
Fútbol y la propaganda comunista
Presentamos integro el siguiente artículo que constituye uno de los más grandes mentiras
en torno a la "ocupación" de Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial
Los once del patíbulo
(http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3038-2006-06-04.html)
La versión más famosa de este partido es la de Escape a la victoria, la película de
John Huston con Stallone, Michael Caine, Ardiles y Pelé. Pero también es la más alejada
de la verdad: transcurre en París, termina en empate y ningún jugador muere. El
encuentro entre once cracks famélicos y una selección de la Luftwaffe en la Ucrania
ocupada por los nazis fue muy diferente y terminó mucho peor.
La formación del Dynamo Kiev, el club en el que jugaba buena parte de los cracks que
formarían el FC Start.
Por Ariel Magnus
Para los que nos gusta el fútbol, todo partido tiene algo
definitivo. Días antes del encuentro, no importa si lo esperamos como jugadores o como
espectadores, la realidad empieza a precipitarse hacia el gran evento y cuando faltan
pocas horas nada de lo que venga más tarde parece posible. Es una especie de fin de
mundo, el momento del pitazo inicial, porque la pasión ordena que los partidos sean a
muerte, que en todos uno deje las piernas, la garganta, la vida. Claro que los noventa
minutos pasan, incluso los que deciden un campeonato internacional o un mundial, y la
espera de siete días o cuatro años vuelve a tomar su curso. Pero esta búsqueda del
partido absoluto, el partido que lo decidirá todo, no es simple expresión de una utopía
inalcanzable, sino también una especie de tributo a un partido verdaderamente definitivo,
un partido que fue literalmente a muerte, tal vez el más dramático de la historia.
Tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial, entre un combinado del ejército nazi y el
Dynamo Kiev de Ucrania. Uno de sus principales fomentadores fue Iosif Kordik, un hombre
taciturno y cruel al que sólo se le conocía una pasión: el fútbol. Como casi todos los
fanáticos de ese deporte en Ucrania, Kordik era hincha del Dynamo Kiev, un equipo que ya
en ese entonces se encontraba entre los mejores de Europa. Corría el año 1942. Hacía ya
varios meses que Kiev estaba bajo el poder de los nazis y todos los jugadores del Dynamo
habían pasado a la clandestinidad. Caminando un día por las ruinas de su ciudad, Kordik
sintió que el corazón le daba un vuelco: en la vereda de enfrente estaba uno de sus
ídolos, el arquero Trusevich.
Para entender lo que debe haber pasado por la cabeza de Kordik en ese momento supongamos
que fuera un catalán de hoy, naturalmente fanático del Barça, y que de pronto hay
guerra, el ejército enemigo ocupa Barcelona, los campeones de España pasan a la
clandestinidad y caminando un día por la calle Kordik ve, hambriento y en harapos, a
Ronaldinho. Un encuentro extraño, por decir lo menos. Y más extraño aún si a eso le
agregamos que la guerra ha invertido los papeles y ahora Kordik tiene más poder que
Ronaldinho, pues regentea una fábrica de pan. Lo que en otras circunstancias hubiera
terminado con un grito de saludo o un pedido de autógrafo, aquí marcó el principio de
un sueño: invitado a trabajar para Kordik, Ronaldinho va trayendo a sus otros
compañeros: Messi, Puyol, Eto'o...
Eso fue más o menos lo que pasó en 1942, pero con jugadores de los clubes locales Dynamo
Kiev y Locomotora Kiev. Kordik, que trabajaba para los nazis y no era ningún Schindler,
no les dio asilo por piadoso o humanitario sino porque le gustaba la idea de verse rodeado
de sus estrellas, pero igualmente sacó de la miseria a los mejores futbolistas del país
y a muchos deportistas de otras disciplinas. Además de un trabajo fijo y un poco de pan
todos los días, les ofrecía algo casi tan importante: la posibilidad de jugar al
fútbol. En el patio de su panadería comenzó a formarse así el dream team de Kiev y de
toda Rusia: el FC Start.
Meses después de haber invadido Ucrania, los nazis buscaron reinstaurar en Kiev algún
tipo de normalidad completando el estadio y creando una nueva liga de fútbol de seis
equipos, cuatro formados por soldados alemanes o de ejércitos afines al Reich, uno de
ucranianos colaboracionistas (el Rukh) y el FC Start. Para la inauguración del campeonato
se enfrentaron los dos equipos locales, el de los panaderos subalimentados que no tenían
ni botines y el de los colaboracionistas de panza más llena y ropa limpia. Ganó el
equipo de Trusevich por 7 a 2.
Los camaradas de la fábrica de pan jugaban con remeras rojas, eran todos miembros del
Partido Comunista y no ocultaban su antipatía por el régimen que desde hacía casi un
año se había hecho cargo de su país. Su victoria frente a los colaboracionistas no era
la mejor propaganda para el gobierno de la esvástica, así que el entrenador del Rukh,
otro ucraniano que trabajaba para los nazis, hizo que las autoridades prohibieran de ahí
en más que el FC Start jugara en el gran estadio de Kiev. Pero ser desplazados a un
estadio más pequeño no le impidió continuar con su racha ganadora (llegó a alzarse con
un 11 a 0 contra el equipo rumano). Mientras el Start entusiasmaba a cada vez más gente
en el estadio chico, el Rukh aburría incluso a los soldados de licencia dentro del
estadio grande. Lo más honesto que hicieron los colaboracionistas durante su penosa
campaña fue dejarse ganar por el Flakelf. Presentado como un equipo de la fuerza aérea
alemana que nunca en su historia había perdido, los invencibles del Flakelf eran los
destinados a terminar con el mito Start, que ya empezaba a transformarse en el baluarte de
la resistencia entre la población. El gran desafío tuvo lugar el miércoles 6 de agosto.
El FC Start voló más alto que las águilas alemanas: 5 a 1.
El combinado de la Luftwaffe derrotado. Hacía ya varios partidos que el campeonato había
terminado. Invictos y con 43 goles en siete encuentros, los rojos eran los campeones
indiscutidos. Pero los alemanes querían revancha. El jueves 7, un día después de la
humillante derrota del Flakelf, la ciudad amaneció empapelada por el anuncio (impreso en
el mismo papel gris que se usaba para los edictos oficiales) de que el domingo 9 tendría
lugar la revancha. Como insinúa pícaramente Maradona cuando habla de los partidos de la
selección argentina contra la inglesa, no hay que mezclar fútbol con política, pero que
se mezclan, se mezclan. Vale decir: la revancha contra el Flakelf no era un partido más,
y los jugadores en torno de Trusevich lo sabían. Para ese momento, ellos eran el honor de
Kiev, y no sólo el deportivo. La gente y aún los soldados de los ejércitos aliados a
Hitler se acercaban a la fábrica o al vestuario para ofrendarles comida. Mediante
donaciones pudieron incluso completar su equipo con medias y shorts. Jugar a perder
habría sido una traición impensable.
Minutos antes del encuentro, los rojos recibieron visita en el vestuario. "Saluden a
sus oponentes según nuestra forma", aconsejó a los jugadores del equipo ucraniano
un hombre vestido con el uniforme de la SS, quien sería árbitro del partido. Lo que con
toda amabilidad les estaba pidiendo era que recibiesen al combinado de la Luftwaffe, la
fuerza aérea alemana, con un sonoro "¡Heil, Hitler!". En el estadio repleto
(sobre todo por soldados nazis), los rojos no siguieron su consejo: al principio del
partido levantaron el brazo al estilo hitleriano, pero para inmediatamente golpearse el
pecho y gritar el saludo ruso "¡Fizcult Hurra!", "¡Viva el
deporte!". No sería la última regla que romperían durante el partido: frente a un
equipo bien alimentado y con once jugadores suplentes, un equipo que prefería pegarle al
cuerpo de los contrincantes que a la pelota y un referí que parecía ciego para todo lo
que no fueran sus faltas contra los alemanes, los once del FC Start (mal alimentados,
exhaustos, sin suplentes y jugando suave para que no le echaran a nadie), se fueron al
descanso con tres goles a favor contra uno.
En el entretiempo volvieron a recibir la visita de un hombre en uniforme, y no
precisamente para felicitarlos por su victoria parcial. Hay versiones encontradas sobre el
tono que manejó el visitante. Según algunos, primó la moderación: "Ustedes no
pueden ganar -dicen que dijo el Offizier-. Piensen en las consecuencias". Según
otros, la amenaza fue directa y cristalina: "Si ganan, los fusilamos". Lo
cierto, más allá de los matices, es que los jugadores del FC Start sabían que se
estaban jugando la vida. Y no les importó.
Para el segundo tiempo, el campo de juego fue rodeado por soldados. El clima tiene que
haber sido el más denso que conoció jamás un estadio durante un encuentro de fútbol.
Trusevich, el arquero, que en la primera mitad había recibido una patada en la cabeza que
lo había dejado inconsciente por varios minutos, ahora era atacado por la tribuna con
todo tipo de objetos. Sin embargo, la presión de los fans del Start también supo
amedrentar a los jugadores del Flakelf, que suavizaron su juego. El partido terminó 5 a 3
para el FC Start, pero la verdadera humillación fue un gol que nunca se concretó, el
sexto gol invisible: Alexei Klimenko, como Maradona ante los ingleses, esquivó a toda la
defensa, incluido el arquero, y llegó solo hasta el arco. Pero en lugar de empujar la
pelota hacia adentro, la paró sobre la línea y la tiró nuevamente hacia el centro de la
cancha. Temiendo una humillación aún mayor, el referí dio por finalizado el encuentro
antes de que se cumpliesen los noventa minutos reglamentarios.
La represalia tan temida no llegó de inmediato. Una semana después, los rojos fueron
incluso invitados a jugar la revancha contra el Rukh y, guapos, ganaron 8 a 0. Pero unos
días después la fiesta se terminó: oficiales de la Gestapo vestidos de civil se
acercaron a la fábrica con una lista de los 9 jugadores del antiguo Dynamo Kiev. Uno por
uno fueron arrestados y llevados al cuartel central de la policía secreta alemana. Todos
los jugadores eran miembros del Partido Comunista (debían serlo para poder afiliarse a un
club bajo el régimen comunista), pero Nikolai Korotkykh era un agente activo de la
policía rusa, de modo que a él lo fusilaron en el acto. El resto fue torturado
sistemáticamente durante días, buscando que se delataran los unos a los otros para así
ajusticiarlos de forma "legal". No lo consiguieron, y acabaron derivándolos al
campo de concentración de Siretz, conocido por sus fusilamientos masivos y el sadismo
salvaje de sus guardias.
Sólo cuatro de los nueve jugadores lograrían escapar, el resto moriría fusilado o
desaparecería sin dejar rastros. Para los sobrevivientes, la liberación rusa en
noviembre de 1943 no fue su propia liberación. Como casi todos los que vivieron bajo la
ocupación alemana, también ellos eran considerados poco menos que colaboradores. Por su
bien, muy temprano circuló la versión de que habían sido asesinados inmediatamente
después del partido, con sus equipos de fútbol aún puestos. Vivos, eran sospechosos;
sólo muertos servían para héroes.
La historia del partido de la muerte fue contada muchas veces, aunque en la mayoría de
los casos de forma más cercana al mito que a la verdad. La más famosa, Escape a la
victoria, la película de 1981 con Sylvester Stallone, Michael Cain, Osvaldo Ardiles y
Pelé, se encuentra lejos incluso de las versiones más alejadas de la realidad: el
partido ocurre en París, termina en empate y ningún jugador muere. Imperdible, eso sí,
son las escenas de fútbol, diagramadas por Pelé y filmadas con maestría por John
Huston.
Paralelamente a la creación del mito, se intentó también ser más fiel a la verdad. Con
la reciente publicación de Dynamo: Defendiendo el honor de Kiev del inglés Andy Dougan
(2001) y documental (todavía inédito en América Latina) Los once de la muerte del
alemán Claus Bredenbrock (2005) se terminó de contar la historia verdadera de un partido
que parece mentira. Pero eso no significa que los ánimos se hayan calmado del todo.
"Poco antes de estrenar mi documental recibí tres cartas, presumo que de grupos
neonazis, diciendo que todo eso era una patraña", cuenta Bredenbrock en diálogo
telefónico con Radar. Es que los grupos derechistas insisten en que el Dynamo era un club
creado por la policía secreta rusa y en que no hay indicios de que los jugadores hayan
sido apresados como consecuencia de la victoria. Los filonazis gustan citar también la
sentencia del tribunal de Hamburgo, que en 1973 y 2002 recibió denuncias por este crimen
de guerra e hizo las investigaciones correspondientes pero sin llegar a ningún resultado.
En cuanto a los sobrevivientes, después de décadas en el olvido fueron rehabilitados a
mitad de los años 60 y declarados héroes en vida. Aún hoy su historia se enseña en las
escuelas. Cerca del estadio chico hay un monumento que recuerda la proeza: "Para los
jugadores del Dynamo Kiev -se lee en el zócalo-, que murieron heroicamente por el honor
de su patria con la frente alta ante el invasor nazi".
NOTA: El rigor histórico ha demostrado que la mayoría de los jugadores que participaron
en este partido murieron en los campos de la muerte de los soviéticos. La URSS elaboró
varias películas sobre el tema malísimas todas ellas y sobreactuadas.
Un hecho es notorio sobre estos acontecimientos se puede hacer revisionismo y no es penado
por una razón muy sencilla en ella no intervinieron judíos y es lógico los Futbolistas
Judíos son pésimos.
En México se intento dar propaganda a un libro antinazi en materia de Futbol, pero tuvo
poca respuesta porque la gente siente una gran admiración por los alemanes y no se la
cree tan fácil, en los deportes se gana por capacidad o por "domping" como era
el caso durante años del deporte Comunista
Transcribimos el siguiente artículo de una de las plumas de la empresa hebrea Televisa.
Futbol alemán.
Por: (La fórmula es) Raúl Orvañanos
Día: 9/13/2005
--------------------------------------------------------------------------------
El papel del futbol alemán bajo el nazismo, la complicidad de clubes y funcionarios
con la dictadura de Adolfo Hitler, así como algunos casos en que se intentó ejercer
alguna resistencia, son los temas de un libro presentado hoy en Berlín por el ministro de
Interior, Otto Schily.
El libro, titulado "El Futbol bajo la cruz gamada" y escrito por el historiador
Nils Havemann, es el resultado de un estudio encargado por la Federación Alemana (DFB)
sobre los años del nacionalsocialismo después de surgieran críticas por le hecho de que
ignorase esa parte de la historia de la organización.
Havemann, tras consultar documentos en más de 40 archivos en diversos países del mundo,
llegó a la conclusión central de que principalmente durante los 2 primeros años
nazismo, entre 1933 y 1935, la adhesión de los dirigentes al régimen había sido
especialmente fuerte.
Ello se debió en buena parte, según el estudio, a que la Federación Alemana de Futbol
(DFB) pasaba por una difícil situación financiera, tras las crisis económicas de la
República de Weimar, de la que logró salir gracias a los impulsos que dio inicialmente
el régimen nazi
Sin embargo, hubo excepciones a esa actitud como la que mostraron en su momento los
dirigentes del Bayern Munich que mantuvieron la fidelidad a su Presidente Kurt Landauer
pese a que este, por su condición de judío, había sido forzado a dejar el cargo y a
marcharse al exilio a Suiza.
"El club siguió viendo a Landauer como Presidente, y jugadores y dirigentes lo
visitaron en Suiza pese a saber que con eso se ponían en la mira de la Gestapo",
dijo hoy el Presidente de la DFB, Theo Zwanziger, durante la presentación del libro.
Otros clubes, en cambio, tuvieron un comportamiento completamente opuesto y entre ellos el
libro de Havemann destaca al Werder Bremen y al 1860 Munich, que fueron cercanos al
nazismo hasta el final.
A partir de 1935, el entusiasmo por el nazismo disminuyó en buena parte porque el
régimen empezó a entrometerse de forma demasiado clara en la organización de la DFB, a
la que los más radicales veían con malos ojos por estar abierta a la comercialización y
la internacionalización del deporte.
Sin embargo, la conclusión general es que la mayoría de los funcionarios, algunos por
oportunismo y unos pocos por convicción, contribuyeron a la estabilidad del régimen
nazi.
Incluso, algunas figuras sagradas del futbol alemán no salen nada bien paradas, como es
el caso del seleccionador Campeón del Mundo en 1954, Sepp Herberger.
"Es doloroso pero hay que decir que el estudio arroja una sombra sobre Sepp
Herberger", dijo Schily.
La DFB piensa utilizar el estudio para tratar de aumentar la conciencia de entrenadores y
jugadores en la lucha contra el racismo y la xenofobia.
Con el mismo propósito, se anunció hoy la creación del Premio Julius-Hirsh, dotado con
20 000 euros, que será entregado por primera vez el 9 de Diciembre de este año al Bayern
Munich, por su contribución a la lucha contra el racismo.
El premio es un homenaje al internacional Julius Hirsch, que por su condición de judío
fue deportado al campo de concentración de Auschwitz, en donde murió asesinado por los
nazis.
Para la DFB, el libro de Havemann -que llena un vacío que había sido objeto de duras
críticas durante las festividades del centenario de la organización- no debe ser visto
como el final de un trabajo sino como el comienzo de una intensificación de la lucha
contra la xenofobia en los estadios.
Por desgracia no hemos encontrado los datos sobre este "futbolista fenómeno"
que seguramente fue mejor jugador que Beckenbauer.
Ahora resulta que se deben encontrar hebreos para que
el deporte sea digno da lástima que los equipos de esta raza no destaquen en ningún
deporte, que para eso tienen su "Macabiada".