
ABORTO: GENOCIDIO DEMOCRÁTICO
La defensa de la familia tradicional y el derecho a la vida parecen haber perdido valor en
la sociedad actual pero no así en nuestra concepción política.
Por eso es oportuno y necesario recordar que cerca de cien mil niños no nacen cada año
en España víctimas del mayor genocidio que ha conocido la historia de la humanidad y que
recibe el nombre de aborto (con el eufemismo llamado interrupción voluntaria del
embarazo), un crimen que se comete principalmente por un motivo: el egoísmo.
Las estadísticas del aborto son alarmantes. Recordamos a nuestros compatriotas que,
mientras la vida parece transcurrir entre la normalidad de nuestro trabajo, de nuestra
familia y de nuestras diversiones, en España y en todo el mundo está produciéndose un
genocidio sin precedente histórico con el aborto. Nuestro tiempo no merece paz, ni
alegría, ni esperanza, ni justicia, ni perdón mientras no cese el asesinato masivo de
niños inocentes concebidos y no nacidos, masacrados cruelmente con nuestra indiferencia,
con nuestra apatía, con nuestro egoísmo, con nuestra complicidad.
Pero lamentablemente pocos se atreven a denunciar este genocidio democrático que es el
crimen del aborto y a responsabilizar al Partido Popular de este crimen, por su pasividad
al respecto a pesar de que gobernó con una mayoría absoluta que le hubiera permitido
derogar la ley del aborto en España, y no lo hizo. La destrucción de la familia es el
objetivo primordial de todo aquel que desee destruir la comunidad y lograr un Estado
egoísta e individualista. Que el marxismo combata la familia descubre su esencia
individualista y su afinidad al capitalismo. Pero además de la propaganda marxista, hay
que denunciar el carácter genocida de la democracia partitocrática con el crimen del
aborto.
Cuando el cabecilla del PSOE en Madrid, Rafael Simancas, dijo hace cuatro años que
difundiría los nombres de los maltratadores si ganaba las elecciones, nos parece muy
bien, son viejos métodos copiados del sambenito inquisitorial, que parece resurgir de
mano de sus detractores. Pero junto a los maltratadotes también somos partidarios de
hacer público el nombre de madres , médicos y
clínicas abortistas, como de los empresarios esclavistas o de los partidos
políticos que han tenido en sus filas, ocupando puestos de responsabilidad, a ladrones,
asesinos y mentirosos compulsivos. Ahora bien, hagamos público el nombre del delincuente
después de una condena en firme como ocurre en todo proceso judicial.
El mal llamado Defensor del pueblo, y en realidad ofensor del pueblo, el socialista
Enrique Múgica Herzog, convicto y confeso sionista, reconoce no poder defender posturas
contrarias al aborto, al que califica como problema ideológico. A este
defensor del pueblo
elegido que considera poco progresista oponerse al
aborto, se le podría recordar que si desea hallar poco progreso, no tiene que
irse muy lejos: que busque en su segundo apellido y allí encontrará todo un ejemplo de
desprecio por la vida.
Por otro lado, ¿qué decir de los votantes católicos del P.P.? El Obispo de
Querétaro (Méjico), con el apoyo de la Comisión Episcopal Mejicana, señaló como
pecado votar a partidos favorables al aborto, el matrimonio entre homosexuales o a
proyectos de economía salvaje
Si la Iglesia española tomase la misma decisión,
los católicos que votan al Partido Popular, deberían tomar conciencia de hallarse en
pecado. Sin embargo, la jerarquía española sigue manteniendo la teoría del mal menor,
que los católicos españoles interpretan como favorable al P.P. Es el mal menor de la
píldora abortiva RU-486, la adopción por parejas homosexuales, los preservativos en la
escuela, etc. No mencionamos el entusiasmo de estos católicos por el beneficio
capitalista porque, aunque inmoral, es esencial en la derecha. El Partido Popular ha
conseguido la aprobación, legalización, aceptación y comercialización de la píldora
abortiva y también la píldora del día después, hay que eliminar 300.000 embriones
congelados que no tienen destino. Y los homosexuales ya pueden casarse y adoptar niños.
Esto es ayudar a la familia. Así, un diputado del PP, Angel Pintado,
denunció a su partido hace cinco años por aprobar y legalizar la píldora abortiva,
señalando entonces que eso no estaba en su programa electoral, que se engañó a los
electores, y que se había perdido tanto el sentido de la autoridad como la sensibilidad
ante la vida amenazada por el aborto. Seguro que alguno más en el PP piensa de la misma
manera. Pero que no se engañen sus seguidores. El PP tuvo mayoría absoluta y pudo
derogar la ley socialista del aborto. Lejos de eso, el gobierno inmoral del PP asesinó
anualmente a 60.000 niños manteniendo la inhumana ley del aborto, y también el PP
promulgó la ley de la píldora del día después. Los católicos
que habitan en el PP no sólo tragan y comulgan con ruedas de molino sino que también
guardan un silencio culpable y vergonzoso. Nos recuerdan a los miembros de ETA que de vez
en cuando critican a ETA (¿). Suponiendo que no pudiesen hacer nada por evitar este
genocidio del aborto desde sus puestos de responsabilidad pública, nada les impide
denunciar este asesinato legal y democrático, salvo el temor a perder tan suculento
empleo como es la política profesional. A los pocos que se han atrevido a un testimonio
público de rechazo al aborto, hay que animarles al paso siguiente: Abandonar el PP y
unirse a los que combatimos contra una política criminal contra España, contra la
moralidad, contra los trabajadores y contra los nasciturus. Porque el Partido
Popular ha sido también responsable del genocidio del aborto. En España se producen al
año unos 30.000 asesinatos gracias a una pasividad general que sirve de plebiscito
democrático. Las mayorías han legalizado la pena de muerte para el inocente. Nuestra
lucha política se legitimaría solamente como instrumento para denunciar este crimen
masivo que justifica cualquier medida de fuerza, la paralización de la economía nacional
con una huelga general indefinida, y el encarcelamiento de por vida de todos los
responsables directos o indirectos del aborto. Nosotros tenemos memoria histórica y este
régimen político, sus gestores y beneficiarios merecen el estigma eterno y sin perdón
por su complicidad con este holocausto que se consolida en el tiempo como homenaje y culto
al egoísmo criminal y la hedonismo más grosero. Por menos, son ejecutados muchos en
China, Cuba o EE.UU.
A los socialistas les debemos la ley criminal del aborto y que también obliguen a las
farmacias a vender la píldora del día después, como hizo Chaves, el
Presidente de la Junta de Andalucía. Y es que la injusticia no se conforma con existir
libremente, busca además el monopolio. Y en cuestión de tiempo la píldora abortiva
podría ser obligatoria. La China comunista es un ejemplo en este sentido. Sobre la
objeción de conciencia de las farmacias y los farmacéuticos, ya vemos que no hay respeto
alguno en este sentido en al mejor estilo stalinista del gobierno andaluz del PSOE.
El genocidio del aborto se perpetúa en el tiempo con la indiferencia, y no pocas veces,
complicidad de muchos cristianos y católicos, insensibles ante el avance imparable de una
concepción materialista de la vida y del mundo.
Más allá del drama de una sociedad injusta e inmoral, es sorprendente, irritante e
inconcebible que una mayoría social cristiana no tenga siquiera la más mínima capacidad
de protesta. En parte ello se debe al aburguesamiento crónico generalizado de los
cristianos. En parte se debe a la confusión que domina el ambiente, donde aquellos que
están llamados a liderar al pueblo cristiano en un proyecto alternativo a un orden
político-social corrupto e inmoral, lejos de ilusionar y animar, desilusionan y
desaniman; lejos de enseñar, confunden; lejos de encauzar voluntades, las dispersan. Y en
parte de debe a la presencia calculada y con efectos narcotizantes de numerosos
católicos en tareas de gobierno y gestión de la España anticristiana y
laicista en sus leyes y costumbres que padecemos.
Además, los españoles continúan siendo los europeos que tienen menos hijos. Para lo
malo todo el mundo coloca como ejemplo lo que en Europa se hace o se deja de hacer. Para
lo bueno mantenemos una independencia de criterio contumaz. Claro que no son ideas
propias. Son sugerencias de la cultureta progre y cutre que en España hemos acogido con
inusitada pasión. Parecemos los españoles destinados al maximalismo. Cuando España fue
Patria amó la Justicia y la Verdad hasta la extenuación. Ahora que nos hemos vuelto
pragmáticos, buscamos un primer puesto en el materialismo, el hedonismo, el
egoísmo y la insolidaridad. Así, en los últimos trece años han nacido en España
200.000 niños menos que en igual periodo precedente, seguimos siendo el país con la tasa
de natalidad más baja de Europa, las ayudas a la familia no es que se hayan estancado,
simplemente han desaparecido. Para optar a las ayudas que se obtienen en Alemania por dos
hijos, en España hay que tener doce. En Europa se destina el 2.1 % del PIB en ayudas a la
familia mientras en España sólo el 0.4% del PIB.
Casi la mitad de las españolas en edad fértil no tiene hijos. España se sitúa a la
cabeza del mundo con la tasa de natalidad más baja. No cesa nuestra sociedad de batir
records negativos gracias al materialismo imperante. Muchas mujeres no tienen libertad y
no tienen más remedio que trabajar para subsistir ellas y los suyos. Pero muchas otras
trabajan con descuido de su familia por puro aburrimiento y ambición. Las españolas no
son madres, pero a cambio trabajan en la oficina de sol a sol, mal pagadas, y con la
competencia desleal del varón en una superioridad teórica que ellos suponen y ellas
sospechan.
Decía la esposa del actual detentador de la Corona de España que le preocupaba el mundo
que verán sus nietos. Se refería a los 150 millones de niños desnutridos que hay en el
mundo víctimas del capitalismo internacional, también se refería a los 11 millones de
niños que mueren antes de cumplir los cinco años, a los 300.000 niños que combaten como
soldados. Este es el mundo actual que preocupa a esa señora. Pero no parece que le
importen los 60.000 que son asesinados al años con el aborto en este país donde ella
vive a cuerpo de reina, como tampoco le preocupan los 6.000 millones de euros que en su
país se gastan anualmente en juegos de azar, o que el país que la sustenta sea el que
más gasta proporcionalmente en anticonceptivos. Eso no parece importarle.
Alguien nos previno sobre los que sienten una repentina caridad por los oprimidos de otras
tierras, son los mismos que soslayan el sufrimiento del prójimo, y con frecuencia son los
causantes de las desgracias vecinas y distantes. Y no ya por omisión sino por acción.
Porque, ¿quién si no la Fundación Rockefeller, como tantas otras organizaciones
mundialistas, integradas por figuras de los gobiernos y monarquías, destinan ingentes
cantidades de dinero a los programas de control de natalidad mediante el aborto? ¿Quién
si no UNICEF, esa organización con la que tanto colabora la señora antes citada,
defiende la anticoncepción como regla única para el desarrollo del Tercer
Mundo?
Es hermoso protagonizar titulares y sonoras frases, a la espera de la felicitación de una
prensa-basura complaciente. Más difícil es la coherencia con los hechos, y más aún, la
fidelidad debida a las normas de la Iglesia Católica a la que dice pertenecer por su
actuación pública. No conviene olvidar que la situación del Tercer Mundo es
la consecuencia que Occidente ha propiciado con su labor colonialista de explotación
continuada, con sus programas de control demográfico tendentes únicamente a propiciar no
la dignidad y la educación de los desvalidos sino, al contrario, seguros y fructíferos
mercados plagados de eficientes consumidores. Esa es la inquietud de Occidente. Esa es la
inquietud de la esposa del Rey actual. Y así lavan su obscura conciencia.
El aborto es la plasmación del egoísmo criminal que no sólo debería ser ilegalizado y
vuelto a tipificar en el Código Penal sino que debería ser combatido con iniciativas de
apoyo tanto económico como asistencial de las mujeres que se queden embarazadas y no
deseen asesinar a sus hijos mediante el aborto, y que tanta ayuda precisan en sus
circunstancias. Es decir, que hay soluciones éticas, humanas y generosas al embarazo de
chicas adolescentes.
A esto podríamos añadir que este año se cumplen 25 años de la Ley del divorcio en
España. Esta normativa corrosiva que invita a la ruptura matrimonial y la consiguiente
destrucción familiar ante cualquier amago de desencuentro sirve para conceder otra
oportunidad a quienes se dejaron vencer por el egoísmo en un fracaso anterior. Los
gravísimos y a veces irrevocables prejuicios para la educación y madurez de los hijos en
el caso de padres divorciados están confirmados por la experiencia y los especialistas en
la materia. Pese a ello, la figura del divorcio, gracias al cine norteamericano, goza de
prestigio. En España tenemos divorcio gracias al gobierno
demócrata-¿cristiano? la UCD, es decir el gobierno de los Marcelino Oreja,
Mayor Oreja, Javier Rupérez, Martín Villa, Soledad Becerril, y un largo etcétera de
indeseables que han desgobernado España después desde el PP. Y pocos, muy pocos, siguen
condenando esta ley cancerígena y destructiva para la familia. Los expertos
señalaron en 1981 que la demanda popular era muy alta y que el primer año se
producirían medio millón de divorcios. 25 años después se han producido en España
casi medio millón, una cifra enorme, pero muy alejada de las previsiones de los
expertos. Pero según la Memoria de Actividades de los juzgados madrileños,
en el año 2000 los divorcios superaron, por primera vez, a las bodas celebradas. En otras
palabras, desde el año 2000, en España hay más divorcios que bodas, es decir, se
destruyen más familias que las se crean. Una tendencia que, de proseguir así, lograría
que, en el plazo de diez años, tres de cada diez familias estén rotas. Es esta una
realidad anticipada, porque allá por 1981, con motivo de la entrada en vigor de la Ley
que introducía el divorcio, no pocas voces vaticinaron un espectacular incremento de esta
medida. Lo que se había ofrecido a la opinión pública como una salida a los graves y
acuciantes casos de necesidad familiar, ha acabado convirtiéndose en un trámite sencillo
y usual, con una aparente intrascendencia pero con el efecto letal de conceder eficacia
legal y social a la ruptura y destrucción familiar.
La batalla de la familia ha sido una oportunidad histórica perdida. Porque la
destrucción de la familia es un proceso difícilmente reversible y con efectos
irrecuperables. Generaciones enteras de españoles crecen bajo el trauma del divorcio, de
varias familias, distintas educaciones, en algunas ocasiones, diversos progenitores.
Podría haberse evitado, pero faltó contundencia política. Junto al acendrado
prohibicionismo sobre el divorcio, debe coexistir el planteamiento constructivo de la
promoción familiar. Apoyo económico, fiscal y laboral a las familias, más aún cuando
son numerosas, creación de corrientes de opinión sólidas que coadyuven aun profundo
sentimiento de la mentalidad familiar y antidivorcista, preponderancia de la cultura
cristiana ante la invasión anglosajona liberal y protestante
En EE.UU. se producen 4000 abortos diarios. En Washington (EE.UU.), por ejemplo, miles de
manifestantes antiabortistas se concentraron hace tres años con motivo del 30 aniversario
de la sentencia del Tribunal Supremo estadounidense que legalizó el aborto en dicha
nación, y donde 50.000 manifestantes pidieron la supresión de este ley que sólo en
EE.UU. ejecuta a 200 inocentes a la hora. A pesar de que Bush animó a los miles de
manifestantes congregados, este personaje no se ha decidido a poner fin a una ley
criminal. ¿Es este el hombre que se cree elegido para salvaguardar la Civilización
Occidental? Por lo visto, teme más a Hillary Clinton (promotora del aborto por
decapitación) que a Ben Laden.
EE.UU., sin embargo, canceló 34 millones de dólares para el Fondo de la Población de la
ONU, aduciendo la administración norteamericana que este dinero se destina para la
realización de abortos y esterilizaciones en China, con el agravante de que son acciones
forzadas. EE.UU. se convierte así en el único país de la ONU que no contribuye a estos
fondos por razones ajenas a los problemas de presupuesto. No soy propenso a confiar en la
buena voluntad de los gobiernos imperialistas. Pero también soy partidario de huir de
injustas generalizaciones, personalizando todos los males en naciones o razas que
puntualmente se destacan al servicio del mal. La maldad de la administración
norteamericana no hace de los ciudadanos de Norteamérica seres intrínsecamente
perversos, como los judíos que expulsaron de España los Reyes Católicos tampoco lo
eran, aunque muchos, por obediencia a su credo efectivamente fuesen agentes nocivos para
la sociedad. El hecho es que el dinero que recibía la ONU de Washington para el aborto,
las esterilizaciones y la contracepción en el mundo llamado subdesarrollado, sea por
razones nobles, sea por razones obscuras y desconocidas, hoy por hoy es historia. El
espantapájaros de Kofi Annan, con esa apariencia de abuelito entrañable, pero
simplemente la cara visible y amable del genocidio internacional de la ONU con el aborto,
lamentó la decisión de Bush. La directora ejecutiva del Fondo de Población de la ONU,
Thoraya Obaid, dijo que esta medida de EE.UU. provocará la muerte de miles de niños en
el Tercer Mundo. Es la paradoja de Bush y de la ONU. No morirán con el aborto
para morir poco más tarde de hambre o de cualquier enfermedad. La ONU quiere librarles de
una muerte segura por inanición, matándoles antes con el aborto.
El gobierno de Bush en los EE.UU. intenta ahora combatir el Sida y los embarazos no
deseados con la abstinencia, la virginidad o la castidad y la pureza como actitudes
saludables y caminos para alcanzar la libertad. El monstruo yanqui se ha ganado a pulso el
calificativo de sociedad corrompida y de agente corruptor de las costumbres con su
influencia nociva en el mundo (basta acercarse a su producción cinematográfica), amén
de una completa falta de autoridad para hablar de moral cuando ejerce el más descarnado e
inhumano imperialismo con los pueblos para salvaguardia de su egoísta interés. Sea
bienvenido, sin embargo, este gesto de lucidez en los tiranos y en nuestros enemigos. Son
una razón más para mantener viva la esperanza.
En Francia, ya en el año 2000, la Asamblea francesa votó a favor de la píldora
del día después para las menores. La democracia otra vez al servicio del crimen,
abiertamente, sin respetar ni siquiera a los menores, que son tales para votar pero no lo
son para matar. Las facilidades de las instituciones liberales para la promiscuidad son
incontables. Tanto es así que parecen disfrutar con la corrupción de las costumbres. La
democracia pasará a la historia con el aborto como el régimen genocida por antonomasia
en la historia de la humanidad.
También en Francia, durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2002
que enfrentaron al candidato conservador Chirac con el nacional-popular Le Pen, desde
algunos púlpitos algunos sacerdotes católicos y otros obispos de obediencia al sistema,
se permitieron saltarse toda la tradición política de la Iglesia de neutralidad en la
indicación del candidato exacto a elegir (no de neutralidad política, que es
evidentemente cosa distinta) para insinuar claramente (aunque sin llegar a pronunciar su
nombre) que los católicos deberían votar a Chirac. Un hecho grave, sobre todo a la vista
de los programas de ambos candidatos. Uno (Chirac) no aspiraba a cambiar la ley del aborto
de la sionista Simone Veil (que en la práctica supone el aborto prácticamente libre en
Francia), y el otro (Le Pen) la modificaría para ilegalizarlo y tipificarlo de nuevo en
el Código Penal. Desgraciadamente, a parte de la jerarquía eclesiástica francesa se le
escapan estas consideraciones, acostumbrada como está a hacerse perdonar su pasado y a
ganarse el favor del discurso dominante para sobrevivir.
El enemigo ataca en muchos frentes: Divorcio, aborto, contracepción, perversiones
sexuales, eutanasia,
y en todas las quinielas aparece Holanda. Está a la
vanguardia del desorden moral con un especial empeño en batir records negativos: Su
pionera legislación en facilitar el acceso a los sodomitas a los derechos civiles y
sociales, su parlamento aprobó una ley que autoriza la eutanasia. Triste marca la de ese
país. Sin embargo, el mal afecta a todo Occidente, nadie permanece a salvo.
Se sabe desde hace cuatro años que existe un barco holandés que se dedica a dar la
píldora abortiva en aguas internacionales. Este barco visita países donde el aborto
está prohibido. En el 2001 este barco de la muerte se hizo famoso por su visita a la
católica Irlanda, donde finalmente sólo pudieron realizar una campaña de
desinformación y desplanificación familiar. Es necesario recordar a todas las gentes de
buena voluntad que confían instintivamente en la rectitud de intención de las
instituciones nacionales e internacionales, que el orden jurídico vigente en los países
que permiten el aborto no tiene legitimidad alguna. Son regímenes genocidas que atentan
grave y masivamente contra la dignidad humana de la persona. Y, por tanto, es una
obligación su denuncia y derrocamiento. Lamentablemente no hay ningún misil disponible,
de esos que se emplean con alegría para causas de dudosa o nula moralidad, para enviar a
pique ese barco de la muerte.
Suiza aprobó en referéndum del 2002 una nueva ley del aborto que permite este crimen
legal, pero inmoral, y por otro lado, ilícito, durante las 12 primeras semanas de
gestación. A los abortistas y demás asesinos sin castigo sólo les queda atreverse a
exigir directamente el infanticidio, es decir, el exterminio de los niños ya nacidos.
Entre el aborto y la eutanasia, el segmento de población que sufre la desprotección
jurídica de la vida es cada día mayor. Al final, acabaremos armados todos por las calles
para defender nuestra propia vida. La lógica absolutista de la democracia se ha impuesto
en Suiza. La ley anterior sobre el aborto databa de 1942. En ella se prohibía el aborto,
salvo en caso de peligro para la madre. Tal salvedad estaba sirviendo hasta el momento en
la mayoría de cantones suizos para la práctica abusiva del aborto libre. En este
referéndum del 2002 un 70% de los votos fue favorable y mucho nos tememos que definitivo.
En 1977, un 52% de los votos rechazó la legalización del aborto. En 1985, un 68% de los
votantes hizo otro tanto. Al mismo tiempo que esto hay miles de matrimonios que no pueden
tener hijos y que esperan gozosos la oportunidad de que alguna mujer abandone a su bebé
porque no pueda mantenerle. Cualquier solución es buena, hasta el caso dramático de
abandono por falta de recursos económicos, para salvar una vida. Lo injustificable es
matar a un inocente.
La historia suele ofrecer oportunidades para el reproche. También para el análisis. Si
nos remontamos hasta la década de los años 70, entenderemos cuál ha sido el giro
ideológico padecido por Europa occidental en determinados asuntos de trascendencia
social. Significativo es el caso del aborto y su abordaje ideológico por parte del
llamado eurocomunismo. Allá por el año 1971, en Italia, el Secretario General del
Partido Comunista Italiano (P.C.I.), Enrico Berlinguer, se pronunciaba sobre el aborto en
el transcurso de una entrevista televisada a todo el país. Su postura era contraria a la
legalización del aborto, basándose en premisas de índole práctica, tales como la
comprobada inutilidad de la medida, tanto para reducir el número de abortos, como para
evitar los traumas psicosomáticos que el aborto provoca en la mujer. Obviamente, esta
postura adolecía de una escasa profundidad, en cuanto que prescindía por completo de la
dimensión social del aborto, por no hablar de la fatal incidencia que tiene en la vida
del nasciturus. Cierto, igualmente, que el utilitarismo destilado por el
líder comunista, le situaba en un riesgo de acometer el problema, desde una perspectiva
exclusivamente estadística, lo que sin duda constituye una visión cercenada del asunto.
Sin embargo, con todo, tal postura no era la única dentro del P.C.I. Adriana Seroni,
responsable del sector femenino, se manifestaba al diario L´Unita en
términos que bien podría firmar yo mismo: Adriana Seroni decía: El aborto no
tiene en sí nada de progreso. Proponer el aborto como valor significa convertir a la
mujer en un objeto. Además continúa la líder comunista el aborto supone
la irrupción violenta en un proceso vital (
) equivalente a la aceptación de las
peores ideas de la sociedad capitalista, con su habitual desprecio por el hombre.
Certeras afirmaciones que contribuyen a establecer un oasis de rectitud en la funesta
trayectoria del comunismo. También evidencian la paulatina progresión del eurocomunismo
que, en pos de un populismo generador de necesitados réditos electorales, ha sacrificado
sus últimos valores. Si alguna vez los hubo.
Para finalizar, y a propósito de la polémica sobre el aborto, conviene revelar que la
píldora abortiva, conocida con el código RU-486 fue desarrollada a partir de las
investigaciones de la empresa alemana Hoechst. Lo que pocos saben es que la empresa
multinacional farmacéutica Hoechst, creadora de la píldora abortiva, no quiso
comercializar el producto criminal, por miedo a que se resintiesen sus multimillonarios
negocios en todo el mundo, y vendió la patente a los muy oportunistas y nada escrupulosos
laboratorios franceses Roussell-Uclaf al fin y al cabo una sociedad participada por
Hoechst de cuyas iniciales procede la denominación de la píldora abortiva RU-486,
que acaba con miles de vidas humanas inocentes de los bebés aún no nacidos.
En conclusión, la izquierda marxista y pseudomarxista, amnésica de las masacres
comunistas, se congratula con el holocausto del aborto. Y el liberalismo es su padrastro.
Eduardo N. (Revista CISNE)
No soy catolico ni cristiano, pero si veo cada dia que la prensa mundial, los
medios mundiales de comunicacion, tiene una predileccion por atacar al catolicismo. Eso es
cierto.
Hay pruebas de deformacion sistematica de noticias contra el catolicismo. Total la mayoria
amplia de los delincuentes que hay en prision son votantes de partidos democratas y no
practicantes catolicos... pero eso no se dice.
Jamás se han planteado compensar a las iglesias por los cientos de miles de sacerdotes
aseinados por el comunismo en el mundo o por la Republica Española aqui.. ni siquiera
homenajes... (puesto que pedir dinero es repugnante, eso solo lo hacen los miserables el
pedir dinero por los martires).
Otra cosa es que la Iglesia es un asco como institucion y tambien cometes todo tipo de
estupideces.
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