DEGRELLE, EL PRIMER CAMARADA

Jose Luis Jerez Riesco
Presidente de la Asociación
Cultural "Amigos de Léon Degrelle"


Este año, el 15 de junio de 2006, se cumplió el primer centenario del nacimiento del gran caudillo de Europa Léon Degrelle, oriundo de Bélgica, en la tierra de la Ardenas, del historico pueblo de Bouillón, ciudad fortaleza entre dos montículos que se alzan sobre la planicie a modo de atalayas, la que ve alborear el sol y la que le despide en el crepúsculo violáceo, ciudad natal de otro gran Cruzado de la Fe, el capitán de la primera cruzada Godofredo, quien al frente de los caballeros de la Cristiandad guió hacia Jerusalén la primera expedición de la marcha bendecida también como Cruzada de Liberación de los Santos Lugares por la Iglesia de Roma.

De la egregia y fascinante figura de Léon Degrelle se han dado muchas versiones tratando de definirle perfil de su singular personalidad se le ha encuadrado como "El Caballero del Ideal" Él mismo había manifestado "al servicio de mi fe, mi vida ha sido una espada". Otros le contemplan como un gran monje-guerrero, por esa mezcla mística, alquímica y épica. Para muchos era la versión mortal del sentido heroico de la vida. Entre sus rasgos se pone énfasis en el honor. Sin ser militar, cuando empuño las armas para defender la cultura frente a la barbarie, se alineo en el frente del Este, junto con el resto de sus camaradas europeos, en la segunda guerra mundial y por rigurosos meritos de guerra, en cuatro años, ascendió de soldado raso a General, magnificándose su figura como el gran guerrero de Europa. Su elocuente oratoria le convirtió en el tribuno del viejo continente. Como escritor supo dar a sus palabras la magia de la literatura universal. Como poeta fue inspirado, sublime. Léon Degrelle es el prototipo caracterológico de la inteligencia sintética y lógica, con una imaginación desbordante, con un actuar varonil, luchador, impulsivo y entregado siempre a la causa de los proyectos generosos y utópicos. Para todos Degrelle fue el gran idealista, el jefe natural político, en la búsqueda de lo espiritual, fue el adalid de la revolución de las almas.

Pero lo que es sorprendente, en la relación con Falange Española, es que desde 1934 fue el carné número 1 de la Falange Exterior, y por tanto Vieja Guardia del Movimiento Nacional fundado por José Antonio Primo de Rivera. Por su reconocimiento temprano como adelantado entre los camaradas falangistas, se le concedió la medalla de los luceros, la medalla de la Vieja Guardia que le distinguía como cofrade de honor de la Santa Hermandad de la Falange, con el número de expediente 35214, en el que se le confería el reconocimientote la antigüedad del año de 1934.

En sus memorias nos ha dejado el siguiente valioso testimonio: "La Falange, de inspiración católica, estaba política y espiritualmente muy próxima al rexismo. Yo mismo fui nombrado por José Antonio, en 1934, el número 1 de la Falange Exterior".

Y ¿cuáles fueron las prendas que le hicieron acreedor de tal distinción de vanguardia?

Las razones fueron múltiples. Léon era un juglar, un trovador, un heraldo, un bardo y un bate de la política. Un poeta que encajaba plenamente en el movimiento poético cuya bandera fue enarbolada por José Antonio en 1933, quien se dispuso a defenderla alegre y prácticamente., porque a los pueblos les dinamizan y les cantan sus poetas vernáculos.

Otra de las razones para ocupar el primer puesto era su valor y decisión en la militancia ascética. Falange era una formación de servicio y sacrificio, de jerarquía y disciplina, con aire militar y nombre guerrero. Léon representaba el arquetipo de lo castrense que también enarbolo en la vieja bandera de los Tercios españoles de Flandes, con la cruz de San Andrés, como signo de lucha y victoria.

Se reconocía al entregarle tal primicia el sentido religioso que infundió a su vida, poniéndose al frente del movimiento Rex, apocope de Christus Rex que le hacia invocar: "mirad la bandera de Rex con la cruz. Pensad en España. La España de la Cruzada de liberación de 1936, donde fueron asesinados por los rojos 8600 sacerdotes y donde todas las bendiciones de la Iglesia acompañaban al Movimiento Nacional". No en vano, en sus momentos de intimidad y reflexión interior, Degrelle meditaba: "si hubiera seguido mi verdadera vocación, la que siempre me ardió en el interior, hubiera sido un conquistador de almas", porque estaba persuadido que la salvación del mundo estribaba en la voluntad de las almas que creen.

A sus afinidades o identidades poéticas, guerreras o religiosas se unía el profundo calado social en la reivindicación de la dignidad humana abogando por la causa de la justicia de los demás desfavorecidos, en una genuina revolución social y popular que se alejaba tanto de los postulados capitalistas como de los dogmas marxistas.

Se valoro también para el nombramiento y la distinción de ser el ariete de la Falange Exterior, el llamamiento y la convocatoria a las juventudes como mástil y proa de sus respectivos movimientos así como la identidad de enemigos que compartían Rex y FE de las JONS la lid política. En frente se situaban los masones, los liberales de toda laya, loa marxistas, los explotadores, los infectados y contaminados por el subrepticio espíritu de los siervos del dinero.

En definitiva, Léon Degrelle y José Antonio se afanaron en la búsqueda de una nueva Europa unida por el arte, la cultura, la tradición, los ideales y no los meros y prosaicos intereses económicos de mercaderes y usureros.

Léon Degrelle se alineo con sus buenos amigos y camaradas de Falange Española. Y durante su exilio gozo de la amistad y el reconocimiento de Narciso Perales, de José Finat, el Conde de Malladle, de José Antonio Girón de Velasco, el Dr. Lafuente Chaos, de Roberto Reyes, de José Utera Molina, de Mario Sánchez Covisa, de Rafael García Serrano, de Pilar y Miguel Primo de Rivera, de Blas Piñar y de un estilizado etcétera cuya simple enumeración seria interminable.

Porque supo adoptar Léon Degrelle como lema de su coraje "a lo hecho, pecho" y porque interpreto como nadie que "quien no se expone, no se impone", al encender este año 2006 velas de jubilo por su reciente centenario, tenemos que ratificarle revalidando, hoy mas que nunca, su puesto como "el primer camarada", y como se entona en el en el himno funeral "entre todos el mejor".

Articulo tomado de la revista NOVA EUROPA, numero 3, verano 2006