y maestro de la senda mística de la Luz (ishraq). En la jerarquía esotérica chiíta, una de sus doctrinas era el del Imán oculto, aquel cuyo reino permanece oculto hasta su manifestación al final de los tiempos. Escribe Sohravardi: "Es él, a quien se llama polo (qotb) y es él quien tiene la autoridad, aunque es completamente desconocido por los hombres". El Rey del Grial se llama Arturo, en torno a él gravitan los Caballeros de la Tabla Redonda, así como los Imanes del Islam al qotb. La Carta del Preste Juan se inscribe perfectamente en este contexto.

La transmisión de este mito de múltiples facetas y su simbolismo nos fue legado a través de ciertas obras y de diversas fuentes lógicas y vinculaciones tradicionales. Sin embargo el Reino del Preste Juan, así como el Grial, depositario de la Gran Obra de Realización fue transmitido y continúa comunicándose a través de otras formas del "ser", y que no están dentro del orden profano. Cuando se encuentra, se comprende el Secreto de esta sagrada búsqueda. Y la pregunta ¿A quién sirve el Grial?, es entonces respondida como a continuación, el maestro sufí Rumi, nos relata:

"La cruz de los cristianos, palmo a palmo examiné.
El no estaba en la cruz. Fui al templo Hindú a la antigua
pagoda. En ninguno de ellos había huella alguna. Fui a
las tierras altas del Herat, y a Kandahar. Miré. No estaba
en las cimas ni en los valles. Resueltamente escalé la mon-
taña de Kaf. Ahí sólo estaba la morada del (Legendario)
pájaro Anqa. Fui a la Caaba de La Meca. El no estaba allí.
Pregunté por El a Avicena, el filósofo. El estaba más allá
del alcance de Avicena…
Miré dentro de mi propio corazón. En ése, su lugar, lo vi.
No estaba en ningún otro lado".


Sobre estas leyendas y mitos que alentaban en los corazones medievales, nos podemos fijar en los libros Artúricos. En el primer cuarto del siglo XIII, Wolfram von Eschenbach había reescrito el inconcluso Perceval de Chré-tien de Troyes bajo el nombre de Parzival. Es evidente que Wolfram, al reeleborar el Perceval, aprovechó motivos y situa-ciones de otras obras que conocía, entre ellas algunas de las ver-siones de la Carta del Preste Juan. Entre las novedades que Eschenbach introduce en el texto de Chrétien cabe destacar el personaje representado por el pagano Feirefiz, rey de Azagouc y Zazamanc, hermano de Parzival. Al final del poema, Feirefiz se hace cristiano, casándose con Repanse de Schoye. Al regresar a su reino de Tribalibot, a orillas del Ganges, cristianiza a sus súbditos y tiene un hijo de su esposa que se llamará Juan y, más tarde, Preste Juan, título que adoptarán todos sus descendientes

Precisamente, Feirefiz había traído de Tabronite una colum-na que, instalada en lo alto de la cámara a la que se accedía por una escalera de caracol, situada en el el Casti-llo de las Maravillas, permitía ver, a modo de espejo, lo que su-cedía en un entorno de seis leguas, distancia alcanzada por la luz que dicha columna irradiaba.

Posiblemente Wolfram von Eschen-bach toma este motivo en préstamo de La carta del Preste en la versión anglonormanda, es evidente que el del espejo-faro empleado debe proceder de esta última o del prototipo desconocido que la generó.

En estas dos fotos se ve el retablo de factura gótica en alabastro de Gelsa, y tallado por el escultor Damián Forment (1509-1518), que representa episodios de la Virgen y de Nuestro Señor, como asunto central del cuerpo principal La Asunción. Sobre la Virgen María vemos un "ojo" y "espejo" de cristal. A este se puede ascender por una escalera de caracol y a través de él podemos ver, como en el Casti-llo de las Maravillas, no lo que su-cede en un entorno de seis leguas sino la nave central de la Basílica.

Sobre el pobre material constructivo de la Basílica. Advierto sobre la costumbre, que según decía la Carta, tenía el rey Preste Juan, que todos los días miraba un vaso de oro lleno de tierra, diciendo para sí que el oro era vil y la tierra preciada, y deseando que ningún deseo alocado le llenara de orgullo, para no olvidar de dónde venía y adónde iba. Añado otra virtud que tiene el "Pilar" y que era propia del "Reino del Preste Juan", pues la carta dice textualmente: «Y lo que más me gustaría es que les hubiera dejado por herencia la Tierra de Verdad que tenía, donde ni hombre ni mujer mentían ni ur-dían falsedad ni crimen, pues tal cosa hubiera sido una bendición para pequeños y grandes, y yo no hubiera sufrido pena ni dolor, ni hubiera puesto buen semblante cuando deseaba hacer daño»..

Una característica principal que me hace vincular la Basílica del Pilar al "Reino del Preste Juan" es que en él se encuentra una columna que soporta un espejo que como la Virgen es un "Espejo de Justicia". Como el motivo es interesante cito textualmente lo que dice la Carta: «Ante las puertas de nuestro palacio, junto al lugar en que combaten los duelista?, se encuentra un espejo de grandísimo tamaño, al que se asciende por ciento veinticinco peldaños. En verdad que los peldaños son, los del tercio inferior, de pórfi-do, serpentina y alabastro; desde aquí hasta el fin de la parte que sube más arriba, son de piedra cristal y sardónice; finalmente, los del tercio de la parte superior son de amatista, ámbar, jaspe y pantera`.. En verdad que el espejo se apoya en una única co-lumna.

Sobre ésta, ciertamente, descansa una basa, y sobre la ba-sa, dos columnas; sobre éstas, otra nueva basa y sobre ésta, cua-tro columnas; sobre éstas, nuevamente, otra basa y, sobre ésta, ocho columnas; sobre las cuales descansa otra basa, encima de la cual hay dieciséis columnas; sobre las cuales hay otra basa, y en-cima de ésta treinta y dos columnas; encima de las cuales vuelve a estar otra basa con sesenta y cuatro columnas encima; sobre és-tas hay otra basa, encima de la cual hay sesenta y cuatro colum-nas, sobre las que hay otra basa y, sobre ésta, treinta y dos co-lumnas. Y, de este modo, las columnas disminuyen en número, al igual que antes éste aumentaba, hasta llegar a una sola`. Las columnas y las basas son del mismo tipo de piedra que los peldaños que conducen a ellas. . Por encima de la columna más alta se encuentra el espejo, obrado con tan gran arte que to-das las maquinaciones y todo lo que, en las provincias a Nos su-jetas y en las adyacentes, se hace a favor y en contra nuestro puede ser visto y conocido a las claras por los vigilantes»..

El Número 42 en el descubrimiento de América

Deseo establecer una relación entre el misterioso número 42 que aparece repetido sesenta y cuatro veces en la Basílica del Pilar y la curiosa "equivocación" que tiene Cristóbal Colon al fijar el paralelo de cuba en 42º.

Si analizamos el hexagrama, presente en la Basílica, formado por seis líneas, alternativamente continuas y discontinuas, comprobaremos que corresponden en lenguaje informático a un «byte» de seis «bit». En este sistema de representación, si asignamos, como ya lo hizo Leibniz, a la raya continua el valor uno y a la raya partida el valor cero, comprobamos que reproduce al número 42 en cifras binarias.

El diario de Colon, que tan bien coadyuva al conocimiento de aquellas nuevas tierras y a las dificultades que presentó tan arduo viaje por el Mar Tenebroso, ofrece a su vez ciertos problemas en su estudio.

El de mayor importancia es el hecho que se haya perdido el texto original del "Diario de a bordo". A las muchas incógnitas que ofrece la vida de Colón, comenzando por el interrogante de su nacimiento y concluyendo por el lugar donde recibió sepultura hay que añadir la pérdida de este texto.

La obra que ha llegado a nuestras manos se la debemos a fray Bartolomé de las Casas. Se trata de un compendio amplio de la obra originaria, en la que fue alternando muchos párrafos textuales nacidos de la pluma del Almirante.

No obstante la difícil labor llevada a cabo por fray Bartolomé, si bien se le recrimina el que no transmitiera la copia exacta del texto, al que resulta evidente que tuvo acceso, sí en cambio se le acepta como veraz la transmisión que hiciera a la posteridad del contenido del Diario. Esta confianza se justifica por otras varias obras y documentos de las que también hizo una labor semejante que, una vez analizada, fue plenamente aceptada por la crítica más severa.

Pero dejando a un lado estudios más o menos pormenorizados, lo que resulta evidente es el enorme interés de esta obra por cuanto aporta elementos de gran peso para el conocimiento de la travesía hasta las Indias así como la descripción de elementos humanos y naturales que Colón perfila con atinadas observaciones científicas e incluso, en ocasiones, poéticas.

Con las sencillas palabras: Partimos viernes 3 días de agosto de 1492 años, de la barra de Saltes, a las ocho horas. Así comienza no sólo el diario de a bordo, escrito por Colón, sino la más trascendental de las singladuras que han surcado los mares de la Historia.

De este viaje hacia las, que habían de ser, ignoradas tierras se nos hace una vívida relación a lo largo de las páginas del libro. Día a día se comenta cuanto sucede primero a bordo y, luego, en tierra, una vez arribadas las naves a su sorprendente destino.

Martes, 30 de octubre

Salió del río de Mares al Noroeste, y vió cabo lleno de palmas y púsole Cabo de Palmas, después de haber andado quince leguas. Los indios que iban en la carabela Pinta dijeron que detrás de aquel Cabo había un río, y del río a Cuba había cuatro jornadas, y dijo el Capitán de la Pinta que entendía que esta Cuba era ciudad y que aquella tierra era tierra firme muy grande, que va mucho al Norte y que el rey de aquella tierra tenía guerra con el Gran Can , al cual ellos llamaban Camy, y a su tierra o ciudad, Saba, y otros muchos nombres. Determinó el Almirante de llegar a aquel río y enviar un presente al rey de la tierra y enviarle la carta de los reyes, y para ella tenía un marinero, que había andado en Guinea en lo mismo, y ciertos indios de Guanahani que querían ir con él, con que después los tornasen a su tierra. Al parecer del Almirante, distaba de la línea equinoccial 42 grados hacia la banda del Norte, si no está corrupta la letra de donde trasladé esto; y dice que había de trabajar de ir al Gran Can, que pensaba que estaba por allí o a la ciudad de Catay, que es del Gran Can, que dice que es muy grande, según le fué dicho antes que partiese de España. Toda aquella tierra dice ser baja, y hermosa y honda la mar.

Su latitud real es 2l grados norte. El intento de explicar tan descomunal error ofrece versiones para todos los gustos. Los más inverosímiles lo achacan a los escasos conocimientos colombinos sobre navegación de altura; mientras que otros lo consideran intencionado para mantener en secreto la situación de las nuevas tierras descubiertas ante las naciones rivales -Portugal- o ante sus propios compañeros de navegación.

El diario del día Miércoles, 21 de noviembre

Al sol salido, navegó al Leste con viento Sur. Anduvo poco por la mar contraria. Hasta horas de vísperas hubo andado veinticuatro millas; después se mudó el viento al Leste y anduvo al Sur cuarta del Sueste, y al poner del sol habían andado doce millas. Aquí se halló el Almirante en 42 grados de la línea equinoccial a la parte del Norte, como en el puerto de Mares, pero aquí dice que tiene suspenso el cuadrante hasta llegar a tierra que lo adobe. Por manera que le parecía que no debían distar tanto, y tenían razón, porque no era posible como no estén estas islas sino en 21 grados. Para creer que el cuadrante andaba bueno, le movía ver, diez que el Norte tan alto como en Castilla, y si esto es verdad mucho allegado y alto andaba con la Florida; pero ¿dónde están luego agora estas islas que entre manos traía? Ayudaba a esto que hacía dize gran calor, pero claro es que si estuviera en la cosa de la Florida que no hubiera calor, sino frío. Y es también manifiesto que en cuarenta y dos grados en ninguna parte de la tierra se cree hacer calor, si no fuese por alguna causa de "per accidens", lo que hasta hoy no creo yo que se sabe. Por este calor que allí el Almirante dice que padecía, arguye que en estas Indias y por allí donde andaba debía de haber mucho oro. Este día se apartó Martín Alonso Pinzón con la carabela Pínta, sin obediencia y voluntad del Almirante, por codicia, dizque pensando que un indio que el Almirante había mandado poner en aquella carabela le había de dar mucho oro, y así se fue sin esperar, sin causa de mal tiempo, sino porque quiso. Y dice aquí el Almirante: «otras muchas me tiene hecho y dicho».

La mejor opinión sobre este pasaje la escribe al margen Las Casas cuando dice: esta algarabía no entiendo yo. ter, etc., y que supiesen de ciertas provincias y puertos y ríos de que el Almirante tenía noticia y cuanto distaban de allí, etc. Aquí tomó el Almirante la altura con un cuadrante esta noche, y halló que estaba 42 grados de la línea equinocial, y dice que por su cuenta halló que había andado desde la isla del Hierro mil y ciento y cuarenta y dos leguas, y todavía afirma que aquella es tierra firme.

Como hemos podido leer es demasiada casualidad la presencia del número 42, tanto en la Basílica como en el punto de arribada a las nuevas tierras.