
DECRECIMIENTO Y PROGRESO
Este es un tema 'de moda' actualmente en el debate sobre las soluciones reales a la
destrucción brutal de la Naturaleza por parte del sistema democrático.
Son varios los pensadores alternativos que trabajan sobre la necesidad de un
'decrecimiento' razonable como única solución posible al egoismo y la voracidad que la
demagogia democrática, junto al materialismo marxista, ha impuesto en las mentes
actuales.
Alain de Benoist ha sido sin duda uno de los portavoces de esta necesidad, que pese a todo
no está a veces aclarada en muchos aspectos, y puede aparecer como una mera utopía.
Vamos a reproducir primero el artículo sobre este tema del argentino Alberto Buela, para
luego analizar más a fondo la posibilidad real de esta posición.
Dice Buela:
"Hemos sostenido en un artículo reciente que: "La idea de progreso, según
nuestra opinión, tiene que estar vinculada a la idea de equilibrio de los efectos.
Progreso en la medida en que las consecuencias o efectos del mismo se equilibran de tal
forma que puedo realizar nuevos progresos sin anular los efectos del primero". (1)
Queremos ahora profundizar en la relación entre decrecimiento y progreso, pues nos
encontramos con dos hechos indubitables y evidentes, pero que al mismo tiempo se presentan
como contradictorios. Por un lado tenemos la acumulación masiva de datos que muestran el
desquiciamiento de los ecosistemas planetarios y el deshilachado del tejido social de las
naciones tanto pobres como opulentas. Y por otro, el ansia y la tendencia natural del
hombre al progreso. ¿Cómo compaginar estos dos hechos irrecusables por evidentes?.
Si bien la idea de decrecimiento fue manejada por el anarquismo clásico como los ludditas
que destruían las máquinas al comienzo de la revolución industrial y reclamaban menos
horas de trabajo para el estudio y la formación personal, esta idea fue enunciada por
primera vez por el mejicano Ivan Illich por los años 60 cuyo apotegma fue: Vivir de otro
modo para vivir mejor. A él le siguieron pensadores como Jacques Ellul que en 1981
proponía no más de dos hora de trabajo diario, para concluir en nuestros días con los
trabajos del reconocido sociólogo Serge Latuche: Por una sociedad del decrecimiento(2004)
y del ingeniero mejicano Miguel Valencia Mulkay: La apuesta por el decrecimiento(2007).
Acaba en estos días de publicar el pensador Alain de Benoist "Demain la
décroissance. Penser l'écologie jusqu'a bout" (Edite, 2007).
Se parte de la base que el crecimiento económico por el crecimiento mismo lleva en sí el
germen de su propia destrucción. El límite del crecimiento económico lo está dando el
inminente colapso ecológico. Hoy desaparecen 200 especies vegetales y animales
diariamente. De modo tal que el crecimiento económico comienza a encontrar límites
ecológicos (el calentamiento de la tierra, el agujero de Ozono, el des-congelamiento de
los Polos, la desertificación del planeta, etc.)
Es que la sociedad capitalista con su idea de crecimiento económico logró convencer a
los agentes políticos, económicos y culturales que el crecimiento económico es la
solución para todos los problemas. Así hoy el progresismo político ha rebautizado con
los amables nombres de "ecodesarrollo", "desarrollo sostenible",
"otro crecimiento", "eco-eficiencia", "crecimiento con rostro
humano" y otros términos, que demuestran que este falso dios está moribundo (2).
A contrario sensu de esta tesis el inimputable de George Bush sostuvo el 14/2/2002 en
Silver Spring ante las autoridades estadounidenses de meteorología que: "el
crecimiento económico es la clave del progreso ecológico".
En realidad el pensamiento ecológico se va transformando sin quererlo en subversivo al
rechazarla tesis de que el motivo central de nuestro destino es aumentar la producción y
el consumo. Esto es, aumentar el producto bruto interno-PBI de los Estado-nación.
La idea de decrecimiento nos invita a huir del totalitarismo economicista, desarrollista y
progresista, pues muestra que el crecimiento económico no es una necesidad natural del
hombre y la sociedad, salvo la sociedad de consumo que ha hecho una elección por el
crecimiento económico y que lo ha adoptado como mito fundador.
El asunto es ¿cómo dejar de lado el objetivo insensato del crecimiento por el
crecimiento cuando éste se topa con los límites de la biosfera que ponen en riesgo la
vida misma del hombre sobre la tierra?. Y ahí, Serge Latuche tiene una respuesta casi
genial: avanzar retrocediendo. (3)
Es decir, seguir progresando desactivando paulatinamente esta bomba de tiempo que es la
búsqueda del crecimiento económico si límites. Y para ello hay que comenzar por un
cambio en la mentalidad del homo consumans como designó nuestro amigo Charles Champetier
en el libro homónimo, al hombre de hoy.
Sabemos de antemano que esto es muy difícil pues la sociedad mundial en su conjunto ha
adoptado la economía del crecimiento y vencer a los muchos se hace cuesta arriba, pues
como afirmaba el viejo verso del romancero español:
Vinieron los sarracenos
Y nos molieron a palos,
Que Dios protege a los malos
Cuando son más que los buenos.
El establecimiento de una sociedad del decrecimiento no quiere decir que se anule la idea
de progreso sino que se la entienda de otra manera, tal como propusimos al comienzo de
este artículo. Hay que dejar de lado de una vez y para siempre la idea de progreso
indefinido tan cara al pensamiento ilustrado de los últimos tres siglos. Porque sus
consecuencias nos sumieron en este estado de riesgo vital que estamos viviendo hoy todos
los hombres sin excepción.
Debemos superar los aspectos nocivos de la modernidad en este campo, y sólo podemos
hacerlo con una respuesta postmoderna que lleve un anclaje premoderno. Por ejemplo,
rompiendo el círculo del trabajo para volver a trabajar intentando recuperar, no la
pereza, como afirma Lafargue, ni la diversión como afirma Tinelli, sino el ocio= la
scholé= la scholae= la escuela, esa capacidad tan profundamente humana y tan creativa que
nos hace a los hombres personas.
No es tan difícil reestablecer en economía el principio de reciprocidad de los cambios
tanto entre los hombres en el intercambio de mercaderías como entre el hombre y la
naturaleza, volviendo a pensar a la naturaleza como amiga. Ese principio de reciprocidad
que morigere la salvaje ley de la oferta y al demanda.
Si no lo hacemos se encargará con su fuerza interna de mostrárnoslo la propia realidad
de las cosas, con la fuerza cruel que impone la pedagogía de las catástrofes.
alberto.buela@gmail.com
Casilla 3198 (1000) Buenos Aires
(1) Dos ideas distintas de progreso, en internet, octubre de 2007
(2) Miguel Valencia Mulkay: La apuesta por el decrecimiento (2007)
(3) Serge Latuche: Por una sociedad del decrecimiento (2004)"
Ahora bien cuando tratamos de meditar sobre COMO presentar y plantear ese 'Decrecimiento
razonable'.
Nos dice Buela que no se trata de anular los avances realmente útiles, el Progreso en lo
necesario y positivo. Y es que hoy se llama 'progreso' a la avalancha de inutilidades,
superfluidades o nimiedades que conlleva el consumismo de Mercado.
Si leemos el texto de Buela, nos indica como puntos la recuperación del Ocio y la
reciprocidad en el intercambio con la Naturaleza, o sea sacar a la Naturaleza de las leyes
de Mercado utilistas desde el homo-centrismo.
Ambos temas son importantes, pero no se nos escapa que no responden a la pregunta
Hace unos años leí un libro llamado 'Destruyan Armonía', de un camarada mexicano, donde
se planteaban soluciones muy interesantes para una sociedad no consumista, pero en real
'progreso' para las necesidades reales de la gente.
 |