¿VOTAR?

En cierta ocasión, una persona me comentó que tras recibir una pregunta contestó: "Si he de explicártelo, es que algo falla". Y no hay que buscar más para desencriptar la situación actual. Algo falla y de forma masificada.

"La masa es vaga y no tiene memoria." Ésta es una verdad a medias y las verdades a medias son mentiras imponentes. La sentencia correcta sería: "La masa es vaga, idiota y no tiene memoria." Los más optimistas sólo verán que hay una palabra de más, pero quizás aquellos más mal intencionados se percaten de aquella verdad popular que sentencia: "De donde no hay, no sale".

Tras votar hace décadas, en mi primera vez como participante del mágico sufragio universal (1), me sentí engañado. Años más tarde, tras nuevas promesas y diferentes ropajes, me volví a ver seducido. Voté y me volví a sentir engañado. En la siguiente legislatura presté más atención, anoté todas las promesas, las buenas palabras… reconozco que también contó algo el color de los carteles publicitarios (2), y el hecho de que hubieran muchas pancartas con el mismo nombre. Volví a votar y me puse a analizar someramente si cumplían o no con sus palabras. Palabras al aire y aires llenos de palabras fueron los pocos hechos que constaté en el primer año después de las elecciones. Pasado un poco más de tiempo apenas me acordaba de qué habían prometido, menos mal que lo apunté en un papelito. Constaté que tenía mucha relevancia lo que prometían, porque después realizaban lo contrario. A un año de las nuevas elecciones, ya hacía tiempo que perdí el papel donde anoté las promesas electorales y ni siquiera me acordaba de a quién había votado. Dando un nuevo "voto" de confianza al sistema "un voto, una promesa", me hice el interesado sobre la nueva campaña electoral, aunque reconozco no saber bien bien cómo pasó. No fui a ningún mitin, ni militaba en ningún partido, ni me interesé nunca en buscar información política, lo único que hacía era trabajar y al llegar a casa encender el televisor… no sé qué me haría interesarme en votar! Pero bueno, dejando a un lado los temas metafísicos, digamos que volvía a introducirme en el mundillo de las votaciones, sí, sí el mismo que había olvidado por completo desde la última campaña electoral, y volví a jugar a las elecciones salvadoras. Todo y estar contagiado por ese ímpetu general, algo dentro de mí ya había empezado a desmitificar todas aquellas promesas, así que tras muchos rodeos me quedé totalmente enamorado de aquellos carteles en los que se leía "Nosotros no somos como… Nosotros no haremos como…" Vi ese aire renovador en ellos y volvía a jugar ese papel que tanto me pedían, deposité la papeleta…

La pequeña historia anterior, curiosamente, no tiene fin. Ocurren un sinfín de memeces, ropajes y colores diferentes que siempre consiguen atraer al protagonista en ese eterno juego (3). Del protagonista nos ha llegado muy poca información. Sabemos que es un hombre de edad indiferente y del tipo homo-borregus. Por algunos datos, hemos podido deducir también que vive en un país democrático de un planeta llamado tierra, que curiosamente está formado mayoritariamente por agua.

No es pertinente perder más tiempo hablando de algo tan… lúdico. Como decía un poeta francés: "Desde los tiempos de Adán, los necios están en mayoría." Así que a ellos les dejamos ese entretenido juego democrático, revestido de galones y seriedades.

Tú votas, ellos mandan. No votas, ellos…

(1) Se ha perdido el origen de la palabra, pero por lo que podemos deducir, viene del latín y quiere decir algo así como: "El sufrimiento del universo".
(2) No sabemos si el autor se refiere a carteles de anuncios de champú o a carteles de propaganda electoral.
(3) El juego al que se refiere se llama votar y consta de tres elementos: un sobre con un papelito dentro, una mano y un idiota. Hay varias formas de jugar. La mano derecha y la mano izquierda se pueden utilizar indistintamente, y en el sobre pueden haber miles de papelitos diferentes, pero la peculiaridad del juego es que siembre necesita un idiota.