
LA MÚSICA EN EL III REICH
Después de haber sembrado el desconcierto por toda Europa, llega a Barcelona la
tendenciosa, maliciosa y pecaminosa exposición "La música en el III Reich",
exposición amplia, gratuita y psicológicamente montada.
Por citar sólo un ejemplo, diremos que ante las diversas pantallas que emiten fragmentos
de documentales del III Reich, hay una escasa hilera de sillas, pero a medida avanza la
exposición, es decir, cuando poco a poco el público está más cansado, se va penetrando
en la música en los campos (no floridos, sino los otros) y ahí para ver el documental
hay varias hileras de sillas. En todo lo demás la misma demagogia. Se exponen dos dibujos
poco interesantes y nada representativos de Alfred Roller, el escenógrafo preferido de
Hitler.
No hay ninguna escenografía de Benno von Arendt pese a que era el escenógrafo de
Berlín. Su militancia en el partido de Hitler le supuso ocho años de campo de
concentración ruso, pero Benno von Arendt no aparece ni en la parte de la exposición del
III Reich ni en la de los campos. Benno von Arendt, no existe, es invisible. Hay diversas
escenografías de Ludwig Sievert, que era el más "moderno" de los escenógrafos
del III Reich, pero únicamente una de Preetorius que fue el más eminente. Hay un busto
de Wagner de Breker, y otra escultura de Breker, pero ambas de colecciones particulares.
Los museos oficiales, que son los que montan estas exposiciones, no tiene nada de la
música en el III Reich, pues es una época que para ellos nos existe, aunque cuando les
conviene utilizarla de gancho para que la gente vea otras cosas, entonces organizan una
exposición.
Dentro de los tópicos típicos, que se repiten desde hace años con machacona
insistencia, se halla el de que todos los grandes artistas se marcharon de Alemania, y
para demostrarlo hay una lista de desconocidos que según parece abandonaron Alemania en
esos años. En cuanto a los pocos nombres conocidos son mayoritariamente de judíos, es
decir, no alemanes. Los judíos hicieron muy bien en marchar para prevenir problemas con
la política al respecto del III Reich, pero los alemanes se quedaron, y para que ello no
resulte evidente, no hay ninguna lista de los que se quedaron. Se habla también en la
exposición de los compositores que fueron boycoteados en el III Reich. El día de la
inauguración se ofreció un concierto con algunas obras de una serie de compositores
desconocidos que según parece fueron ignorados en el III Reich durante los casi trece
años de gobierno, pero dado que siguen siendo desconocidos, habrá que considerar que
también fueron boicoteados por los gobiernos socialistas, monarquías, comunismos,
cristiano demócratas, dictaduras bananeras y en definitiva por todos los sistemas
políticos que han existido en el mundo desde 1945. Es decir, el III Reich los boicoteó
durante casi 13 años y nuestros rebuznantes amos los han boicoteado durante más de 60.
Entre los muchos nombres que no aparecen en la exposición por ninguna parte, hay que
mencionar especialmente uno muy importante y es el de Franz Adam. Este director eminente,
fundador en 1924 de la orquesta de la Radio Bávara que sigue funcionando con acreditada
fama, fundó en 1932, es decir, antes de llegar al poder, la orquesta sinfónica
nacionalsocialista. El 9 de julio de 1932 dicha orquesta bajo la dirección de su director
(miembro del partido número 348967), interpretó la cuarta de Bruckner, y su
interpretación fue tan del agrado de Hitler, que el Führer le regaló al director un
ramo de rosas que había recibido el propio Hitler a su llegada al Kursaal de
Berchtesgaden.
La lista de las cosas que faltan en la exposición sería mucho más larga de reseñar que
las que hay. Digamos para resumir que es una infame exposición montada demagógicamente y
con la finalidad de demostrar lo contrario de la realidad. Basura de la peor especie.
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El presente boletín es un trabajo excepcional, pues recoge muchos datos olvidados -o
mejor dicho ocultados- sobre la enorme labor artística, en este caso musical, durante el
III Reich.
Pero antes hemos de comprender el estado de este tema justo antes del ascenso al poder del
nacionalsocialismo, cuando la República de Weimar dominaba en Alemania bajo el poder los
magnates financieros, la brutalidad estalinista y la podredumbre, en Alemania la acción
oficial se basaba en una decadencia absoluta de la calidad, en subvenciones y pedidos a la
música americana, anti-alemana, el olvido del gran estilo, los bailables sexistas y los
ruidos más absurdos.
De igual forma, podemos ver como la decadencia y el peor gusto ha vuelto hoy en día:
Carmen Calvo, ministra de «Cultura» de la España actual, y aficionada al rock extremo
felicitó por sus «ideales» a Lujuria, un conocido grupo de heavy, entre cuyos discos
figuran títulos como "República popular del coito" o canciones como
Ninfomanía, Estrella del Porno, Joda a quien joda, etc. La ministra afirmó cartearse con
la banda segoviana, a cuyos integrantes escribió: «Ánimo, chicos, hay que seguir
teniendo ideales».
Así es, la alternativa democrática a la cultura nacionalsocialista es la basura ética,
el ruido, la brutalidad de la corrupción del gusto
son estos los vivos retratos de
los "valores" democráticos.
LA MÚSICA EN EL III REICH
Una vez más el "sistema" nos ofrece una muestra de su dominio y habilidad en la
manipulación informativa, y esta muestra la hallamos en el tema de la música en el III
Reich.
La música fue sin lugar a dudas y con enorme diferencia, la rama del arte que adquirió
un más espectacular desarrollo en la época del III Reich, no sólo en Alemania sino
también en Italia, y sin embargo aunque aparecen ocasionalmente libros sobre escultura,
pintura o arquitectura en el III Reich -y a veces incluso cine- siendo sólo alguno de
tales libros realizados con la mejor voluntad y medianamente objetivos, siempre queda en
el olvido la música. Sin embargo, cuando se habla de música, los libros son siempre
contrarios y sumamente tendenciosos. De tal forma que aunque el panorama musical del III
Reich fuera absolutamente impresionante, la política seguida por los vencedores ha sido
siempre intentar ocultar a los grandes valores musicales de la Alemania
nacionalsocialista. Cuando eso no ha sido posible, entonces se resaltan aspectos
circunstanciales que puedan dar la sensación de que determinadas personalidades musicales
eran críticas con el gobierno de Hitler.
En el caso de Richard Strauss, el más famoso de los
compositores del Ill Reich, se procura, de manera absolutamente generalizada, restar
importancia a las composiciones compuestas en los años del III Reich. Parece como si
Strauss hubiese tenido una crisis creativa a partir del 30 de enero de 1933, para
recuperar su inspiración el 8 de mayo de 1945, pero eso no fue así en absoluto sino que
fue precisamente durante la época del III Reich cuando compuso una parte de sus obras de
más alto valor.
Hans Pfitzner fue en su momento casi tan popular como Strauss, pero los problemas
derivados de la guerra le llevaron a morir en la miseria, en un asilo de ancianos y
teniendo que pagar su entierro los músicos de la Filarmónica de Viena. Los vencedores no
tuvieron inconveniente en humillar, arruinar, criticar y prohibir ejercer su arte a los
más eminentes compositores o intérpretes. De la misma manera que uno de los más
ilustres actores de cine alemanes, Heinrich George, murió en un campo de concentración
aliado, así otros hombres eminentes fueron arrinconados, privándoseles sus medios de
subsistencia. Tal es el caso de como es el caso del director bruckneriano Oswald Kabasta,
quien, desesperado, únicamente encontró la liberación en el suicidio. Antes de morir
envió una carta al alcalde de Munich donde le decía: «De un modo u otro, mi carrera ha
terminado; sé que durante toda mi vida no he hecho política, pero he sido arrastrado por
las ruedas de la política y debo expiar este comportamiento irracional mío... La primera
vez que toquen (¡mi!) octava de Bruckner, espero de su bondad que se acuerden de mí y de
mi mujer en silencio». Dos días después el matrimonio Kabasta se suicidaba. La esposa
pudo ser salvada, pero seis meses más tarde, la víspera de sus bodas de plata, acabó
con su vida.
Otros no eligieron el suicidio, pero tuvieron que pasar privaciones y deambular sin
trabajo. A hombres de la talla de un Furtwängler les fue prohibido dirigir. Así cuenta
Georg Solti la manera en que empezó su fulgurante carrera de director impuesta por el
Ejército americano:
«Un poco antes de las nueve y media apareció un jeep abierto con tres soldados. Alguien
me preguntó si yo era el señor Solti, me metí en el asiento trasero y arrancamos».
«No recuerdo haber sentido nunca más frío que aquella noche, conducido a través de la
oscuridad en un jeep abierto... todavía peor que el frío fue la visión de Munich al
amanecer. Jamás había visto una ciudad bombardeada. Había montones de escombros,
fechadas tambaleantes con las ventanas rotas... Fue una experiencia desgarradora después
de la seguridad de Suiza, donde no habíamos visto ni siquiera una casa bombardeada...
Kilényi vino a recogerme a la mañana siguiente y fuimos a ver al doctor Bauckner,
director general de la Opera del Estado de Baviera y la única persona de la antigua
administración que no había sido miembro del partido nazi»
«Me han preguntado a menudo qué justificación podía encontrar, siendo judío, para ir
a trabajar a Alemania después de los inenarrables crímenes perpetrados por el régimen
nazi... Tuve una suerte increíble llegando a Munich cuando lo hice. En pleno proceso de
desnazificación, los grandes directores Wilhelm Furtwängler, Herbert von Karajan, Hans
Knappertsbusch y Clemens Krauss no tenían permiso para dirigir en Alemania. Uno o dos
años después, cuando se relajaron las posturas y se les permitió trabajar de nuevo,
alguien con tan poca experiencia como yo jamás podría haberse convertido en director
musical de la Opera del Estado de Baviera, uno de los puestos más importantes de
Europa».
Esa afirmación de que "uno o dos años" más tarde la situación se suavizó en
una muestra del desbordante optimismo de Solti. Algunos tuvieron problemas mucho más
graves y sin ir más lejos, el escenógrafo Benno von Arendt tuvo que pasar ocho años de
cautiverio en Rusia y cuando por fin regresó a Alemania, se le montó un proceso de
desnazificación, pero para desconsuelo de los vengativos vencedores, falleció el mismo
año de su proceso y no fue posible condenarle de nuevo.
En el presente boletín queremos destacar algunos de los grandes compositores e
intérpretes alemanes. Algunos de ellos, pese al esfuerzo desesperado realizado por sus
enemigos para ocultarlos, siguen siendo conocidos y algunos son hoy en día inmensamente
populares. Entre los compositores tenemos nombres tan eminentes como Richard Strauss, Hans
Pfitzner, Carl Orff, Franz Lehar... Entre los directores de orquesta estaban ni más ni
menos Max von Schilling, Knapperstbusch, Furtwängler, Jochum, Bóhm, von Karajan (éste
se afilió al partido de Hitler en 1933), Clemens Kraus, Karl Elmendorf... Entre los
intérpretes tenemos a cantantes tan universalmente conocidos como Hans Hotter, Franz
Völker, María Müller, Elisabeth Schwarzkopf o Wilhelm Rode, (este último nacido en
1887 y muerto en 1959 es ahora totalmente desconocido ya que, como dice el "Reclams
Opernlexicon" de Rolf Fath, sus simpatías por el nacionalsocialismo le dejaron sin
trabajo después de la guerra) ... Y entre los solistas instrumentales Backhaus, Wilhelm
Kempf, Elly Ney, Kulenkampf...
Resulta grotesco y penoso que se repita una y otra vez que los grandes artistas marcharon
de Alemania con la llegada de Hitler. ¡En absoluto! Los grandes artistas alemanes se
quedaron en Alemania y colaboraron todos, sin excepciones y convencidos, a los objetivos
señalados por el Estado.
Es decir, si juntamos a los compositores alemanes y a los italianos, podemos afirmar
categóricamente que la ópera ha sido en sus últimas manifestaciones creativas un
fenómeno fascista y nacionalsocialista. Y esto, como diría Fichte, es así y es así
porque así es.
Vamos a incluir algunas pequeñas biografías de los compositores del III Reich, pero no
las incluiremos de directores o cantantes, sin embargo hay que constatar que todos, de una
manera u otra, formaron parte del aparato de propaganda del III Reich y colaboraron de
buen grado en la divulgación de los principales objetivos de Hitler como eran hacer
llegar la música al pueblo. Hay que mencionar a este respecto que ya en 1932, es decir,
antes de llegar al poder, se formó una orquesta sinfónica nacionalsocialista cuyos
miembros llevaban el uniforme del partido. Esta es una iniciativa que se ha mantenido
oculta, pese a ser el único caso conocido de un partido político con orquesta propia.
Igualmente los conciertos en las fábricas fueron una "especialidad"
nacionalsocialista. Nadie lo había hecho antes ni lo hizo después. Todos los directores
de orquesta colaboraron en ellos y todos con entusiasmo y dedicación. Furtwängler en una
entrevista aparecida en la Revista "Aspa" decía: "No sólo he
experimentado un placer especial en presentar mi agrupación ante públicos de modestas
pretensiones artísticas, sino que puedo asegurar que encuentro particularmente
interesante el dirigir ante los auditorios desprovistos de prejuicios musicales. Tengo una
especial complacencia en actuar ante los soldados heridos y en las fábricas de armamento
durante los descansos en el trabajo". Eso se llama nacionalsocialismo.
En cuanto a otros eminentes directores, como es el caso de Hans Knapperstbusch, no dudaron
en firmar -junto a Pfitzner y Strauss e importantes dirigentes nacionalsocialistas- el
manifiesto de la ciudad de Munich de protesta contra las declaraciones anti-wagnerianas de
Tomas Mann. "Kna" colaboró también en los conciertos en las fábricas y en un
ejemplar de la revista de propaganda Signal de 1944 se incluyó una gran fotografía en
color de dicho director... y lo mismo con el resto de directores o intérpretes. La
soprano María Müller, por ejemplo, al serle preguntado por el momento más feliz de su
carrera, no dudó en afirmar que fue el momento en el que, en Bayreuth, pudo sentarse
junto al Führer y conversar con él de música. En cuanto a Trude Eipperle colaboró como
única cantante de opera solista, en conciertos organizados e interpretados por el cuerpo
de música de la División SS Leibstandarte "Adolf Hitler".
En el III Reich la inmensa mayoría del pueblo estaba con Hitler y los músicos no fueron
una excepción.
Todo lo que hemos dicho hasta ahora, así como las cortas biografías que ofrecemos,
pueden ser discutidas por los posibles lectores. Lo esencial, lo evidente, es la calidad
de su obra musical y ese ha de ser el elemento fundamental a la hora de juzgar a todos los
ilustres nombres aquí presentes. En el arte, por suerte, las opiniones de unos y otros
son irrelevantes, lo fundamental es la propia opinión derivada de la sensibilidad de cada
cual ante el mensaje artístico.
BIOGRAFIAS
Strauss, Richard (1864-1949)
El enorme prestigio alcanzado por Richard Strauss, que puede ser considerado el único
compositor que ha logrado continuar de manera importante por el camino de la ópera,
-género que se podría considerar muerto de no haber existido Strauss-, hace que
constantemente se intente disimular la ideología política del compositor,
sobredimensionando sus discrepancias con algunos dirigentes nacionalsocialistas. En 1934,
Richard Strauss fue nombrado responsable de la Cámara de Música del Reich y en el
discurso pronunciado con motivo del I Dia del Compositor dijo: «Los dirigentes del
Movimiento revolucionario nacionalsocialista que se han propuesto reformar el destino del
pueblo alemán de manera nueva y feliz, han prometido que el cuidado del arte no será un
asunto secundario para el Estado y no será tratado por éste desde el punto de vista de
institución benéfica, sino que será un objetivo y propósito mismo del Estado. Y que
estas cabezas cumplen lo que prometen, esto ya se ha demostrado... Vuelvo a dar las
gracias al protector de todos los artistas alemanes, a nuestro Führer Adolf Hitler, al
Ministro del Reich Dr. Goebbels y a todos los que colaboran en la renovación de la
cultura musical».
Y estas palabras no fueron algo casual. Richard Strauss fue esencial para hacer frente al
boycot que los círculos políticos enemigos del nacionalsocialismo, intentaban organizar
por todos los medios.
Aunque permanentemente se pretende que las obras compuestas por Richard Strauss durante el
III Reich fueron pocas y malas, y se intenta quitar valor a las mismas, no hay duda que
esto es una de las muchas manipulaciones que gente intransigente y totalitaria utiliza
para sus oscuros objetivos políticos. Richard Strauss estrenó en el III Reich nada menos
que seis óperas, de las cuales actualmente la más conocida es quizás
"Capriccio", aunque para Richard Strauss la más interesante era
"Dafne" que se representa escasamente. Escribió en esos años el Himno
Olímpico de las Olimpiadas de Berlín de 1936, así como música festiva japonesa
realizada por motivos políticos. También estrenó en esos años el concierto para trompa
nº 2, considerada como una obra capital para este instrumento, y también
"Metamorphosen" y otras muchas obras, entre ellas marchas militares.
Hacia el final de la II Guerra Mundial escribió a su nieto Christian: "Cuando
recuerdes tu último cumpleaños, deberás pensar con desprecio en los bárbaros, cuyos
actos viles están reduciendo a nuestra hermosa Alemania a ruinas y cenizas... si vuelves
a leer estas líneas dentro de 30 años, piensa en tu abuelo que trabajó durante 70 años
por la cultura alemana y por el honor y el renombre de su país".
Müller, Maria (1898-1958)
Fue la cantante alemana más famosa de su tiempo y tenía un lugar permanente en los
Festivales de Bayreuth desde 1930 a 1944. Fue también muy popular en Estados Unidos por
sus intervenciones en el Metropolitan, sin embargo después de la guerra prácticamente
dejó de actuar, sus manifestaciones a favor de Hitler fueron suficientes para que su
nombre no haya alcanzado la celebridad de otros cantantes de su mismo nivel.
Pfitzner, Hans (1869-1949)
Pfitzner fue, junto a Richard Strauss, el compositor más importante dentro del III Reich.
A diferencia de Strauss, no compuso obras especialmente significativas en tiempos del III
Reich, siendo autor de numerosos textos que combatían las nuevas corrientes musicales
atonales o dodecafónicas y que fueron en definitiva los que le crearon una enorme
cantidad de enemigos. Su obra más famosa "Palestrina" vuelve a ser en la
actualidad de repertorio en Alemania. Otras obras suyas como "Der
Christelfelin", "Die Rose vom Liebesgarten" o "El Pobre Enrique"
gozan de muy poco renombre actualmente. Durante un tiempo compitió en celebridad con
Strauss, pero las numerosas enemistades que le habían granjeado sus escritos, fueron
decisivos para que al acabar la II Guerra Mundial fuera definitivamente olvidado y
arrinconado muriendo en un asilo de ancianos y teniendo que costear los gastos de su
entierro los músicos de la Filarmónica de Viena. De la misma manera que Strauss,
Pfitzner destacó en la música dramática, sinfónica, lieder... Durante el III Reich
compuso algunas obras muy logradas, como es la Sinfonía en Do de la que ofrecemos algún
fragmento. Su actitud frente a la evolución de la música, puede verse en el siguiente
texto sacado de su escrito "
"El comunismo en el arte. Melodía colectiva: no pertenece a nadie y pertenece a
todos. Ordimariez americano-internacional. En el "Frankfurter Zeitung" podemos
ver hasta que punto nos hemos apartado ya de Wagner. La lucha por la destrucción de la
espiritualidad alemana, el arte y la música alemanes, procede tanto del exterior como del
interior... Nosotros, que amamos el arte alemán, que lo vivimos, nosotros no nos
apartamos del pasado, nuestras raíces están en él, que es magnífico y profundo".
Poco a poco Pfitzner ha vuelto a ganarse la consideración de una parte del mundo de la
música. Su "Palestrina" es ahora de repertorio en algunos teatros, sus obras
sinfónicas se interpretan, con cierta frecuencia y casi su obra completa se halla editada
en CD. Han sido necesarios 50 años de esfuerzos de diversas iniciativas privadas para que
se haya roto el velo del olvido hacia este excelente compositor. Cada cual puede construir
a ello adquiriendo algunas de sus obras, especialmente "Palestrina" y "Der
Christelflein" entre las dramáticas y sus lieder o su sinfonía en do entre el
resto.
Ludwig Sievert (1887-1966)
Escenógrafo. Fue muy influenciado por el neo- romanticismo y el Jugendstil, evolucionando
posteriormente hacia el expresionismo simbólico y el realismo. Hizo múltiples puestas en
escena para la ópera y el teatro en tiempos del III Reich. Influyó de manera manifiesta
en el actual escenógrafo Günther Schneider-Siemssen que trabajó con Karajan en
Salzburgo y que ha obtenido sonoros éxitos en el Metropolitan de Nueva York. Si
comparamos las escenografías de estos dos escenógrafos veremos la evidente influencia de
Sievert.
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